AME - El continente perdido

Undécimo Capítulo

Recuperando la Reliquia del Pasado

El regreso de una guerrera

Regresamos unos millas al sur, en una posada cerca de la orilla del mar. Tormod iba a acompañado por los dos exploradores del lugar. Viendo que el negocio de la posada no daba para más, fue a rebañar los restos que pudiera haber en la cripta de Uztum. Allí encontró varios cadáveres apilados y un armatoste hecho con una mesa de madera. Empezó a cargar varios barriles en un carro sin ver lo que contenían.
Pero uno de ellos tenía a una inquilina ¡NEKO! 

Tormod vendió todos aquellos restos por unas cuantas monedas de oro, el barril siguió viajando al norte pasando por las estepas de los centauros.

Quizás fueran las esporas de los hombres hongo de la cripta, la falta de sueño o simple supervivencia. Dentro de uno de los barriles viajaba una aventurera que apenas despertaba de un sueño muy largo.

Neko la guerrera había vuelto y su espada se hacía más pesada en sus brazos sino los ejercitaba.

Dos amigas se reencuentran

La guerrera se había enterado que su amiga Jatziri estaba por el bosque del druida buscando bayas. Había descubierto una forma de triturar la árnica y hacer una loción para curar heridas. El olor de esas bayas le recordaba a las trufas. De repente se puso a cuatro patas y empezó a retozar en un cerco de hierba. Se dió un golpe con un tocón de madera que tenía una enorme garra incrustada.

.- Sino andas mirando las cosas podrías hacerte daño, amiga.
Dijo Neko con muchas ganas de abrazar a su compañera.

Jatziri se quedó mirando aquella baya. No parecía como las demás. Desprendía un olor particular que viajó a sus oídos hasta reflejar dulces imágenes en su mente. Volvió a sentir el arañazo en la piel del árbol herido.

- Esta baya, nos servirá para oír a las plantas.
Dijo Jatziri ensimismada mientras Neko la abrazaba con fuerza.

Se acercaba la tarde y buscaron un cerco para descansar. Neko envió a su perro a buscar comida. Jatziri sonrió pues le hacía gracia lo brusca que puede ser la gente para pedirle favores a los animales. Neko vio que su amiga se quedaba haciendo inventario de todos esos rastrojos del campo y moliéndolos en un tarro. La dejó haciendo sus cosas y se fue a explorar la zona.

La guerrera pelirroja vio algo iluminado detrás de una arboleda. Sacó el arma y para su sorpresa vio un lago cuyas aguas brillaban como si en su interior hubiera un tesoro. Se zambulló en aquellas aguas y al tragar un poco sintió que su estómago se llenaba. Reunió algunas cañas de bambú con esas aguas. Volvió a vestirse. Mientras se ajustaba la armadura se fijó en un techado derruido de piedras. 

Bordeó unos árboles y se encontró con unos cuerpos pequeños desmembrados. Dos habían recibido golpes contundentes y el tercero parecía haber sido despedazado por algo muy fuerte y grande. Su cuerpo estaba separado en dos mitades a muchos metros de distancia.

Podría ser la bestia que arañó el tronco del árbol. Pobres kobolds. Pensó la guerrera mientras se fijó en que en sus manos tenía hechas unas marcas de medias lunas. - ¿Tendrá que ver con lo que me dijeron en el pueblo sobre la banda de Rajalunas?

Antes de que pudiera relacionar tantos hechos, sus ojos se fijaron en la cúpula derruida que antes vio entre los árboles. Le había dado la vuelta a aquellas ruinas. Encontró una puerta abierta de robustos ladrillos de piedra y dos candiles de fuego. 

Entró poco a poco por aquel dintel y sintió como su cuerpo se empequeñecía. Estaba ante una enorme escultura de Velex, el dios de la guerra. Parecía compuesta por dos artistas. La parte del cuerpo se correspondía a un soldado medieval con armadura que sujeta dos espadas en forma de uve con los pomos en llamas. Y del cuello para arriba parecía hecha con otro tipo de piedra más antigua. Los ojos no podían verse en ese casco corintio con cuernos. Una capa de piel de lobo caía por sus hombros. 

Neko se arrodilló ante semejante obra de arte. Recordó cuando era pequeña los movimientos de pleitesía que había que hacer ante Velex. Pero había pasado tanto tiempo que empezó a hacerse un lío, no sabía si primero había de colocar la espada en su pecho y luego arrodillarse.

- Es al revés.
Neko oyó una voz entre las sombras. Una cabeza emergió de la oscuridad. Se presentó como Gulfar y era el clérigo que guardaba la capilla a Velex.

De leyendas y deidades

 

- Velex no siempre fue un Dios. Se dice que empezó como guerrero y a través de su determinación y fuerza fue labrando un ejército que ayudó a separar lo civilizado de lo bárbaro. Los humanos empezamos a gozar de la esperanza, esos pequeños puntos de luz entre el mar de sombras que el mal empuja hacia todas las direcciones, ahogándonos.

- No había oído esa historia. ¿Significa que un humano puede convertirse en un Dios si se lo trabaja? Dijo Neko con curiosidad.

- En los tiempos pretéritos las Reglas del Cielo no estaban escritas. Muchos Dioses habían muerto y otros empezaban a nacer. Hubo un cataclismo, la Yihad. Una guerra santa entre todos los cultos. Sólo debía quedar un Dios para todos los humanos. Todos los demás eran falsos profetas.

- ¿Y Velex ganó la guerra y se convirtió en Dios? Dijo Neko entusiasmada.

- No hubo un vencedor, todos fuimos derrotados de alguna manera. Desde entonces a los clérigos no se nos permite derramar sangre con armas. Es una penitencia que lleva mil años a nuestras espaldas.

La guerrera se quedó mirando entre los huecos del casco del guerrero. No había ojos cincelados. 

- ¿Que secretos guarda esta capilla? Neko volvió a la realidad y sus ojos se clavaron en el guardián del templo.

- Aquí descansan los restos de un grupo de héroes de antaño. El Paladín de Hierro y sus compañeros. Entre sus tesoros se guarda la reliquia que es capaz de quebrar el hueso más negro de un Liche, el Requiem. Martillo de martillos, La voz del Cielo a la Tumba. 

Una poderosa arma. ¿Porque no vas y me la traes guardián? – dijo impacientándose  Se esta haciendo de noche y tengo que proteger a una amiga allí fuera.

- Detrás de la escultura de Vélex hay una enorme puerta de madera. Desde el ataque de los muertos vivientes al Villar empecé a escuchar voces, susurros y sombras. Tuve que salir del interior de la capilla, el miedo me devoraba la mente.

- ¿Que te decían las voces para que salieras tan rápido?

- Blasfemias, herejías sobre el campeón que salvó al pueblo. Escuchaba que el Paladín de Hierro nunca fue un héroe. Dicen que entró en la mansión de los Cícero y mató a la familia de nigromantes a sangre fría, mientras dormían. ¡No puedo quitarme esas voces, me hieren!

Neko se quedó paralizada ante los gritos del clérigo. Debía de ser duro pasar todos los días allí, para volverse loca. Necesitaría ayuda del pueblo para entrar allí y recuperar el martillo. Sería una misión arriesgada, pero mejor que hacer kilómetros en un tonel de madera.

Cuando llegó al claro, se encontró con un fuego a medio apagar. Su perro le había dejado unas ramas secas y Jatziri unos pedazos de cecina. Estaba llena aún por el agua mágica. Hizo la primera guardia. Las horas pasaban y sólo le llegó el ulular de un buho en la lejanía. Pensó dejar descansar la mitad de su cuerpo. Un ojo cerrado y otro abierto. Las horas pasaban y cuando iba a moverse para coger una manta sintió el silbido de dos flechitas.

Jatziri se levantó y cogió una ramita casi apagada de la hoguera. Neko se embozó en la manta escondiendo su espada. Al mover la rama, se veía unas patitas escamosas entre la maleza. Jatziri cargó la honda y golpeó a lo que vío moverse. Un sonido de crujir de huesos y al rato pasitos en la lejanía. Cuando acercaron la luz vieron que se trataba de otro de esos kobolds con la marca de media luna en la mano.

Las preparaciones son esenciales paa el aventurero

A la mañana siguiente, volvieron al Villar. Allí estaba Virgilio, el hijo del alcalde que volvía a sus quehaceres tras los días de luto. Neko les preguntó por la ayuda que necesitaban y el les dijo que mejor hablaran con su padre. El podría cederles algún guardia del pueblo.

De camino a la posada, escucharon que alguien les saludaba a lo lejos. Llevaba un traje verde y un gorro del mismo color. Era delgado y alto. Su piel broncínea y una sonrisa de oreja a oreja. Era Mwutu, el barambali arquero. Famoso por sus pulsos sólo habia perdido UNO en los ultimos años y sus milagrosos pasteles curativos.

- ¡Eh! ¡Amiga! 
Movió sus brazos de un lado a otro. Conocía a Jatziri pero no a la chica que iba a su lado. Al negro se le hicieron los ojos chiribitas. Nunca había visto unos pechos así desde que salió de su jungla. Sus ojos fueron desnudandola mentalmente. Sus manos hacían lo propio con su cuerpo.

Antes de que Neko se sintiera incómoda, le ofreció que les acompañara en su búsqueda. 

- Yo acompañar a dos hermosa mujeres, mi recompensa no querer oro, mi tesoro estar aquí. Yo querer tener hijos con pelirroja. Buena casa en jungla. Mucho coco.

A Neko le quedó grande retirarse de su vida de aventurera. En el camino había catado casi todo hombre. Para ella estaba muy lejos el matrimonio, pero una noche podría ver que escondían esos pantalones de lino verdes.

Fueron a la posada y encontraron a Taddeus sirviendo gachas con muy poca carne. Llevaba varios días dando de comer gratuitamente a su pueblo. No había descansado apenas. Tenía a los guardias trabajando en la empalizada de madera. Neko le ofreció dinero y Taddeus volvió con un enorme cuenco con más carne que caldo.

- Así que váis a explorar el panteón del Paladín de Hierro. Os ofrezco suficiente comida para no tirar de vuestras viandas. En esa mesa tenéis a dos de mis mejores guardias. Estuvieron matando muertos vivientes durante el asedio. 

Tras la comida fueron a ver a los dos chicos. Se presentaron como Justin y Locke. Tenían una pequeña disputa sobre cual mató mas muertos aquella noche: 

¿Pero tu los mataste cuando cayó el mastodonte necrótico? ¡Esos no cuentan!  Dijo Justin a Locke con una jarra de cerveza en su mano.

La novia de Justin se despidió de él. Era de las pocas chicas del pueblo. Delgada y rubia como el sol de la mañana.

Caminaron durante toda la tarde. Pasaron por el bosque. Neko  empezó a pensar en la forma de actuar allí dentro:

- Es una misión dificil, voy a ser la líder del equipo. Quiero que mi negrito y Locke vayan en la vanguardia. Justin quiero que seas la sombra de Jatziri. Ella es la única que puede curarnos. Tenemos que defenderla a toda costa. 

- Sí, ama. Dijo Mwutu con su sonrisa de labios hinchados.

Llegaron a las puertas de la capilla. Allí estaba Gulfar sacándole brillo a la estatua de Vélex:

- Si tenéis problemas allí dentro, a todo aquel que vuelva a la entrada podría sanar sus heridas. He estado rezando varias noches para que La Espada Cruzada nos alivie las heridas.

Bajo las profanadas bóvedas del honor y el valor

Neko que estaba cansada de tanto viaje entró de una patada al recinto. La madera era vieja y se rompió por varias partes. Un frío helador recorrió la entrada de la capilla. Un frío que traía susurros y sombras.

Pasaron por una nave con forma de uve. Había otra escultura de Vélex con un cadáver en el centro. Tenía ropas de clérigo y le faltaban los ojos y las orejas. Tenía un gesto de ira en la mandíbula. Dos puertas rodeaban el recinto y otras dos al final del embudo. La luz del lugar proyectaba sombras en movimiento. De repente hubo una ráfaga de aire y Justin pegó un chillido.

Tenía un tajo en la espalda. Apenas le había rozado las ropas. Un reguero de orina empezó a caer por los pantalones del guerrero.

- Venga Justin, si me llevas 14 zombies de ventaja. Seguro que te lo has hecho al pasar por la puerta rota. Dijo Locke sintiéndose más valiente que su amigo.

- Salir de pared. Yo ver. Muy rápido. Mejor huir a otra habitación. Dijo Mwutu arrimándose al trasero de la pelirroja.

En la confusión del momento, Jatziri sacó su Tomo de Leyendas y empezó a hojearlo. Podría sacar alguna conclusión aunque no sabía por donde buscar. Al abrir el libro se vió en brazos de Justin que la agarró temblando. Iban de camino a la habitación de la izquierda.

Las puertas estaban abiertas y al cruzar el umbral se cerraron de golpe. Dentro habría una oscuridad sobrenatural. Jatziri no podía leer su tomo y se sentía incómoda al ir en volandas.

- ¡Mamá! ¡Que es esto! ¡Ayudadme!

En la más absoluta oscuridad un torbellino de tentáculos viscosos agarró las piernas de Justin. Jatzriri empezó a moverse de un lado a otro. Con un chasquido, el cuerpo de Justin se desvaneció triturado por unas hojas de acero que se movían como dientes hambrientos en el centro del torbellino.

Jatziri volvió al suelo y antes de que fuera tocada por el ser reptante. Neko le lanzó el agua de la caña de bambú. El agua que antes era brillante en ese lago, en la oscuridad era más oscura que la misma. La criatura empezó a moverse como si le echaran sal a una babosa. Estaba derritiéndose en el suelo

- Agua mágica. -Pensó Neko una vez completó su acción aleatoria.

Sintieron varios muebles en aquella sala pequeña. Un bulto de sombras se movió al lado de Mwutu. Era otra de esas criaturas. Mwutu y Locke huyeron desmoralizados pero no podían salir. Dieron golpes a la puerta cerrada.

La situación parecía cruel, incluso mortal. Pero de pronto la luz empezó a filtrarse en el interior de la vieja capilla. Anunciando que un viejo amigo volvía en una hora de necesidad para ayudar a los valientes.

El clérigo que camina disipando las sombras y el miedo

El era Dolan, el clérigo de Scrooge, y quien habia estado ayudando a los aventureros, a los locales y trayendo coraje y fortuna a quien quisiera escuchar. Él tambien había venido a la cripta buscando el Quebrantahuesos, a Requiem, buscando una forma de poder evitar una masacre como la que asedió a Villar las noches anteriores

Dolan llegó a la capilla y atravesó la puerta astillada. Con la jabalina en sus manos, pasó por la nave en forma de uve. A su espalda se proyectó un ser envuelto en sombras. Movía una enorme espada negra y falló su ataque. 

Dentro de la biblioteca, Neko vio como la sombra herida pasó a otro estado mas translúcido y se aprovechó de Mwutu y Locke atacando con una boca que enseñaba otra más pequeña. Jatziri vio como se debilitaban sus compañeros. Tenían las venas de su cuerpo ennegrecidas y en relieve por encima de la piel.

Los golpes repetidos de los guerreros y un último ataque de Dolan hizo que entrara algo de luz a la sala. Jatziri volvió al libro y buscó por muertos vivientes. 

Neko se enfrentaba a sus peores temores pues de la sombra salían varias caras, caras que una vez vió sumidas en la locura durante la Guerra de los Medianos. Eran caras de la locura cuando un Muskin te posee y llena tu cuerpo de pelos y babas.
Allí estaban rostros familiares que recibían tajos de la pelirroja espadachina. Eran golpes certeros y contundentes que hicieron brecha en aquel sudario de miles de caras. Pronto la tenía en el suelo gimoteando ante los fuertes brazos de la guerrera.

La puerta de la biblioteca estaba abierta y empezaron a salir los compañeros. La sombra de Dolan había desaparecido. Dolan vió a Jatziri y le dijo que no era un muerto viviente, pues no pudo expulsar a la criatura con ayuda de Scroog.

- O no es un muerto viviente o Scroog no tiene fuerza en esta capilla. Espero que sea lo primero querida druida.

Jatziri estaba mareada de tanto mover las páginas. Ya no sabía donde buscar. Con un golpe de suerte, movió una página donde salían "Los hijos de Noctis".

- Noctis pertenece a la trinidad de los viejos dioses. El Orden de los Tres, lo componen Valión "La luz del Sol", Aneirin "La plata de la noche" y Noctis "La noche misma". Es la última de los tres y la primera nacida. No tiene astro en el cielo y apenas creyentes. Sólo puede contentarse con ser la sombra que proyectan sus hermanos mayores, la hija de plata y el bendecido Valión. Se cree traicionada por estos dos que usurparon su trono de oscuridad y de sus gritos surgió un lugar entre mundos donde las sombras cobran vida. Allí viven sus hijos, los Nosgos. Seres que se alimentan del sufrimiento, que sólo pueden replicar recuerdos, caras y gestos. <u>No están vivos ni muertos porque nunca nacieron. Sólo la luz los debilita y en un lugar sin sombras no tienen poder</u>. Recitó Jatziri una vez encontró la sabiduría en su Tomo usurpado en la cripta de Uztum el Maldito.

Sabiendo su punto débil, Dolan aprovechó para llenar la sala de velas. Encajándolas en los resquicios de los robustos ladrillos de piedra. 

Locke volvió en sí y lloró la muerte de su amigo. Ayudó a Dolan a sacar el cuerpo del clérigo muerto de la sala. Entre sus objetos personales encontraron un extraño lucero del alba con una uve en llamas:

- Es un buen arma pero en manos de Trench Colbert, clérigo de Stallone-Velex, podría ser todo un azote del mal. Ese clérigo necesita un buen mango en sus manos. Esta es la prueba viviente de que los dioses forjan nuestras almas y nosotros armas para predicar su santa palabra

Avanzaron a la sala de la derecha. Antes de entrar, Dolan retiró las velas de las paredes para reutilizarlas más adelante. Al quitar la ultima vela, una enorme sombra se le apareció errando su espada negra. Dolan sacó fuerzas de Scroog y clavó su jabalina en el ser informe. Sus caras empezaron a burbujear y los susurros se disolvieron por la sala. Por los brazos de Dolan recorrió una extraña energía. Estaba más cerca de Scroog en su infinita sabiduría. La muerte del ser oscuro traía una nota:

"Encontrad esa maldita cosa, no quiero que algún idiota del pueblucho lo use para darnos problemas. C"

La luz de la santidad, las tinieblas de la corrupción

Pasaron a una segunda biblioteca donde sólo habían papeles. Jatziri descubrió un registro de notas donde rezaba un pago de mil monedas de oro por un martillo a Vigdar. El enano que murió devorado por Croqueto el bárbaro. Descubrieron algunos pergaminos de hechizos que podrían ser de ayuda.

Mientras Dolan y Jatziri se entretenían entre papeles. Neko abríó una puerta al sur de esa sala. Iba acompañada de Locke y Mwutu, este último muy cerca de ella. El interior olía a pergamino antiguo, a cerrado. Los muros estaban rodeados por varios ataúdes. Pero no eran ataúdes de madera. Estaban labrados, parecían de gente importante.

Neko abrió uno de ellos para ver lo que contenían. Una mano esquelética salio por el borde. En un momento, el resto de ataúdes se abrió y nueve esqueletos salieron de sus tumbas. No eran el saco de huesos viejos que estaban acostumbrados a ver en otras mazmorras. Estos tenían joyas incrustadas en sus huesos y el blanco de los mismos se reflejaba en sus armaduras. <u>Iban con paz, como si los hubieran despertado tras un largo tiempo</u>. Neko pensó que no eran criaturas malvadas y se arrodilló como hizo con Vélex y con todo guerrero que respetaba. Algunos de los esqueletos sintieron que en otro lugar alguien les ayudaría a descansar. Otros vieron sus ataúdes abiertos y por lo tanto a ladrones de tumbas sin honor. El movimiento de aquellos huesos blancos era hipnótico. Pronto, unas manos blancas se posaron en la cara de Neko. Ella vio a través del vacío de los ojos, un ser que pedía paz y descanso.

Dolan y Jatziri entraron a la sala y vieron como Neko era agarrada por uno de esos esqueletos. Dolan se sirvió de la fuerza de Scroog para devolverlos a su lugar. Jatziri que odiaba a los muertos usó su daga mágica para atacarles. Vio que se les caían gemas incrustadas entre las costillas y se dispuso a cogerlas mientras les atacaba con furia.

Una vez limpiaron la sala, vieron lo que los héroes de antaño ocultaban en sus tumbas. Varios miles de piezas de oro que repartieron entre los cinco. Al fondo de una tumba Neko vio el arma que escondía el esqueleto que le tocó la cabeza, un hacha vorpal. Un arma de épocas pretéritas. Que con un golpe certero podía cercenar cabezas. Al coger el hacha comprendió que eso era más que un arma mágica, era un legado de un antiguo héroe muerto a uno vivo. Un rayo de esperanza para el futuro.

Se cambiaron de armaduras y Jatziri se quedó un poco a cuadros cuando sacó un encaje de aros metálicos que sólo le escondía las partes íntimas

- Vaya vaya, en esta cripta hay más de una sorpresa. He aquí una druida con el mítico bikini de cota de mallas. Hubo un tiempo en el que toda mujer guerrera quería uno y hoy en día ya no se hacen porque la nobleza intelectualoide y feminista los considera un elemento machista de épocas pasadas. Te queda muy bien por cierto. Dijo Dolan con sabiduría. El pobre intentaba concentrarse en la misión. Pero (al igual que con todo hombre en la sala) notaba que la figura de Jatziri tendía a atrapar las miradas.

Estuvieron un rato sacando cada una de las joyas de aquellos huesos blancos. Era un día de recompensa después de tantas noches durmiendo al raso y recordando donde estarán los compañeros muertos…

Tras unas horas entretenidos, fueron a otra sala, una de las cercanas al embudo en uve. Entraron en el cuarto de Gulfar, Entre sus pertenencias Jatziri encontró un diario donde leyó las vivencias del guardián. Una obra de hace 19 años en la tumba del hierro. Hace 15 años contó una versión adulterada de la epopeya del paladín para ocultar a los curiosos la mansión de los Cícero. Un mal sueño donde un viejo cadavérico vuelve a nacer y se alimenta de la sangre de los vivos en su cuna. Gulfar llegó a inspeccionar hace dos meses las ruinas de la mansión de los Cícero y entre las notas de su diario marca la localización del mismo.

Pasaron a la puerta de enfrente y se encontraron en una bodega. Se pararon a comer un poco y entre las chacinas colgadas y los cazos, Dolan vió un yelmo enano con cuernos.

- De manufactura de Vigdar por las runas que veo en ellas. Una lástima que ya no esté entre nosotros. Lo llevaré puesto en honor a su muerte pero algún día se lo devolveré a su tumba. El lo merece más que yo, quizás le proteja esté donde esté.

Pasaron por el pasillo del embudo en uve y se encontraron con un atril que presidía la sala. En el estaba abierta una biblia de Vélex y a ambos lados dos braseros con fuego. Al fondo una enorme puerta de hierro.

Neko se llevó el libro en los brazos y viendo que lo suyo no eran las letras se lo pasó a su amiga lectora. Sin embargo sí que se fijo en los braseros y vio una cadenita de letras en uno de ellos: 

"El favor de Vélex sólo está al alcance de quien no teme derramar su sangre"

Dolan escuchó las palabras de Neko y pasó un dedo por el hacha negra.

- Espero que con esto no se me caiga la cabeza del cuello. Pensó el clérigo al hacerse un corte en el dedo.  ¡Al fin y al cabo, un hacha vorpal sigue siendo un arma vorpal!

Vertió su sangre en uno de los braseros y el portalón de hierro hizo un ruido seco. 

A Neko que le encantaban los acertijos fue a mirar otro de los braseros donde rezaba esta frase:

"Las palabras no son nada, la fuerza lo es todo"

Y Neko que era la más lista de su clase, fue a uno de los braseros y puso su mano en ella. Le empezó a doler la mano y la sacó chamuscada.

- Eres fuerte Neko pero necesitamos esas manos para que empuñes tu espada ¡No para que esté tostada!

Se dedicaron a darle fuertes golpes a la puerta que no cedía con nada. Estaban un poco desesperados, hasta que Neko le quitó el tomo a Jatziri:

- ¡Dame eso, leer no va a servir ahora. Hay que abrir la maldita puerta como sea! 

Y lanzó la biblia al brasero. Al mínimo contacto con las llamas, la puerta volvió a crujir y por fin las dos hojas se abrieron.

La última sala olía a santidad, paz y hierro. Al fondo de la sala habían dos braseros con dos sepulcros de mármol. En uno de ellos veían el relieve de una dama con una daga en sus manos y en la segunda un hombre barbudo embutido en una armadura de placas que sostiene en sus manos un martillo de metal. A sus piés hay una plancha de granito donde se cinceló hace mucho una palabra: Hierro.

Dolan se acercó al sepulcro del viejo héroe. Tomó en sus manos el martillo y comprobó a su pesar que era una copia pues pesaba demasiado y no estaba balanceada. Mientras daba vueltas al arma en sus manos vio una filigrana:

"Buscadme en manos de mi más humilde servidor"

Al menos uno del grupo pudo resolver el acertijo, sólo con eso: Alguien que pudo elegir ser reverenciado. Un héroe en vida, o incluso volver con sus congeneresy sr tratado como un maestro. Pero prefirió una vida humilde en una sencilla aldea, sirviendo a sus paisanos con cuanto puiera dar.

- El viaje no ha sido en vano compañeros. Ya se donde se encuentra el verdadero martillo azote de muertos. Dijo Dolan con asertividad.

Fortuna y Ventura

Volvieron al pueblo al anochecer. Vieron a algunas familias ocupándose de sus seres queridos enterrados en el cementerio. Todo tenía un aire triste y gris. Dolan corrió a la posada y 
le pidió a Taddeus que le dejara las llaves de la herrería de Vidgar. 

- Eso que piensas es una locura, pero te acompañarán los guardías que…¿Donde esta Justin?

Al fondo de la posada una chica rubia empezó a llorar. Locke fué en su ayuda y la abrazó. Locke siempre la quiso en silencio pero no podía hacer nada, era de Justin, pero Justin ya no estaba entre ellos dos.

Mwutu, Dolan, Neko y Jatziri fueron a la casa del herrero. Estuvieron varias horas rebuscando entre todos los muebles. Dolan encontró debajo de la cama del enano una trampilla a un doble suelo. Era del tamaño del enano, pero aun así él se arremangó y exploró: Se lo debía a Bigdar, se lo debía a cuanta gente del pueblo no pudo salvar. Tras un rato explorando, Dolan salió lleno de polvo y magulladuras con una caja de madera entre las manos.

Afuera de la casa del herrero estaba todo el pueblo. Lo que quedaba de él. Los supervivientes hicieron un círculo alrededor del clérigo. Antes de que uno de los guardias abriera la caja. Taddeus dijo unas palabras:

- Aquí tenemos al sucesor del Paladín de Hierro. Ni Vailón ni Vélex nos enviaron a un elegido. Scroog es la nueva guía de este pueblo. Villar será la primera piedra de una enorme nación. Con ayuda de Scroog abriremos nuevas rutas de comercio, las estepas de los centauros serán nuestras y sus riquezas nos ayudarán a levantarnos.
La marca del oeste será tan importante o más que la mierda de Marca del este.
Esta es una nueva tierra de héroes. Aquí empieza nuestro destino como pueblo. Viva Dolan, Viva Scroog, ¡Fortuna y Ventura!

- ¡Fortuna y Ventura!. Gritaron todos al unísono.

El guardia abrió la caja y Dolan llevó el martillo a sus manos. De repente muchos recuerdos le llegaron a su mente. Una mansión en llamas. Muertos que se levantan. una docena de guerreros te sigue. Un grupo de nobles vestidos con túnicas rojas elevan plegarias oscuras. Una oleada de zombies se interpone entre vosotros. A su lado un grupo de jóvenes enfundados en armaduras de negras placas. Cargáis, cargáis y el hueso es destrozado bajo el poder del Réquiem. Vigdar esta a tu lado y acaba de destrozar a un joven. Otro grita y llorando le revienta el cráneo al enano. Tu le arrancas la cabeza de los hombros de un solo golpe. La mansión debe caer. Los nigromantes deben pagar. Malditos sean los Cícero. Gloria a Vélex. El ha muerto. Deben pagar.

r.

Comments

Souhiro

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