AME - El continente perdido

Sexto Capitulo

Limpiando los errores de otros

La reunión del Segundo Equipo

El mismo día que Palominus, Melchior, Kolgrim, Pada y Mardú marcharon; la ciudad de Robleda impasible a los actos de los héroes hizo su día a día. Granes, el sacerdote de la ciudad, al terminar su nombramiento a Pada, se quedó hablando con Jaztziri. Tras su arenga racista, lo que le faltaba era ver cómo se paseaba una sombra de la antigua religión pagana alrededor del "gran toldo de la ciudad" como el llamaba al roble milenario de robleda. Centro de la ciudad que daba sombra a su iglesia. Jaztziri  hizo oídos sordos a palabras necias que hablaban de tener la verdad y decirle cómo debía vestirse y comportarse una mujer. Compartió una cerveza en la Rana Verde con su compañero Will Macracker. Era mejor escuchar batallitas del enano que sermones de odio del cura.

Alrededor del roble, una figura paseaba, iba montada a caballo. Pertenecía a una raza olvidada. Athelnulf era un elfo silvano, cuya procesión por la ciudad recordaba a viejos tiempos. Sentía el pesar de los elfos, el canto último, a medida que se acercaba a las enormes raíces del árbol. Antaño, toda la tierra de la marca era cubierta por el bosque, protegido por los elfos. Poco a poco empezaron a salir esos monos que rompieron el equilibrio. El elfo se paraba a ver cómo perdían el tiempo aquellos seres trabajando materia inerte, trabajando la tierra sólo para buscar beneficios y hablando de cosas sin sentido. Ignoraban la importancia del árbol. La misión del elfo era viajar por el mundo para revisar el estado de los árboles milenarios. Para su raza no eran simples troncos de madera, sino centros de poder mágico. Sabía que aparte del de Robleda había otro en tierras Magyar, en el valle de Szendrö.

Dolan hacía su ruta entre los comerciantes de Robleda, movía el poco dinero que tenía en el bolsillo. Para Scroog, el dios del viaje y el dinero, mover esas monedas era hacer que la idea de "El dinero es tu dios" llegara más lejos. Entre los tenderetes vió a varios monaguillos de Granes probándole sotanas de seda. No hacía falta mucho tiempo para que los clérigos notaran la presencia el uno del otro. La palabrería de Dolan parecía entretener la curiosidad del viejo charlatán. No podía creer que las monedas de oro fueran más importantes que creer en la luz que nos salva a todos. Concertó una cita con Dolan para contarle algunos asuntos. Realmente lo que le importaba a Granes no era el dios al que le profesaba sino que ese Clérigo del dinero estaba armado y podría reclutar a soldados para erradicar el mal en las afueras.

En movimiento, sin desplazarse del lugar

El elfo llegó a las raices del árbol. A través de sus pupilas entró una vibración diferente a la luz que dibuja colores. Era más parecida a la calidez de las estrellas mezclada con el telar mágico que une mundos y emociones primarias. Se quedó parado recibiendo información a través de sus ojos, recorriendo sus extremidades. El árbol empezó a ennegrecerse, su centro mágico a desgastarse, oía un rumor de tambores en la lejanía. Una batalla entre Orcus y Thorias en otros niveles de existencia. Un espejo crepuscular le enseñó una visión de un futuro posible, aquel árbol caería encima de la iglesia. Se perdía un nudo mágico, el telar de conexión mágica se deshilacharía. El espejo se partió y esa línea del tiempo se esfumó como humo en la distancia. Tanto el elfo como la druida salieron de la parálisis de sus almas. La sombra que recorría el árbol trepó a lo más profundo de la tierra.

Cuando la druida despertó de su desmayo, ayudada por el enano y el camarero de la Rana. Lo primero que pensó era en volver a Magyar, en estar en todas partes, en salvar algo que la superaba. Pero estaba lejos de volver a su tierra. Así que marchó al centro de la ciudad. Se paró en las raíces del árbol y lo miró como se mira a un ser querido que has visto como muere sin poder hacer nada por él. De entre las ramas, una hoja cayó a la vez que una lágrima salía de los ojos de la druida. La lágrima tocó el suelo y la hoja su cabeza. No había vuelto a pasar esto desde que Jatziri abrió los ojos por primera vez bajo el árbol de la vida, el día de su nacimiento. Había vuelto a conectar con la tierra.

Mientras Dolan y Athelnulf discutían sobre economía sagrada y los valores de la naturaleza. La druida abrazó fuerte al árbol, como su su vida le fuese en ello. Pronto, el elfo reconoció a una verdadera humana. Una humana que en vez de perder el tiempo en conceptos vacíos, trabajando cosas muertas, se dedicaba en cuerpo y alma a las cosas que verdaderamente importan. Las cosas vivas. Hubo un tiempo en el que druidas y elfos trabajaban como pastores de los seres vivos. Compartiendo sabiduría y emociones puras. Tiempos en los que se usaban menos palabras sin significado, más gestos; más abrazos. Todo estaba vinculado.

La druida y el elfo empezaron a entenderse, de sus bocas salían verdades antiguas, cosas que para la gente del día a día no tienen sentido. Para Dolan todo acto busca un beneficio y las voces de los que ofrecen su tiempo a cuidar cuidar cosas sin matarlas y sacarles su valor en oro era poco más que perder el tiempo.

El elfo le pidió a la druida que llamara a los "ángeles cantores". La druida entendió lo que más tarde se le puso nombre de pájaros. Elevó sus manos al cielo, se agachó y dio tres palmadas en el suelo:

- "Állatok Gyertek!"

Al pasar unos minutos, cuatro pájaros de diferentes colores se posaron en las manos de la druida. El elfo susurró unas palabras a un pajarillo azul. Quería enviar un mensaje a su tierra natal "El Valle Sagrado". Decirles que el árbol milenario de robleda había pasado por algo malo pero se había recuperado. Seguiría investigando.

El clérigo llegaba tarde con su cita con el sacerdote. Granes estaba cambiando las velas de su iglesia. Granes quería confesarse y necesitaba la ayuda de Dolan. En el confesionario, le contó que antes de volcar su alma a Valion, tuvo un hijo con una prostituta. El hijo y la mujer le reclamaron varias veces a la puerta de  su iglesia, pero su pasado no podía interferir en sus labores con el dios de la luz. Ignoró a su hijo que poco a poco se fué desviando del verdadero camino y tocó las sombras. Cartaramún buscó otro padre, de raza visirtaní, tierra de cúpulas y infieles. Cambió a Valión por Orcus y como venganza se refugió en una fortaleza cercana a una ciénaga. A Granes le gustaría enterrar a su hijo para salvar su alma a Valión. Y castigar al culpable algún día, ese padre oscuro y maldito.

Al escuchar salir de la boca la palabra Orcus. Las manos de Dolan temblaron. Se agarró a su bastón y pensó en quién podía contar para esa misión.

La idea de acabar con una maldad captó la atención inmediata de Jatziri y de Athelnulf, pero Will insistia en regatear, en reclamar adelantos, suministros y quien sabe que más. Parecia que estaba convencido de que Dolan era un banco al que atracar más que un clerigo de la economia y la aventura. Al final fue el joven elfo quien mandó a callar al barbudo trayendo un cervatillo que abatió de un flechazo. "¿Sirve esto como raciones?"

En movimiento hacia el cubil del mal

Marcharon a la luz del alba, aunque recibieran la bendición de Valion. Los aventureros tenían sus propios dioses de su lado. Bordearon la ciénaga y al fondo, una torre con la cubierta derruida. La druida invocó a un búho que oteó la estructura desde las alturas. Encontraron una cuerda colgando de una ventana que aprovecharon para subir. Vieron por los suelos cuerpos de kobolds y otros aventureros que por allí pasaron. Dolan reconoció la cabeza de Clark y trozos de su cuerpo. Los juntó en un trapo viejo. "De aquí van a salir más de un entierro, dinero para la iglesia, dinero que se mueve, dinero y gloria para Scroog, al fin y al cabo".

Los aposentos de la torre estaban en absoluto silencio, el elfo aprovechó para explorar las salas. Se paró en una puerta con candado y atravesó una sala pequeña. De repente fué asaltado con una daga en el cuello. Una voz femenina le preguntaba quien era y si venía acompañado. Viendo que no eran enemigos, el elfo vió a una joven semidesnuda con heridas de clavos por todo el cuerpo. Se presentó como Layla y les dijo que la torre estaba abandonada excepto por un murmullo de voces bajando la trampilla de la sala donde el elfo fue asaltado por ella.

Bajaron con cautela, siguiendo la formación del enano. Vieron un pasillo que se perdía en ele a la izquierda. Las voces provenían de la sala más cercana a ellos. Era un repetir constante de palabras en vetusto. Dolan pensó el Cartaramún y algún oscuro ritual. Pero fué parado por la druida que reconoció la voz del mago Palominus. Estaría aprendiendo algún hechizo.

Layla no se atrevió a entrar en la sala al bordear la esquina. Dijo que era allí donde la torturaron, que allí encontrarían el cadáver del clérigo que buscaban. Dolan dejó preparada esa mortaja. Enfrente de esa sala, había otra donde la luz de la linterna de aceite de Dolan mostró todas esas sensaciones del elfo y la druida. Yacían tres cuerpos de clérigos alrededor de un círculo de sangre que dibujaba un árbol. Dos ojos rojos con polvo de azufre rodeaban el círculo mágico. Eran el símbolo de Orcus y el del árbol de Robleda. Alguien había parado el oscuro ritual que haría caer el árbol en Robleda. Quizas Palominus pudiera contarles algo más cuando saliera de su meditación.

El enano avanzó por el pasillo viendo varias celdas con cofres saqueados. Cuando creyó que el camino se cortaba, vió una ranura oculta en la pared del fondo. De su interior emanaba un olor putrefacto. Avanzaron con cautela hasta llegar a una hoja clavada en una pared y un cuerpo despedazado. "Granes se va a hacer rico a entierros" Pensó Dolan.

El camino se hacía cada vez más estrecho, eran paredes cavadas en la roca. Parecieron pisar algo en el suelo, pero el resorte no se activó. El olor los rodeó, almizcle y heces. Los pies del enano pisaron algo que se movió al fondo de las rocas. El elfo tuvo menos suerte pues esa cosa verde empezó a trepar por sus piernas y cubrió su arco de madera, derritiéndola. Sentía gelatina fría pegada a sus piernas, la ropa empezaba deshacerse. Rápidamente, el enano prendió una antorcha en la lampara de aceite y la pringue verde huyó haciendo un ruido de flatulencia. "Me gustan los elfos con pantalones cortos" Dijo Will con una sonrisa entre sus barbas.

El origen de toda la maldad

Llegaron a un portal con un relieve de personas ardiendo entre las llamas de un páramo oscuro. Entre las dos hojas del portal, una figura esquelética con una túnica negra sentada en un trono, mira al infinito con sus ojos rojos. "La muerte es dulce , pero su antesala cruel" reza en el borde de la puerta.

Layla les dijo que Cartaramún buscaba el poder dentro de esa sala pero no se atrevió a abrirla porque sabía que lo que había dentro era más poderoso que él. La luz de la linterna iluminó la cara de la mujer en harapos. Las miradas de los aventureros empezaron a reflejarse en sospecha. Recorrió la luz de Dolan las curvas de la muchacha, hasta pararse en unos ojos rojos dibujados detrás de su nuca. "Nos has llevado a una trampa, sirviente de Orcus" Dijo Dolan. Sus compañeros la rodearon. Pero ella se llevó las manos a la cara y relató porque la tenían allí secuestrada. "Necesitaban la sangre menstrual de una virgen para dibujar el árbol que visteis, viendo que no tenían suficiente me metieron en una dama de hierro para que mi alma fuera alimento de Orcus y el árbol cayera. Me negé a participar en el ritual y por eso me torturaron". Las armas dejaron de apuntarle: La sangre no mentía y el dolor de recordar una agonía no podía fingirse: Desde ese momento creyeron a la muchacha.

El enano abrió la puerta con valentía, sintió una fuerza que quería retenerle allí pero pudo sobrepasarla. Dentro de una sala atrapada en otro tiempo, vieron varios ataúdes y un catafalco con un esqueleto armado de ojos rojos. Antes de que pudieran dar un paso, los esqueletos se levantaron de los ataúdes y los rodearon. Un golpe de espada de huesos que crugen abatió al clérigo haciéndole perder sangre. Detrás de él, la druida lanzó su hechizo de curación que cerró la herida y con la fuerza de Scroog, el clérigo lanzó unas monedas frente a los esqueletos que explotaron. La habitación tenía un silencio sepulcral. Dolan, animado por la fuerza de su dios, empujó con una pértiga al esqueleto con armadura. Cayó polvo y pequeños trozos de hueso. De repente, el esqueleto movió un brazo y partió la pértiga. Un fuego rojo emanaba de esa figura siniestra. " Los nuevos dioses no tienen poder aquí, la muerte es el precio a pagar por vivir, guardad un par de monedas para vuestros ojos, Tendréis que pagar a Caronte un viaje de ida donde no se vuelve". El grupo aprovechó para golpear con sus armas al siniestro ser, el daño descomponía sus huesos pero la llama roja seguía crepitando. El incorpóreo tocó el pecho de Dolan que sintió como sus habilidades se perdían, tenía miedo de las aguas del más allá. Miedo de esos ojos rojos. Layla, al fondo del pasillo, gritó a los aventureros que esa criatura no recibía daño de armas, sólo magia. Era el fuego rojo lo que debían de derrotar. El elfo apuntó con sus dedos y una flecha voló hacia la sombra roja, el azul se mezcló con el rojo pero no consiguió apagarla. "Retirada" dijo el enano que se prestó a cubrir a sus compañeros. El esqueleto sonrió y sus manos frías tocaron al enano. Se sintió muy débil, al igual que el clérigo.

Salieron de la fortaleza, sus pasos se mezclaban con la risa del esqueleto. Tras varios días, llegaron a Robleda. Granes vió varias mortajas en su iglesia, Una de ellas la abrió y vió los ojos de su hijo. Con un gran pesar hizo los preparativos del entierro. Clark, Comida, Melchior eran los hombres que salvaron robleda. Granes restauró la debilidad de los héroes, usó dinero del cepillo de la iglesia para pagarles, les dió comida suficiente para que no se preocuparan. El siguiente paso era derrotar al padre oscuro que hizo enfermar de odio a su hijo. En la costa encontrarían algo peor y maldito.

Una familia de granjeros acudió al entierro, eran Jonatan y Martha que venían como su hijo bajaba al pozo cavado en la tierra. El último y verdadero dungeon.

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Souhiro

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