AME - El continente perdido

Octavo capitulo

Secretos de este mundo

Continuando una leyenda

En uno de los camarotes del navío del Capitán Jack, marinero amigo de Dolan, viajaba un guerrero feroz. La carga de su espada delataba grandes batallas, la última fue la peor. Fue contratado como mercenario por el Ejército del Este durante la Batalla del Sagrario. Una alianza Visirtaníes y Hombres del Este contra las feroces huestes provenientes de Páramo Oscuro. Algunos los asimilaban a simples hombres salvajes del norte, pero cuando estabas allí, espada en mano, un frío helador se apoderaba de tu cuerpo. Kolgrim vivió esa batalla aunque no la recuerda. Sujetaba con firmeza su espada y se encaró a un grupo de bárbaros. Su espada sajó a uno de ellos, que le devolvía una mirada con ojos en blanco. Eran inmunes al dolor en ese estado de furia inhumana. Pronto se vió superado en número y cayó al suelo malherido. Sus ojos despertaron en una tienda de huesos y pieles.

- "El hombre es un lobo para el hombre"

Apenas pudo entender esas palabras del hombre anciano que curaba sus heridas. Tenía la cara cubierta de marcas azules y movía un sonajero de huesos mientras tapaba sus heridas con una fría sustancia. Kolgrim sintió un ardor desde la herida a su mente, algo le llamaba de lejos. Un aullido espectral, unas fauces de lobo hambriento que se abrían en el suelo, pronto su ego sería consumido. Hasta que recordó a un viejo amigo de niño, aquel que le enseñó que con la fuerza de la espada, lo que imaginara sería suyo. Durante el resto de la batalla Kolgrim fué otra persona para salvar la suya propia.

Desde entonces convive con esa voz, que vuelve a él en las noches de soledad y hoguera. En aquel camarote las charlas interiores eran cada vez más intimidantes.

- El destino tiene las patas muy cortas, El Perro Negro ya tiene tu olor, tu alma, te busca. Lo que no obtuvo en aquella batalla, lo tendrá ahora. Lleva persiguiéndote desde que me encontraste.

- Con el oro que encuentre en esa cripta podré pagarme un clérigo para que te expulse, estúpida voz, no me dejas dormir.¡Cállate!

Así fueron las noches de Kolgrim en el barco de Jack. Los mareos que le provocó en el barco, le hicieron salir más tarde que Dolan, el clérigo. Pronto llegó a la posada de la Tortuga. Allí estaba Tormod que recibía a los viajeros con una sonrisa y una jarra en la mano:

- Otro más en busca de poder y gloria. Si buscas compañeros, llevan unos días fuera, espero que a la vuelta sepan donde gastar bien merecido botín. El viejo Tormod siempre tiene buenas historias.

Kolgrim le pidió que fuera al grano, no había venido a oír, había venido a ejercitarse tras varios días de viaje en barco.

Aquel al que buscan, tiene un nombre. El nefando Uztum fué antes una persona. Un visirtaní sirviente de la casa real de Sheba. Hacía las labores de escriba, pero lo que más le entusiasmaba era ayudar a Zenobia, la bruja real a preparar los potingues de belleza de la reina. Perfeccionó esas artes hasta superar a su maestra, la cual tuvo que matar para quedarse su puesto como alquimista del reino.

La obsesión por mejorar la vida humana a través de los brebajes se vió truncada al ver pasar por los pasillos de su torre a una doncella cuya piel era el reflejo de las dunas. Talibah era su nombre y fué la perdición del brujo al saber que no podía tener su amor nisiquiera con uno de sus licores de amor. Aquel intento de poseerla por medio de las artes alquímicas hizo que Talibah muriera con fuertes dolores y vomitando pus verde oscura. Uztum siempre la tuvo en el recuerdo pues por un momento le recordaba que el amor le podría salvar su alma.

Las muertes en palacio hicieron que la guardia se pusiera a investigar y antes de que pudieran tomar la torre del brujo, este escapó atravesando el desierto con la velocidad de un pájaro. Se llevó consigo sus fórmulas para empezar una nueva vida en otra tierra. Allí en la costa de las colinas rojas aguardaban secretos y oscuridad.

Kolgrim marchó camino del río Oxus. Atravesó una arboleda donde sintió que uno de los arbustos se movía. Espada en mano bordeó la maleza hasta encontrarse cara a cara con una persona sucia, vestida de cortezas de árboles y coronado por ramas. Al parecer lo había pillado haciendo sus necesidades, pero para el viejo druida no era excremento sino abono para que las plantas crecieran. Ellas le daban sus frutos y el le devolvía el favor de esa manera.

Los compañeros del Guerrero

Kolgrim se despidió del loco druida y marchó hasta encontrar una cueva en un acantilado. Ya habían saqueado una de las grutas donde vió piratas muertos. Se fijó en otra entrada oculta por una roca y antes de que pudiera cruzarla fué sorprendido por una mesa volcada que se movía sola. Preguntó y la mesa bajó al suelo para salir de ella un semiorco con hábitos de monje.

 Kolgrim estaba acostumbrado a actuar delante de criaturas que sólo entendían el idioma del acero. Pero para su sorpresa, aun con el acero ya desenfundado y la guardia presta, ese semiorco hablaba su idioma y no cargó contra el guerrero con rabia. Había paz en esos ojos monstruo, había cansancio de muchas vidas intentando ser la mano de Thorias en la tierra. No era un simple semiorco, sino un hombre santo quien le hablaba

Dolan se desperto más tarde que sus compañeros, abrió los ojos cuando escuchó la voz de su compañero el piel verde hablando con alguien en la boca de la cueva. El clérigo se presentó al guerrero diciéndole que por ahora sólo habían visto un grupo de goblins haciendo su vida en la cueva y que podrían continuar su camino gracias a las llaves que soltó el cadáver de un kenku.

El grupo se internó en las sombras de la cueva. Pasaron por la habitación del hongo violáceo que yacía como un caldo pringoso en el suelo. Klogrim se fijó en la escultura de madera de la mujer la golpeó hasta que en pedazos encontró una nota en su interior. Dolan se encargó de dejar la escultura fuera de la cueva, en la orilla.

A su vuelta, Kolgrim se encontraba cerca de una puerta que requería una llave. Dolan le dió el manojo de llaves ensangrentadas y le pidió que usara una flecha para tapar cualquier agujero de la cerradura. La puerta se abrió y hizo sonar un resorte que impactó en la punta de la flecha partiéndola. "Mejor una flecha menos que un compañero muerto" Dijo Dolan con sabididuría.

Pasaron por una sala rectangular que tenía frescos en sus paredes. Esto ya se parecía a una casa en el interior de la cueva. Todo estaba decorado y estucado. La escena en la roca representaba a varias mujeres haciendo una ofrenda a una mujer en el centro. Kolgrim se fijó que la belleza de esa mujer cambiaba depende del lado de la pared en la que miraras. La belleza se convertía en fealdad de una vejez monstruosa. Al lado de una puerta había un tirador de argolla.

Había una puerta cuyo dintel tenía unas palabras en visirtaní pero parecía que alguien había escrito lo mismo con un cuchillo. "Inspirado por la divinidad" leyó Dolan. El clérigo del viaje y la fortuna paseó por la sala hasta descubrir que divinidad era la que regía las almas de Visirtán. Recordó una lección de religiones del mundo, de las primeras que daba en el templo de Scroog. Casi todos los pueblos adoran a dioses masculinos, todos menos Visirtán cuyos fieles rezan a la estrella el alba, los benditos de Ishtar. Dolan reconoció el nombre de esta deidad, y lo dijo en voz alta. "Ishtar", dijo con fuerza "ISHTAR", le respondió el eco de la sala y la puerta empezó a abrirse lentamente.

Pasaron por una enorme sala, antes de que pudieran ver su interior, la puerta empezó a cerrarse. La druida colocó su antorcha en el borde, momento en el que Dolan aprovechó para clavar una de sus piquetas en el suelo. "Las puertas mágicas me dan claustrofobia" dijo Dolan.

La primera sorpresa de muchas

En el interior pudieron ver varios jergones de paja y mantas raídas. Al fondo había una enorme olla que crepitaba con fuego. Dolan contó los jergones y daba el mismo número que goblins que salieron a visitarles. Allí no había ningún ruído, sólo la marmita haciéndose. Kolgrim se dispuso a tocar cada una de las paredes a ver si por suerte encontraba alguna recompensa oculta. Jatziri se fijó la comida que había colgada cerca de la marmita, quiso darle un bocado a la carne seca colgada pero su olor no le daba buena espina.

El hambre y la curiosidad hicieron que la druida se acercara a la marmita. De repente, la marmita se volcó sola y de su interior salió una gran cantidad de cera derretida. A Jatziri le cayó toda la cera caliente hasta dejarla inconsciente. Dolan fué a salvar a su compañera, dándole sus últimas bayas curativas. El montón de cera se esparramó por el suelo para más tarde volverse compacto. Le empezaron a salir apéndides al bulto amarillento. Se levantó sobre sus patas y empezó a caminar. Kolgrim esperó que la cera se enfriara para cargar contra la criatura mágica. El horror céreo podía encajar golpes sin sentir dolor, hasta que el bastón de Dolan consiguió quebrar la mitad del ser recién creado. "El creador de esto debe pagar por jugar a ser Dios" Dijo Dolan dándo el último golpe.

Volvieron a la sala de los frescos, volviendo a decir el nombre de la diosa para que la puerta se abriera. Cerca tenian un pasillo que se bifurcaba y tomaron por la habitación de la izquierda. La druida pudo iluminar una sala cubierta de libros hasta el techo. Todas las paredes tenían estanterías con volúmenes de todos los temas. Scroog fué de inmediato a por uno de gramática. Le traumaba el hecho de saber leer pero no escribir, se decía que era un problema que afectaba a muchos de ese mundo. Quizás alguna maldición de las civilizaciones antiguas por jugar con magia arcana.

Jatziri fué a por los pergaminos en blanco. Desde que conoció a Palominus vió que había gente que podía guardar hechizos escribiéndolos. Aunque no sabía si podría guardar la sabiduría milenaria de la naturaleza en forma de caracteres. Al recoger varios pergaminos un enorme volumen le cayó a la cabeza, "Tomo de Leyendas" y al hojear sus páginas pudo ver notas de viajeros de otros tiempos. Aparecían pedazos de mapas de lugares y miniaturas de criaturas de todo el mundo conocido. Era un ejemplar interesante. El monje se fijó en un libro que le llamaba con su energía. Se había topado con un volumen arcano de conjuros mágicos. "Si Palominus siguiera con nosotros podría enseñarme eso que leo que pone manos ardientes". Dijo el monje con astucia.

El rostro del mal

Antes de que pudieran tomar un descanso y saciar su curiosidad con la lectura en aquella sala. Escucharon un ruido a su derecha. Avanzaron hacia el final de la biblioteca que daba a un gran salón ceremonial. Una cámara semicircular con un trono dorado y lujosas cortinas. Una gran mesa de mármol tenía un mapa abierto y muchas hojas esparcidas. La sala tenia una iluminación fúnebre y apagada. Antes de que pudieran acercarse a su centro, se oyó un crujir de huesos y se vieron rodeados por seis esqueletos. Dolan agarró su emblema de Scroog para que ese mal no-muerto huyera pero no pudo decirlo con soltura. Kolgrim atacó con valentía hasta destrozar uno de aquellos viejos huesos. El clérigo que se vió rodeado por la muerte dijo las palabras correctas y aquel mal volvió al polvo.

Detrás de las cortinas se oyeron unos pasos y cuatro criaturas de cera se colocaron guardando la sala. Estos ya estaban formados, parecían casi humanos. Algunos tenían partes que parecían piel entre la cubierta amarillenta. No tenían intención de atacar, guardaban el lugar como gárgolas. Jatziri acudió a su libro de Leyendas y descubrió un antiguo mito del Continente Perdido: Los dioses caprichosos hicieron humanos de diferentes materiales: Humanos de barro, humanos de madera, humanos de cera. La palabra humano estaba tachada y ponía en su lugar, esclavos de los dioses. Los humanos de cera fueron obra de Ah-Muzencab, el que guarda la miel, el Dios-Abeja.

Kolgrim estaba nervioso y empezó a golpear a  uno de los seres. Dolan hizo lo mismo. Jatziri seguía buscando alguna pista en el libro para derrotarlos sin usar la fuerza. Cada golpe sólo ayudaba a que los guardianes despertaran. Draugur ya había perdido su última lanza y usó una piedra atada con cuerda como arma improvisada. La lucha era infructuosa, cada golpe devuelto era más difícil de encajar.

Las estatuas de cera golpeaban impasibles mientras los héroes buscaban alguna debilidad. Jatziri tocó su cornamenta de ciervo, lo que para algunos era un tocado, para ella era un hueso más que le salía del cráneo. De pequeña sabía que ese don que parecía la risa en su aldea era el sinónimo de una nacida de la tierra, al tocarlos sentía al árbol interior y su energía le era transmitida. Usó la mímica para hacer una bola y de repente le acompaño flotando una bola ígnea. Pudo ver unos ojitos de humo,  era fuego viviente y le ayudaría. Avanzó hacía las criaturas de cera y empezaron a derretirse, Kolgrim y Dolan aprovecharon para darles unos golpes más. Pronto aquellos guardianes céreos dejaron libre la sala.

Los cuatro llegaron a la mesa donde pudieron ver un mapa con figuras de ajedrez marcando las capitales de la nobleza. Esas figuras llegaban a todo el globo. Incluyendo el lejano oriente de Draugur, Magyar y Anforah. Junto a ese mapa había una lista de reyes y otras figuras de poder de cada una de esas casas nobles y al lado del tintero una fórmula incomprensible donde podía leerse: "Cera y carne humana". Antes de que pudieran relacionar los documentos una voz surgió del trono dorado. Ocultaba su rostro con una máscara de cera:

- Habéis llegado lejos, pero mi plan ya ha comenzado. Los hombres de cera sustituirán a los reyes y reinas del mundo. Harán mi voluntad aunque yo esté muerto. Ah Muzencab es el verdadero Dios y moverá los hilos allí donde sus fieles no llegan. Su miel es la vida eterna. Venid y probad la picadura del dios del zumbido". Sus manos empezaron a chisporrotear y un rayo atravesó a Draugur pulverizándolo.

Unas lágrimas de dolor cruzaron la cara de Dolan que vió como su compañero desaparecía delante de sus narices. Cargó con su bastón y golpeó al enmascarado. Kolgrim le acompañó pues odiaba que siempre los villanos contaran su plan antes de morir, pareciendo un relato de cualquier bardo.

Uztum aguantó varios golpes y pudo lanzar todas sus chispas. La cara ya la tenía aboyada, su cuerpo era una ristra de sangre y carne colgante. Al morir con el último golpe soltó una risa. "Mi plan ya ha empezado, Ah- Muzencab llévame a la tierra prometida, tendremos el mundo, la magia sagrada de los árboles y todos los falsos dioses de la Ley serán enterrados". Al decir esto, su cara explotó con un charco de sangre dejando la máscara de cera en el suelo.

En su túnica pudieron ver que colgaba una cimitarra con la empuñadura labrada y una daga con filo en zigzag con la cabeza de un tigre en el mango. También había un anillo brillante. "Todos estos tesoros valen menos que un compañero muerto, otra vez a enterrar" Dijo Dolan con tristeza.

Salieron de la cripta del nefando y tomaron por la arboleda de vuelta. Era de noche y escucharon un aullido. "Aquí está, lo siento" dijo Kolgrim con la voz de otra persona. Se vieron rodeados por cuatro lobos hambrientos, uno de ellos parecía su líder, era completamente negro. Kolgrim vió a los ojos a la muerte y el lobo saltó para llevárselo. Colmillo y acero, un hombre es un lobo para el hombre y su destino, vencerlo. El lobo negro atrevesó el pecho de Kolgrim para sacar su corazón. Jatziri, presa del pánico, invocó a los animales haciendo aspavientos. Uno de aquellos lobos saltó sobre ella y la dejó en el suelo. Los compañeros de aventuras cayeron al suelo rodeados por la jauría del hambre y el infierno. Otro aullar se oyó en la lejanía pero no pudieron ver nada, sólo las estrellas en el cielo.

Despertaron en la posada de la Tortuga. Tormod estaba jugando con las cimitarra visirtaní. Llevaban varios días de descanso. Las heridas habían sanado pero sólo dos habían vuelto.

"Llámalo suerte o destino, quizás sea verdad que los dioses salvan a los que creen en ellos" Dijo Tormod a Dolan. Los guardabosques protectores de la Colina Roja estaban allí y les contaron que al llegar vieron una pelea de lobos, unos blancos y otros negros. "La Ley y el Caos" "Valión y Noctis" Quizás sea un presagio de buena fortuna, dijo Dolan con la mano en el pecho, pues no se iba a librar de enterrar a dos amigos muertos.

Tesoros

  • Libro de Hechizos (Draugur) ¡Destruido!
  • Anillo Mágico de Proteccion (Jatziri)
  • Cimitarra Mágica (Kolgrim, Luego Jatziri)
  • Tomo de Leyendas (Jatziri)
  • Mascara de Revelación (Dolan)
  • ¡Mucho oro! (A repartir)

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Souhiro

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