AME - El continente perdido

Noveno Capítulo

Los límites de la crueldad

Capítulo 9

El Inicio

Paladín y Enano

Marvalar, capital del Reino Bosque. Cuyas altas cúpulas son el manifiesto de la gloria de la humanidad. Antaño un cúmulo de tribus humanas se unió para domesticar todas las fuerzas que le reducían, llámalo naturaleza, magia y razas no-humanas. Fue la fuerza de la espada la que delimitó lo civilizado de lo no civilizado. Y potenciar la cultura y las costumbres, olvidar la lucha de épocas pasadas, fue lo que debilitó el reino. Johan Aerth II, maestro de esgrima de la corte de la Reina Vigdis II lo sabe y lo comunica a sus alumnos antes de empezar cualquier clase:

- ¡Debilidad! ¡Eso es lo que significa cuando perdéis el tiempo en visitar a los sastres para que os vistan de sedas ¡Es cuando perdéis el tiempo estudiando ciencias y letras!. ¡Os da flojera seguir partiendo patas de madera de esos muñecos! ¡Acaso la demostración del enano extranjero no os hizo ensuciar vuestros pantalones! ¡Eso es verdadera fuerza!. ¡Dejad de pagarme con vuestro sucio dinero y salid a buscar la muerte!. ¡Las mejores lecciones de esgrima no las da un profesor, las da la vida!

Aquella vez no estaba rodeado de alumnos, esa vez estaba discutiendo con su hijastro. Grenadier era un joven cuya vida le había dado malas noticias. Su verdadero padre había muerto, su madre enferma mental huyó de sus brazos para ir al Lazareto. Sólo le quedaba un frío padre, su fé en Valión y la fuerza que le da la juventud.

Lo que era una bronca más, se convirtió en otra separación, esta vez de su tierra y sus amigos. Su padrastro le compró un viaje en barco para que fuera adiestrado por el Enanito Mac Craker. En el viaje en barco, Grenadier se mecía entre las olas rezando al Valion, el Sol Invicto, desde que amanecía hasta la salida de la Luna, Aneirin su esposa.

El Elfo y el Pícaro de la ciudad centenaria

 

En Robleda quedaban dos aventureros, Athelnulf y Skar. El elfo esperaba noticias del pajarillo azul que envió al Valle Sagrado. Skar reparaba sus heridas tras el encuentro con los Vendedores de Piel de Monstruo. Le había crecido una pequeñita cola donde antes podía lucir un buen miembro escamoso.

Ambos, se encontraron en el Pistacho Crudo. El elfo se extraño al oír que un hombre lagarto sabía el idioma común. Hace más de treinta años, la vidente Athalas comentó en uno de los consejos élficos que había otras razas no féericas que habían tomado consciencia en la lucha contra Noctis. Algunos monstruos habían empezado su lucha cuando las Razas Antiguas había dejado de luchar. Quizás fuera porque los que se llaman héroes habían abusado de su posición, matando a sus familias y saqueando sus casas en aquellas mazmorras oscuras. Quizás detrás de la Era del Hombre venga la Era del Monstruo, lo que hizo que el consejo se dispersara.

El pajarillo azul había vuelto después de varias semanas, traía noticias al joven elfo, al norte de las Colinas Rojas se encontraría con sus hermanos de sangre. El silvano sabía que toda su familia estaba en el Valle Sagrado, no sabía a que se refería el mensajero de plumaje azul.

Partieron sin demora cogiendo el primer barco de la mañana.

Los guardianes de la fe

 

Volvemos a la posada de la Tortuga, allí estaba Tormod junto a la druida Jatziri y Dolan Irongear, el Sacerdote. Habían pasado unos días desde que enviaron al infierno al Nefando Uztum y su legión de Hombres de Cera. En aquel día aciago, donde Draugur cayó fulminado y el corazón de Kolgrim era devorado por el Perro-negro-que-llama-a la-muerte. Allí estaba en el claro del bosque, El pequeño y barbudo Will viendo cómo un grupo de lobos blancos aparecía de la nada para acabar con unos lobos negros. Dolan y Jatziri yacían en el suelo. "Eso solo pasa cuando el cielo quiere enviar un mensaje, acabo de presenciar una epifanía" "Lobos blancos y lobos negros" "Valión contra Noctis" "Quizás sólo sea una coincidencia". Al pronto llegaron dos exploradores para rescatar a los caídos.

Un encuentro fortuito

Pronto se reunieron Skar, Athelnulf y Grenadier. Los días pasaron con tranqulidad en aquella fonda cerca de la costa. Tormod empezó a hacer cuentas y ver que la caída del Nefando le acarrearía cerrar su negocio. Ya no habría mas aventureros que fueran a gastar el dinero en su local. Tendría que volver a poner su vida en peligro y salir a buscar unas monedas. Le ofreció al grupo que les buscara algunos monstruos o animales débiles para rellenar las cuevas del nefando, les pagaría bien por ello. Lo dijo con tanta cara de preocupación que empezaron a brotar las risas en aquel local. La cálida noche la animó el bardo parlanchín que les ofreció una canción a cambio de aliviar su sed:

Ha muerto la luciérnaga
Una estrella se ha apagado
No tenemos consuelo,
Quienes disfrutamos de tu luz

Ha muerto nuestro amigo.
Hemos perdido el corazón.
Llantos de savia
Se consumió la luciérnaga

Ahora estoy solo
Ahora los árboles no reirán
No tenemos consuelo

Que amargas son nuestras lágrimas

Pues no son hijas de la risa
Nos secan los ojos
Triste tributo
Para nuestra luciérnaga.

El bardo quiso negociar con los allí presentes. Les ofrecía ir con ellos a cambio de escribir sus historias. Luego también pensó en si los aventureros deberían de cobrar porque sus historias fueran relatadas, un bardo adelantado a su tiempo. Un extraño cantor.

A la mañana siguiente, Tormod esperaba un cargamento de víveres. Llegó a sus puertas Zacam, un orondo conductor de carros que entró al local dejando en la mesa un enorme búfalo:

- ¡Traigo 15 piezas como esta Tormod! La mejor carne que hayas probado nunca. Se hace muy bien por fuera y queda jugosa y rosa por dentro. Haz unas costillas ya verás como tu local empieza a llenarse con el olor.

Efectivamente, el olor hizo que los aventureros se levantaran temprano. El elfo y la druida vieron como del cuerpo del animal sólo quedaba una cabeza con cuernos. El animal muerto tenía el rostro de un santo degollado. Sus cuernos tenían bulbos en forma de pequeñas joyas. No parecía un animal, era algo más sagrado.

Un Convoy marcado

Así pues, con la promesa del dinero para unos o simplemente una salida del lugar para otros, Zacam convenció a los aventureros a que les acompañara a llevar el carromato de vuelta al Villar. El elfo se negó pero de alguna manera tenía que pagarle al hombre lagarto el viaje en barco. Todavía no se acostumbraba al peso de las monedas en los viajes. La druida tenía un mal presentimiento. Les fueron pagadas 15 monedas de oro, un adelanto de las 50 de oro por cada uno de ellos. Era más que suficiente. Algunos ya había viajado en carro y pagado por ello. Pese al dinero notaron que el carro no iba por una ruta comercial, empezó a moverse entre las colinas arriba y abajo.

El carromato estaba compuesto por tres carros. El primero estaba ocupado por Zacam,el bardo y Jatziri. El segundo tenía los restos de los búfalos, pieles y huesos. En él iban Dolan y Skar. El tercero tenía toneles de agua y vino y iban custodiados por Grenadier y el Enano. Los burros iban atados a los lados del segundo y tercer carro. El perro de la druida y el halcón de Dolan iban sueltos. El elfo fué montado en su caballo moviéndose entre las cabinas con soltura.

Dolan se fijó en en los ojos del reptil. Había algo humano en ellos. Skar le preguntó al clérigo:

- ¿Porque los dioses sólo pueden hablar a los humanos? ¿Acaso no pueden haber clérigos entre los elfos, enanos y gente de mi especie? ¿No tenemos derecho a tener gente que sane nuestras heridas?

- Los dioses son gente extraña. Se mueven por caprichos. Scroog enseñó a los humanos a dejar de usar intercambios para mover monedas. Ya ves tu que hechizo más poderoso que es el dinero que puede curar mejor que cualquier curandero. El inicia aventuras y llena de alegrías nuestros bolsillos. A lo mejor dejaron de hablarles a los no humanos por algo que hicieron en el pasado…

En el vagón del enano y el paladín, se movieron para revisar el contenido. El joven caballero le dijo que le conocía de cuando visitó Marvalar. Que si algún día podría reventar muñecos de madera como él:

- Podrás si eres capaz de caer y levantarte como ese muñeco de madera que recibe y siempre esta quieto. No te tiene que doler nada, siempre tienes que estar preparado para lo peor jovenzuelo. La muerte no distingue al más preparado que al que apenas empieza. Disfruta del paisaje, ahora es tiempo de paz.

El camino pasó sin incidencias. Athelnulf se acercaba a observar que todo seguía su marcha. Zacam no paraba de hablar del negocio de los búfalos que le llevaría a ser un hombre rico.

Al atardecer, mientras Dolan explicaba los dones de Scroog a Skar y de como podría levantar la civilización de los hombres lagarto del pantano. Quizá no podría llevar los poderes de Scrooge a esa gente, pero su sabiduría era un regalo para todo aquel que pudiera escuchar. Y cuando los dos amigos hacian planes una flecha silvó para atravesar el cuello del clérigo.

La cruel emboscada. Vida por Vida

La sangre bendita de Dolan cayó a borbotones y Skar se refugió entre las pieles de búfalo. Para cualquier hombre era una herida mortal de necesidad, y sólo la magia de Scrooge le permitió prolongar un poco su vida in extremis cuando Dolan ya notaba las garras de la muerte acercandose.

Pero no estaban en absoluto fuera de peligro: Se oyeron gritos y pisadas de caballos en la lejanía. Athelnulf pudo desviarse del camino para interceptar a alguno de los atacantes. Levantó la mano y saltó una chispa de sus dedos que fué a pararse a las piernas del atacante. Era un centauro con pinturas salvajes y plumas. El rayo hizo que cayera sobre sus patas traseras. El enano al oír el ataque y ver que una flecha se clavaba en el torso de su burro, saltó del carro para encararse con el enemigo. Rodó por el suelo y se incorporó, pero no pudo llegar muy lejos porque iba bien armado y el contrincante se movía a la velocidad de un caballo.

Otra tanda de flechas fué a parar al carromato. Algunas se clavaron en Dolan, otra fué a Skar que pese a estar cubierto sufrió una herida letal. Dolan no tuvo tiempo de ver si su nuevo creyente seguía vivo, mientras rezaba a Scroog para curar su herida de flecha.

- ¡Maestro!

Para Grenadier, aquel enano sería su nuevo padre, alguien fuerte de verdad, cuando lo vió saltar del carro, otras flechas se clavaban en los maderos. Los gritos de los salvajes, todo era confuso y el Sol le cegaba los ojos. Antes de que pudiera sacar su espada, una flecha se clavó en su torso. Empezó a ver la sangre y su espada a punto de salir de la vaina. Aquel enano le dijo que ser el más fuerte no significa nada, ser el más fuerte sólo sirve para proteger a los débiles. Rezó sin parar mientras la sangre caía a los maderos. "Valión es la luz, soy uno con Valión". Aquel día los dioses parecían sordos incluso a oídos humanos. El joven paladín cayó al suelo a punto de sacar la espada y enfrentarse al enemigo. "Recoge toda esa sangre y cierra tu herida" Le recordó a su padrastro aquel primer día de entrenamiento.

Athelnulf bajó de su montura para usarla de escudo. Jatziri bajó del carro para auxiliar a los que estaban fuera. Seguir en el carro era darle un pase a la muerte. Sólo Dolan quedó dentro del carro que se marchaba lejos.

Uno de los centauros se acercó con las manos en alto hacia el grupo del elfo y la druida. El enano de lejos intentó salvarlos a tiro de ballesta. El sol brillaba fuerte y le impedía acertar. Pese a las flechas que le caían cerca, el centauro caminaba con paso firme y decidido:

- Hombres matar búfalo sagrado, tribu castigar vida por vida. Yo no atacar caravana, pero tribu pedirme vida por vida. Ser rito de iniciación, sólo yo volver si llevarles vida por vida.

Athelnulf entendió un poco de lo que quería decir y con pena le entregó el caballo. Jatziri que amaba demasiado a sus animales no le entregó nada, tenía mucho miedo de esos salvajes. Y Will estuvo una docena de veces a punto de intentar atacar a su muy superior enemigo.
La palabra es INTENTAR, por supuesto.

Viendo que Jatziri y Athelnuff eran personas especiales, que sobresalían entre el resto de los mortales, el centauro le ofreció al elfo visitar su aldea oculta. Dejó marchar a la druida y al enano, quienes evitaron el camino del carro y marcharon entre las colinas.

Pero de vuelta al camino y el caerromato, Dolan seguia bajo el ataque de los Centauros. El clérigo revisó el bulto de Skar y vió una flecha clavada en su ojo. Pero para su desgracia no tenia tiempo ni para sentir dolor por la perdida de un amigo y volvió a tapar aquel bulto. Luego miró al pescante donde estaba el conductor, le faltaba la cabeza pero sus manos seguían llevando las cuerdas de los caballos. Dolan reconoció que el ataque se enfocó a la parte del carro que llevaba las pieles, así que decidió retirar las cuerdas que ataban la primera cabina del resto. Al tiempo pensó en volver para rescatar a sus amigos, pero alrededor de la caravana se habían reunido una docena de centauros. Era mejor seguir adelante y encontrar el pueblo antes de que anochezca.

Un lugar sagrado en los bosques

De vuelta con Athelnuff, el centauro le pidió permiso para taparle los ojos al elfo con un trozo de tela, pues la ciudad era secreta. Athelnulf aceptó, y aun así sintió las ramas entre sus brazos. Tras unas vueltas le llegó el olor de una hoguera y unas voces que no entendía. Con el pañuelo quitado pudo ver algunas tiendas de piel con extraños dibujos. De dentro salía la figura de un mago con barba grís. Se presentó como Mendril, al parecer estaba allí como profesor de idioma común a cambio de algo de sabiduría arcana de los chamanes centauros. Le acompañaron hasta la tienda del jefe centauro que lucía grandes trenzas y una cara seria:

- Pueblo humano invadir todo sin pedir permiso, primero fueron a por la correhuela, flor que cura heridas, luego asentamiento del Villar, ahora nosotros perder búfalo sagrado. Centauros ser paciente como caballo pero cuando perderlo todo, lado caballo vence al lado humano. Sólo pedir quince vidas por quince vidas sagradas. Nosotros nunca matar sólo cuidar y proteger. Pero amigos del que mata ser también asesinos y sus cadáveres servir mejor a moscas y criatura del lodo.

Estaba en lo cierto, mientras que los burros y perros del carromato estaban en buenas manos y cuidados. Una discusión se abría para hacer algo con Skar y el paladín, los amigos muertos. Al final Athelnulf convenció al líder de los centauros y se ofició un entierro de la mano de Mendril. Aunque no era clérigo imitaba los gestos de un chamán que allí estaba. Los tambores llamaron a la pérdida aquella noche.

La ciudad asediada por dos flancos

Dolan llegó a las puertas de la ciudad del Villar. Era un pueblo de construcciones de madera. A parecer la marca del oeste era lo que prometía. Allí le esperaba un joven granjero. Se presentó como Virgilio, el hijo del alcalde que regenta la posada del pueblo. Les indicó que el pueblo tiene problemas con los centauros y con una banda de kobolds liderado por Rajalunas. Se ofrece una recompensa de 400 monedas de oro a quien traiga la cabeza del ladrón de ganado:

- Si venís de visita hay poco que ver, salvo a Lorden el druida del bosque, siempre anda entretenido con las dríades y las ninfas que allí habitan. Es un bosque antiguo y mágico. A mi me encanta ír para bueno, ya sabes, hacer de sátiro un rato. Jeje.

Al poco tiempo se incorporó el elfo que traía al mago en la grupa de su caballo y le acompañaba el resto de burros del grupo. Escuchó la palabra dríade, ninfa y le vino a la mente lo de "hermanos de sangre" que le dijo el pajarillo. Las leyendas de los elfos decían que antes de levantar su civilización eran una sola raza feérica pero la ambición les pudo y empezaron a haber diferencias de poder entre los seres mágicos. "Al final comportarse como hombres viene de antes de que estos nacieran" pensó el elfo que siempre tenía una mirada distante como si el tiempo se parara. Era salir del Valle y ver como había asuntos por resolver mas allá de sus tierras. Heridas de otros tiempos que no cierran.

Pasaron a las tiendas que por allí habían. Dolan sabía que todo el oro del mundo no puede vencer a la muerte pero si evitar sus golpes. Así que vendió su brazalete de oro ganado en la cripta de Uztum para comprarle una armadura de Varillas. El elfo empezó a ver que mas allá de las diferencias entre las razas había un alma. Le era difícil aceptar un regalo del que habla de simples asuntos mundanos. Pero tras el ataque de los centauros sabía que había que estar protegido:

- Es peligroso ir solo, toma esto.

El elfo levantó la armadura con gesto de satisfacción.

El resto de la tarde estuvieron en compañía de Vigdar Cabezahierro, un enano con una chapa en el cráneo. Al parecer era de la escuela de Tormod, un aventurero que lo deja para montar un negocio. Hace más herraduras que armas aunque algo tenía por allí para la ocasión. Les contó que en sus aventuras fue escudero del Paladín de Hierro, un héroe local. Cuya réplica de su martillo de hierro destaca en la puerta de su herrería.

La posada no podía tener otro nombre: El martillo de Hierro. Estaba siempre llena de gente. Esta vez un barambali, un hombre de raza negra ofrecía un combate de pulso. Dolan vió que la algarabía venía del negro y sus dotes. Así que invitó a hacer apuestas y ofrecerse de contrincante. El mago Mendril apostó por el clérigo hasta perder 30 monedas de oro. Estaba completamente vencido hasta que alguien del local dijo: ¡Lucha de miembros!. Alrededor de hizo un círculo que impidió al mago ver de que se trataba ese duelo. Al rato salió el negro del local avergonzado. Le habían ganado. "Una lástima no haber apostado esta vez", dijo el mago.

El posadero-alcalde se presentó como Taddeus y ofreció Sidra para todo el mundo. En la barra había un bárbaro con cara de pocos amigos, se trataba de Croqueto el bárbaro. Un hombre robusto que sólo hablaba de la pérdida de su perro y el robo de su caballo. Tan pronto como vió que no le prestaban atención por su drama, salió al abrevadero para robar un caballo. "Ahora sólo quedaba vengar la muerte de mi perro", pensó.

Taddeus les comentó el caso de los kobolds y sus ataques al pueblo. Deberían de preguntar a los aldeanos mas cercanos al muro de madera que recorre el pueblo. El bárbaro le dijo que necesitaba oro para armarse y el posadero le dijo que hablara con Cabezahierro, el enano salió de los hornos de metal y empezó a insultar al bárbaro. Mientras tanto Will el enano no dejaba de insultar al paciente clérigo Dolan.

Este último, viendo que Croqueto no tenia dinero siquiera para pagarse una noche de estancia, no dudó en mover algo más de su fortuna y pagarle la estadía en la posada. Al fin y al cabo, Scrooge nos enseña que el dinero sólo esta vivo cuando circula y cuando cambia de manos.

A la caza de Rajalunas

Por la mañana, los aventureros siguieron las pistas de los vecinos del lugar. Todos menos Jatziri y el elfo. Athelnulf ya se había internado en el bosque donde se encontró con un clérigo de Velex que protegía una capilla en honor a los caídos durante la leyenda del Paladín de Hierro. La druida pensó en deshacerse de una receta de galletas. El posadero quiso comprársela y viendo que sabía hacer buenos postres le ofreció un trabajo en su posada. Jatziri pensó en buscar un trabajo de verdad que jugarse la vida, quizá así hiciera unas pocas monedas. Aunque no se le daba mal, su sitio estaba junto a los árboles y no rodeada de cacerolas. Pronto se le unió el granjero hijo de Taddeus que sintió a la druida como alguien que le quitaría su trabajo.

Gracias a las capacidades de rastreo de Croqueto, pudieron seguir las huellas de los kobolds hacia la entrada del bosque. Pasando por entre varios árboles vieron una piedra que brillaba. Al acercase a ella vieron que el brillo provenía de unas figuras con forma de elfos pequeños, hablaban tan rápido que no se les entendía nada. El enano se quedó tan ensimismado que las hadas empezaron a desnudarlo. Con las intimidades al aire empezó a entrarle un frío que lo devolvió a la escena. Las hadas empezaron a reírse mientras jugaban con sus pantalones. Fue a por su hacha para matar esos mosquitos mágicos pero su hacha volaba también por un grupo de hadas. Le pidieron que bailara para ellos. Con la cara sonrojada empezó a menearse haciendo una polca. "En un duelo con el barambali hubiera perdido" Dijo Dolan al fijarse en su campanita en movimiento.

El mago vió que la piedra era algo más que una simple roca. Las hadas iban ahí para recargar su magia. Al parecer cerca de ella le venían los hechizo más rápido a la mente. "Curiosa piedra" pensó el mago al tocarla.

Siguieron el camino hasta escuchar el ruído ronco de un animal salvaje. Delante suya habían dos jabalíes en carga. Se juntaron en formación para proteger al mago entre ellos y los burros. Una lanza del clérigo se clavó y partió en uno de los grandes cerdos. "Ya tenemos raciones" dijo el clérigo.

El trágico descubrimiento de la tarde

Pasaron por otro claro donde las ramas parecían quebradas y negras, algo tocó el cuello del clérigo que se dió la vuelta para ver un cuerpo colgado de sus propias tripas. Por la descripción de su ropa no podía ser otro que Lorden, el protector del bosque.

Descolgaron el cuerpo del druida para darle entierro hasta que el enano que llevaba peleándose con sus pantalones "Para mi que me los han empequeñecido, malditas moscas cojoneras" se topó con unos pechos translúcidos. La figura algo rellenita de una dríade. Llevaba un vestido blanco que no dejaba nada a la imaginación:

- Soy Sonrisa de Otoño, ¿habéis visto a Lorden?

Flotando entre los aventureros se posó en el druida muerto. Lo agarró y empezaron a caerle lágrimas como gotas de rocío:

Ha muerto la luciérnaga
Una estrella se ha apagado
No tenemos consuelo,
Quienes disfrutamos de tu luz

Ha muerto nuestro amigo.
Hemos perdido el corazón.
Llantos de savia
Se consumió la luciérnaga

Ahora estoy solo
Ahora los árboles no reirán
No tenemos consuelo

Que amargas son nuestras lágrimas

Pues no son hijas de la risa
Nos secan los ojos
Triste tributo
Para nuestra luciérnaga.

El enano recordó que ya había oído esa canción: "¿Donde estará el bardo? ¿murió en la caravana? ¿Más epifanías? ¡Esto es de locos!"

Los árboles se empezaron a juntar y de sus ramas salieron brazos y caras. Mas dríades se unieron para despedirse de su amigo. Incluso las hadas empezaron a tocar una canción moviendo sus alas que sonaban a cristal. El aire estaba cargado y costaba respirar. Era una sensación que aumentaba la tristeza y elevaba a la vez. Todas en un remolino de calor y luces apagadas. Antes de que terminaran, Sonrisa de Otoño les ofreció un obsequio por traerles el cuerpo de Lorden:

- Es una capa que te hace invisible en el bosque. Usadla con responsabilidad. Es un obsequio muy antiguo.

Croqueto se vió arropado por esa capa. Comprendió que la dríade no tenía nada que ver con la muerte de su perro aunque le dolían los ojos de tanta luz y vocecitas agudas. Estaba feliz pero tenía hambre y cansancio.

- No podéis ver lo que vamos a hacer ahora. No es para ojos humanos. Dijo la dríade que les invitó a salir del bosque.

Salieron al amanecer oyendo una música a sus espaldas. Los árboles se movían con fuerza como si hablaran entre ellos. Las voces llegaron a oídos de Jatziri que seguía sirviendo sidra en la taberna. "De nuevo me reclama el bosque pero siempre me toca cuando estoy lejos, el sabrá cuidarse", pensó la druida.

Atravesaron de nuevo las puertas de la ciudad y fueron recibidos por un guardia pelirrojo y bizco. Hacía bien su trabajo pese a notarsele un poco lento al hablar.

El grupo volvió a la taberna. Le pidieron a la nueva camarera unas jarras de sidra y estofado para comer. Ella, pensando en más monedas, quiso subir el precio de la comida. Tan pronto como se enteró Taddeus, la druida fué despedida como camarera. "Bueno ya sé que esto no es lo mío, tendré que buscar otro trabajo, quizás curandera" pensó la druida.

Taddeus se reunió y empezó a contar las hazañas del Paladín de Hierro. Cuando dijo que mató cuarenta orcos en una batalla, el enano herrero que salió de su casa en pijama le rebatió como todas las noches aquella historia, le rectificó que no fueron cuarenta sino cincuenta y dos. El bárbaro aprovechó para salir de la taberna y entrar en la tienda del herrero que encontró abierta. Ya tenia su espada. Pero al rato toda la guardia de la ciudad se colocó a la salida. El enano empezó a gritar, el arma fué devuelta y se le echó al bárbaro de la ciudad. Aquella noche Cabezahierro no dormió tranquilo, ese bárbaro tendrá que pagar por la afrenta.

Habían más misterios que resolver en aquella villa en el Oeste de la Marca

 

Tesoros

  • Capa Élfica (Se oculta en la noche, y mejora la defensa) Croqueto

Comments

Souhiro

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