AME - El continente perdido

Undécimo Capítulo
Recuperando la Reliquia del Pasado

El regreso de una guerrera

Regresamos unos millas al sur, en una posada cerca de la orilla del mar. Tormod iba a acompañado por los dos exploradores del lugar. Viendo que el negocio de la posada no daba para más, fue a rebañar los restos que pudiera haber en la cripta de Uztum. Allí encontró varios cadáveres apilados y un armatoste hecho con una mesa de madera. Empezó a cargar varios barriles en un carro sin ver lo que contenían.
Pero uno de ellos tenía a una inquilina ¡NEKO! 

Tormod vendió todos aquellos restos por unas cuantas monedas de oro, el barril siguió viajando al norte pasando por las estepas de los centauros.

Quizás fueran las esporas de los hombres hongo de la cripta, la falta de sueño o simple supervivencia. Dentro de uno de los barriles viajaba una aventurera que apenas despertaba de un sueño muy largo.

Neko la guerrera había vuelto y su espada se hacía más pesada en sus brazos sino los ejercitaba.

Dos amigas se reencuentran

La guerrera se había enterado que su amiga Jatziri estaba por el bosque del druida buscando bayas. Había descubierto una forma de triturar la árnica y hacer una loción para curar heridas. El olor de esas bayas le recordaba a las trufas. De repente se puso a cuatro patas y empezó a retozar en un cerco de hierba. Se dió un golpe con un tocón de madera que tenía una enorme garra incrustada.

.- Sino andas mirando las cosas podrías hacerte daño, amiga.
Dijo Neko con muchas ganas de abrazar a su compañera.

Jatziri se quedó mirando aquella baya. No parecía como las demás. Desprendía un olor particular que viajó a sus oídos hasta reflejar dulces imágenes en su mente. Volvió a sentir el arañazo en la piel del árbol herido.

- Esta baya, nos servirá para oír a las plantas.
Dijo Jatziri ensimismada mientras Neko la abrazaba con fuerza.

Se acercaba la tarde y buscaron un cerco para descansar. Neko envió a su perro a buscar comida. Jatziri sonrió pues le hacía gracia lo brusca que puede ser la gente para pedirle favores a los animales. Neko vio que su amiga se quedaba haciendo inventario de todos esos rastrojos del campo y moliéndolos en un tarro. La dejó haciendo sus cosas y se fue a explorar la zona.

La guerrera pelirroja vio algo iluminado detrás de una arboleda. Sacó el arma y para su sorpresa vio un lago cuyas aguas brillaban como si en su interior hubiera un tesoro. Se zambulló en aquellas aguas y al tragar un poco sintió que su estómago se llenaba. Reunió algunas cañas de bambú con esas aguas. Volvió a vestirse. Mientras se ajustaba la armadura se fijó en un techado derruido de piedras. 

Bordeó unos árboles y se encontró con unos cuerpos pequeños desmembrados. Dos habían recibido golpes contundentes y el tercero parecía haber sido despedazado por algo muy fuerte y grande. Su cuerpo estaba separado en dos mitades a muchos metros de distancia.

Podría ser la bestia que arañó el tronco del árbol. Pobres kobolds. Pensó la guerrera mientras se fijó en que en sus manos tenía hechas unas marcas de medias lunas. - ¿Tendrá que ver con lo que me dijeron en el pueblo sobre la banda de Rajalunas?

Antes de que pudiera relacionar tantos hechos, sus ojos se fijaron en la cúpula derruida que antes vio entre los árboles. Le había dado la vuelta a aquellas ruinas. Encontró una puerta abierta de robustos ladrillos de piedra y dos candiles de fuego. 

Entró poco a poco por aquel dintel y sintió como su cuerpo se empequeñecía. Estaba ante una enorme escultura de Velex, el dios de la guerra. Parecía compuesta por dos artistas. La parte del cuerpo se correspondía a un soldado medieval con armadura que sujeta dos espadas en forma de uve con los pomos en llamas. Y del cuello para arriba parecía hecha con otro tipo de piedra más antigua. Los ojos no podían verse en ese casco corintio con cuernos. Una capa de piel de lobo caía por sus hombros. 

Neko se arrodilló ante semejante obra de arte. Recordó cuando era pequeña los movimientos de pleitesía que había que hacer ante Velex. Pero había pasado tanto tiempo que empezó a hacerse un lío, no sabía si primero había de colocar la espada en su pecho y luego arrodillarse.

- Es al revés.
Neko oyó una voz entre las sombras. Una cabeza emergió de la oscuridad. Se presentó como Gulfar y era el clérigo que guardaba la capilla a Velex.

De leyendas y deidades

 

- Velex no siempre fue un Dios. Se dice que empezó como guerrero y a través de su determinación y fuerza fue labrando un ejército que ayudó a separar lo civilizado de lo bárbaro. Los humanos empezamos a gozar de la esperanza, esos pequeños puntos de luz entre el mar de sombras que el mal empuja hacia todas las direcciones, ahogándonos.

- No había oído esa historia. ¿Significa que un humano puede convertirse en un Dios si se lo trabaja? Dijo Neko con curiosidad.

- En los tiempos pretéritos las Reglas del Cielo no estaban escritas. Muchos Dioses habían muerto y otros empezaban a nacer. Hubo un cataclismo, la Yihad. Una guerra santa entre todos los cultos. Sólo debía quedar un Dios para todos los humanos. Todos los demás eran falsos profetas.

- ¿Y Velex ganó la guerra y se convirtió en Dios? Dijo Neko entusiasmada.

- No hubo un vencedor, todos fuimos derrotados de alguna manera. Desde entonces a los clérigos no se nos permite derramar sangre con armas. Es una penitencia que lleva mil años a nuestras espaldas.

La guerrera se quedó mirando entre los huecos del casco del guerrero. No había ojos cincelados. 

- ¿Que secretos guarda esta capilla? Neko volvió a la realidad y sus ojos se clavaron en el guardián del templo.

- Aquí descansan los restos de un grupo de héroes de antaño. El Paladín de Hierro y sus compañeros. Entre sus tesoros se guarda la reliquia que es capaz de quebrar el hueso más negro de un Liche, el Requiem. Martillo de martillos, La voz del Cielo a la Tumba. 

Una poderosa arma. ¿Porque no vas y me la traes guardián? – dijo impacientándose  Se esta haciendo de noche y tengo que proteger a una amiga allí fuera.

- Detrás de la escultura de Vélex hay una enorme puerta de madera. Desde el ataque de los muertos vivientes al Villar empecé a escuchar voces, susurros y sombras. Tuve que salir del interior de la capilla, el miedo me devoraba la mente.

- ¿Que te decían las voces para que salieras tan rápido?

- Blasfemias, herejías sobre el campeón que salvó al pueblo. Escuchaba que el Paladín de Hierro nunca fue un héroe. Dicen que entró en la mansión de los Cícero y mató a la familia de nigromantes a sangre fría, mientras dormían. ¡No puedo quitarme esas voces, me hieren!

Neko se quedó paralizada ante los gritos del clérigo. Debía de ser duro pasar todos los días allí, para volverse loca. Necesitaría ayuda del pueblo para entrar allí y recuperar el martillo. Sería una misión arriesgada, pero mejor que hacer kilómetros en un tonel de madera.

Cuando llegó al claro, se encontró con un fuego a medio apagar. Su perro le había dejado unas ramas secas y Jatziri unos pedazos de cecina. Estaba llena aún por el agua mágica. Hizo la primera guardia. Las horas pasaban y sólo le llegó el ulular de un buho en la lejanía. Pensó dejar descansar la mitad de su cuerpo. Un ojo cerrado y otro abierto. Las horas pasaban y cuando iba a moverse para coger una manta sintió el silbido de dos flechitas.

Jatziri se levantó y cogió una ramita casi apagada de la hoguera. Neko se embozó en la manta escondiendo su espada. Al mover la rama, se veía unas patitas escamosas entre la maleza. Jatziri cargó la honda y golpeó a lo que vío moverse. Un sonido de crujir de huesos y al rato pasitos en la lejanía. Cuando acercaron la luz vieron que se trataba de otro de esos kobolds con la marca de media luna en la mano.

Las preparaciones son esenciales paa el aventurero

A la mañana siguiente, volvieron al Villar. Allí estaba Virgilio, el hijo del alcalde que volvía a sus quehaceres tras los días de luto. Neko les preguntó por la ayuda que necesitaban y el les dijo que mejor hablaran con su padre. El podría cederles algún guardia del pueblo.

De camino a la posada, escucharon que alguien les saludaba a lo lejos. Llevaba un traje verde y un gorro del mismo color. Era delgado y alto. Su piel broncínea y una sonrisa de oreja a oreja. Era Mwutu, el barambali arquero. Famoso por sus pulsos sólo habia perdido UNO en los ultimos años y sus milagrosos pasteles curativos.

- ¡Eh! ¡Amiga! 
Movió sus brazos de un lado a otro. Conocía a Jatziri pero no a la chica que iba a su lado. Al negro se le hicieron los ojos chiribitas. Nunca había visto unos pechos así desde que salió de su jungla. Sus ojos fueron desnudandola mentalmente. Sus manos hacían lo propio con su cuerpo.

Antes de que Neko se sintiera incómoda, le ofreció que les acompañara en su búsqueda. 

- Yo acompañar a dos hermosa mujeres, mi recompensa no querer oro, mi tesoro estar aquí. Yo querer tener hijos con pelirroja. Buena casa en jungla. Mucho coco.

A Neko le quedó grande retirarse de su vida de aventurera. En el camino había catado casi todo hombre. Para ella estaba muy lejos el matrimonio, pero una noche podría ver que escondían esos pantalones de lino verdes.

Fueron a la posada y encontraron a Taddeus sirviendo gachas con muy poca carne. Llevaba varios días dando de comer gratuitamente a su pueblo. No había descansado apenas. Tenía a los guardias trabajando en la empalizada de madera. Neko le ofreció dinero y Taddeus volvió con un enorme cuenco con más carne que caldo.

- Así que váis a explorar el panteón del Paladín de Hierro. Os ofrezco suficiente comida para no tirar de vuestras viandas. En esa mesa tenéis a dos de mis mejores guardias. Estuvieron matando muertos vivientes durante el asedio. 

Tras la comida fueron a ver a los dos chicos. Se presentaron como Justin y Locke. Tenían una pequeña disputa sobre cual mató mas muertos aquella noche: 

¿Pero tu los mataste cuando cayó el mastodonte necrótico? ¡Esos no cuentan!  Dijo Justin a Locke con una jarra de cerveza en su mano.

La novia de Justin se despidió de él. Era de las pocas chicas del pueblo. Delgada y rubia como el sol de la mañana.

Caminaron durante toda la tarde. Pasaron por el bosque. Neko  empezó a pensar en la forma de actuar allí dentro:

- Es una misión dificil, voy a ser la líder del equipo. Quiero que mi negrito y Locke vayan en la vanguardia. Justin quiero que seas la sombra de Jatziri. Ella es la única que puede curarnos. Tenemos que defenderla a toda costa. 

- Sí, ama. Dijo Mwutu con su sonrisa de labios hinchados.

Llegaron a las puertas de la capilla. Allí estaba Gulfar sacándole brillo a la estatua de Vélex:

- Si tenéis problemas allí dentro, a todo aquel que vuelva a la entrada podría sanar sus heridas. He estado rezando varias noches para que La Espada Cruzada nos alivie las heridas.

Bajo las profanadas bóvedas del honor y el valor

Neko que estaba cansada de tanto viaje entró de una patada al recinto. La madera era vieja y se rompió por varias partes. Un frío helador recorrió la entrada de la capilla. Un frío que traía susurros y sombras.

Pasaron por una nave con forma de uve. Había otra escultura de Vélex con un cadáver en el centro. Tenía ropas de clérigo y le faltaban los ojos y las orejas. Tenía un gesto de ira en la mandíbula. Dos puertas rodeaban el recinto y otras dos al final del embudo. La luz del lugar proyectaba sombras en movimiento. De repente hubo una ráfaga de aire y Justin pegó un chillido.

Tenía un tajo en la espalda. Apenas le había rozado las ropas. Un reguero de orina empezó a caer por los pantalones del guerrero.

- Venga Justin, si me llevas 14 zombies de ventaja. Seguro que te lo has hecho al pasar por la puerta rota. Dijo Locke sintiéndose más valiente que su amigo.

- Salir de pared. Yo ver. Muy rápido. Mejor huir a otra habitación. Dijo Mwutu arrimándose al trasero de la pelirroja.

En la confusión del momento, Jatziri sacó su Tomo de Leyendas y empezó a hojearlo. Podría sacar alguna conclusión aunque no sabía por donde buscar. Al abrir el libro se vió en brazos de Justin que la agarró temblando. Iban de camino a la habitación de la izquierda.

Las puertas estaban abiertas y al cruzar el umbral se cerraron de golpe. Dentro habría una oscuridad sobrenatural. Jatziri no podía leer su tomo y se sentía incómoda al ir en volandas.

- ¡Mamá! ¡Que es esto! ¡Ayudadme!

En la más absoluta oscuridad un torbellino de tentáculos viscosos agarró las piernas de Justin. Jatzriri empezó a moverse de un lado a otro. Con un chasquido, el cuerpo de Justin se desvaneció triturado por unas hojas de acero que se movían como dientes hambrientos en el centro del torbellino.

Jatziri volvió al suelo y antes de que fuera tocada por el ser reptante. Neko le lanzó el agua de la caña de bambú. El agua que antes era brillante en ese lago, en la oscuridad era más oscura que la misma. La criatura empezó a moverse como si le echaran sal a una babosa. Estaba derritiéndose en el suelo

- Agua mágica. -Pensó Neko una vez completó su acción aleatoria.

Sintieron varios muebles en aquella sala pequeña. Un bulto de sombras se movió al lado de Mwutu. Era otra de esas criaturas. Mwutu y Locke huyeron desmoralizados pero no podían salir. Dieron golpes a la puerta cerrada.

La situación parecía cruel, incluso mortal. Pero de pronto la luz empezó a filtrarse en el interior de la vieja capilla. Anunciando que un viejo amigo volvía en una hora de necesidad para ayudar a los valientes.

El clérigo que camina disipando las sombras y el miedo

El era Dolan, el clérigo de Scrooge, y quien habia estado ayudando a los aventureros, a los locales y trayendo coraje y fortuna a quien quisiera escuchar. Él tambien había venido a la cripta buscando el Quebrantahuesos, a Requiem, buscando una forma de poder evitar una masacre como la que asedió a Villar las noches anteriores

Dolan llegó a la capilla y atravesó la puerta astillada. Con la jabalina en sus manos, pasó por la nave en forma de uve. A su espalda se proyectó un ser envuelto en sombras. Movía una enorme espada negra y falló su ataque. 

Dentro de la biblioteca, Neko vio como la sombra herida pasó a otro estado mas translúcido y se aprovechó de Mwutu y Locke atacando con una boca que enseñaba otra más pequeña. Jatziri vio como se debilitaban sus compañeros. Tenían las venas de su cuerpo ennegrecidas y en relieve por encima de la piel.

Los golpes repetidos de los guerreros y un último ataque de Dolan hizo que entrara algo de luz a la sala. Jatziri volvió al libro y buscó por muertos vivientes. 

Neko se enfrentaba a sus peores temores pues de la sombra salían varias caras, caras que una vez vió sumidas en la locura durante la Guerra de los Medianos. Eran caras de la locura cuando un Muskin te posee y llena tu cuerpo de pelos y babas.
Allí estaban rostros familiares que recibían tajos de la pelirroja espadachina. Eran golpes certeros y contundentes que hicieron brecha en aquel sudario de miles de caras. Pronto la tenía en el suelo gimoteando ante los fuertes brazos de la guerrera.

La puerta de la biblioteca estaba abierta y empezaron a salir los compañeros. La sombra de Dolan había desaparecido. Dolan vió a Jatziri y le dijo que no era un muerto viviente, pues no pudo expulsar a la criatura con ayuda de Scroog.

- O no es un muerto viviente o Scroog no tiene fuerza en esta capilla. Espero que sea lo primero querida druida.

Jatziri estaba mareada de tanto mover las páginas. Ya no sabía donde buscar. Con un golpe de suerte, movió una página donde salían "Los hijos de Noctis".

- Noctis pertenece a la trinidad de los viejos dioses. El Orden de los Tres, lo componen Valión "La luz del Sol", Aneirin "La plata de la noche" y Noctis "La noche misma". Es la última de los tres y la primera nacida. No tiene astro en el cielo y apenas creyentes. Sólo puede contentarse con ser la sombra que proyectan sus hermanos mayores, la hija de plata y el bendecido Valión. Se cree traicionada por estos dos que usurparon su trono de oscuridad y de sus gritos surgió un lugar entre mundos donde las sombras cobran vida. Allí viven sus hijos, los Nosgos. Seres que se alimentan del sufrimiento, que sólo pueden replicar recuerdos, caras y gestos. <u>No están vivos ni muertos porque nunca nacieron. Sólo la luz los debilita y en un lugar sin sombras no tienen poder</u>. Recitó Jatziri una vez encontró la sabiduría en su Tomo usurpado en la cripta de Uztum el Maldito.

Sabiendo su punto débil, Dolan aprovechó para llenar la sala de velas. Encajándolas en los resquicios de los robustos ladrillos de piedra. 

Locke volvió en sí y lloró la muerte de su amigo. Ayudó a Dolan a sacar el cuerpo del clérigo muerto de la sala. Entre sus objetos personales encontraron un extraño lucero del alba con una uve en llamas:

- Es un buen arma pero en manos de Trench Colbert, clérigo de Stallone-Velex, podría ser todo un azote del mal. Ese clérigo necesita un buen mango en sus manos. Esta es la prueba viviente de que los dioses forjan nuestras almas y nosotros armas para predicar su santa palabra

Avanzaron a la sala de la derecha. Antes de entrar, Dolan retiró las velas de las paredes para reutilizarlas más adelante. Al quitar la ultima vela, una enorme sombra se le apareció errando su espada negra. Dolan sacó fuerzas de Scroog y clavó su jabalina en el ser informe. Sus caras empezaron a burbujear y los susurros se disolvieron por la sala. Por los brazos de Dolan recorrió una extraña energía. Estaba más cerca de Scroog en su infinita sabiduría. La muerte del ser oscuro traía una nota:

"Encontrad esa maldita cosa, no quiero que algún idiota del pueblucho lo use para darnos problemas. C"

La luz de la santidad, las tinieblas de la corrupción

Pasaron a una segunda biblioteca donde sólo habían papeles. Jatziri descubrió un registro de notas donde rezaba un pago de mil monedas de oro por un martillo a Vigdar. El enano que murió devorado por Croqueto el bárbaro. Descubrieron algunos pergaminos de hechizos que podrían ser de ayuda.

Mientras Dolan y Jatziri se entretenían entre papeles. Neko abríó una puerta al sur de esa sala. Iba acompañada de Locke y Mwutu, este último muy cerca de ella. El interior olía a pergamino antiguo, a cerrado. Los muros estaban rodeados por varios ataúdes. Pero no eran ataúdes de madera. Estaban labrados, parecían de gente importante.

Neko abrió uno de ellos para ver lo que contenían. Una mano esquelética salio por el borde. En un momento, el resto de ataúdes se abrió y nueve esqueletos salieron de sus tumbas. No eran el saco de huesos viejos que estaban acostumbrados a ver en otras mazmorras. Estos tenían joyas incrustadas en sus huesos y el blanco de los mismos se reflejaba en sus armaduras. <u>Iban con paz, como si los hubieran despertado tras un largo tiempo</u>. Neko pensó que no eran criaturas malvadas y se arrodilló como hizo con Vélex y con todo guerrero que respetaba. Algunos de los esqueletos sintieron que en otro lugar alguien les ayudaría a descansar. Otros vieron sus ataúdes abiertos y por lo tanto a ladrones de tumbas sin honor. El movimiento de aquellos huesos blancos era hipnótico. Pronto, unas manos blancas se posaron en la cara de Neko. Ella vio a través del vacío de los ojos, un ser que pedía paz y descanso.

Dolan y Jatziri entraron a la sala y vieron como Neko era agarrada por uno de esos esqueletos. Dolan se sirvió de la fuerza de Scroog para devolverlos a su lugar. Jatziri que odiaba a los muertos usó su daga mágica para atacarles. Vio que se les caían gemas incrustadas entre las costillas y se dispuso a cogerlas mientras les atacaba con furia.

Una vez limpiaron la sala, vieron lo que los héroes de antaño ocultaban en sus tumbas. Varios miles de piezas de oro que repartieron entre los cinco. Al fondo de una tumba Neko vio el arma que escondía el esqueleto que le tocó la cabeza, un hacha vorpal. Un arma de épocas pretéritas. Que con un golpe certero podía cercenar cabezas. Al coger el hacha comprendió que eso era más que un arma mágica, era un legado de un antiguo héroe muerto a uno vivo. Un rayo de esperanza para el futuro.

Se cambiaron de armaduras y Jatziri se quedó un poco a cuadros cuando sacó un encaje de aros metálicos que sólo le escondía las partes íntimas

- Vaya vaya, en esta cripta hay más de una sorpresa. He aquí una druida con el mítico bikini de cota de mallas. Hubo un tiempo en el que toda mujer guerrera quería uno y hoy en día ya no se hacen porque la nobleza intelectualoide y feminista los considera un elemento machista de épocas pasadas. Te queda muy bien por cierto. Dijo Dolan con sabiduría. El pobre intentaba concentrarse en la misión. Pero (al igual que con todo hombre en la sala) notaba que la figura de Jatziri tendía a atrapar las miradas.

Estuvieron un rato sacando cada una de las joyas de aquellos huesos blancos. Era un día de recompensa después de tantas noches durmiendo al raso y recordando donde estarán los compañeros muertos…

Tras unas horas entretenidos, fueron a otra sala, una de las cercanas al embudo en uve. Entraron en el cuarto de Gulfar, Entre sus pertenencias Jatziri encontró un diario donde leyó las vivencias del guardián. Una obra de hace 19 años en la tumba del hierro. Hace 15 años contó una versión adulterada de la epopeya del paladín para ocultar a los curiosos la mansión de los Cícero. Un mal sueño donde un viejo cadavérico vuelve a nacer y se alimenta de la sangre de los vivos en su cuna. Gulfar llegó a inspeccionar hace dos meses las ruinas de la mansión de los Cícero y entre las notas de su diario marca la localización del mismo.

Pasaron a la puerta de enfrente y se encontraron en una bodega. Se pararon a comer un poco y entre las chacinas colgadas y los cazos, Dolan vió un yelmo enano con cuernos.

- De manufactura de Vigdar por las runas que veo en ellas. Una lástima que ya no esté entre nosotros. Lo llevaré puesto en honor a su muerte pero algún día se lo devolveré a su tumba. El lo merece más que yo, quizás le proteja esté donde esté.

Pasaron por el pasillo del embudo en uve y se encontraron con un atril que presidía la sala. En el estaba abierta una biblia de Vélex y a ambos lados dos braseros con fuego. Al fondo una enorme puerta de hierro.

Neko se llevó el libro en los brazos y viendo que lo suyo no eran las letras se lo pasó a su amiga lectora. Sin embargo sí que se fijo en los braseros y vio una cadenita de letras en uno de ellos: 

"El favor de Vélex sólo está al alcance de quien no teme derramar su sangre"

Dolan escuchó las palabras de Neko y pasó un dedo por el hacha negra.

- Espero que con esto no se me caiga la cabeza del cuello. Pensó el clérigo al hacerse un corte en el dedo.  ¡Al fin y al cabo, un hacha vorpal sigue siendo un arma vorpal!

Vertió su sangre en uno de los braseros y el portalón de hierro hizo un ruido seco. 

A Neko que le encantaban los acertijos fue a mirar otro de los braseros donde rezaba esta frase:

"Las palabras no son nada, la fuerza lo es todo"

Y Neko que era la más lista de su clase, fue a uno de los braseros y puso su mano en ella. Le empezó a doler la mano y la sacó chamuscada.

- Eres fuerte Neko pero necesitamos esas manos para que empuñes tu espada ¡No para que esté tostada!

Se dedicaron a darle fuertes golpes a la puerta que no cedía con nada. Estaban un poco desesperados, hasta que Neko le quitó el tomo a Jatziri:

- ¡Dame eso, leer no va a servir ahora. Hay que abrir la maldita puerta como sea! 

Y lanzó la biblia al brasero. Al mínimo contacto con las llamas, la puerta volvió a crujir y por fin las dos hojas se abrieron.

La última sala olía a santidad, paz y hierro. Al fondo de la sala habían dos braseros con dos sepulcros de mármol. En uno de ellos veían el relieve de una dama con una daga en sus manos y en la segunda un hombre barbudo embutido en una armadura de placas que sostiene en sus manos un martillo de metal. A sus piés hay una plancha de granito donde se cinceló hace mucho una palabra: Hierro.

Dolan se acercó al sepulcro del viejo héroe. Tomó en sus manos el martillo y comprobó a su pesar que era una copia pues pesaba demasiado y no estaba balanceada. Mientras daba vueltas al arma en sus manos vio una filigrana:

"Buscadme en manos de mi más humilde servidor"

Al menos uno del grupo pudo resolver el acertijo, sólo con eso: Alguien que pudo elegir ser reverenciado. Un héroe en vida, o incluso volver con sus congeneresy sr tratado como un maestro. Pero prefirió una vida humilde en una sencilla aldea, sirviendo a sus paisanos con cuanto puiera dar.

- El viaje no ha sido en vano compañeros. Ya se donde se encuentra el verdadero martillo azote de muertos. Dijo Dolan con asertividad.

Fortuna y Ventura

Volvieron al pueblo al anochecer. Vieron a algunas familias ocupándose de sus seres queridos enterrados en el cementerio. Todo tenía un aire triste y gris. Dolan corrió a la posada y 
le pidió a Taddeus que le dejara las llaves de la herrería de Vidgar. 

- Eso que piensas es una locura, pero te acompañarán los guardías que…¿Donde esta Justin?

Al fondo de la posada una chica rubia empezó a llorar. Locke fué en su ayuda y la abrazó. Locke siempre la quiso en silencio pero no podía hacer nada, era de Justin, pero Justin ya no estaba entre ellos dos.

Mwutu, Dolan, Neko y Jatziri fueron a la casa del herrero. Estuvieron varias horas rebuscando entre todos los muebles. Dolan encontró debajo de la cama del enano una trampilla a un doble suelo. Era del tamaño del enano, pero aun así él se arremangó y exploró: Se lo debía a Bigdar, se lo debía a cuanta gente del pueblo no pudo salvar. Tras un rato explorando, Dolan salió lleno de polvo y magulladuras con una caja de madera entre las manos.

Afuera de la casa del herrero estaba todo el pueblo. Lo que quedaba de él. Los supervivientes hicieron un círculo alrededor del clérigo. Antes de que uno de los guardias abriera la caja. Taddeus dijo unas palabras:

- Aquí tenemos al sucesor del Paladín de Hierro. Ni Vailón ni Vélex nos enviaron a un elegido. Scroog es la nueva guía de este pueblo. Villar será la primera piedra de una enorme nación. Con ayuda de Scroog abriremos nuevas rutas de comercio, las estepas de los centauros serán nuestras y sus riquezas nos ayudarán a levantarnos.
La marca del oeste será tan importante o más que la mierda de Marca del este.
Esta es una nueva tierra de héroes. Aquí empieza nuestro destino como pueblo. Viva Dolan, Viva Scroog, ¡Fortuna y Ventura!

- ¡Fortuna y Ventura!. Gritaron todos al unísono.

El guardia abrió la caja y Dolan llevó el martillo a sus manos. De repente muchos recuerdos le llegaron a su mente. Una mansión en llamas. Muertos que se levantan. una docena de guerreros te sigue. Un grupo de nobles vestidos con túnicas rojas elevan plegarias oscuras. Una oleada de zombies se interpone entre vosotros. A su lado un grupo de jóvenes enfundados en armaduras de negras placas. Cargáis, cargáis y el hueso es destrozado bajo el poder del Réquiem. Vigdar esta a tu lado y acaba de destrozar a un joven. Otro grita y llorando le revienta el cráneo al enano. Tu le arrancas la cabeza de los hombros de un solo golpe. La mansión debe caer. Los nigromantes deben pagar. Malditos sean los Cícero. Gloria a Vélex. El ha muerto. Deben pagar.

r.

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Décimo Capítulo
Un baño de sangre y Muerte

El pasado de un Enano

Montañas grises, hogar de la patria enana, un cuervo vuela con una nota al cuello. La familia Mcraker pide auxilio al único hijo que  olvidaron. De los tres hermanos, Will era el único que repudió la herrería o el comercio, negocios en los que su familia prosperaba.

Familia McCraken y su hijo menor

El pequeño Will soñaba con lo que el llamaba "Oro ganado sin trampas" desde aquel día que vió una moneda teñida y preguntó a su padre de donde venía esa moneda:

Hijo, el oro levanta familias y imperios, deberías de tomar escuela y aprender a hacer algo, pelearse con otros enanos no lleva a ninguna parte. Esa moneda es Konnagrah "oro de sangre de monstruo", sólo esos mendigos de aventuras saben encontrar ese metal tan antiguo y grueso. El resto de las monedas de mi saca es más pequeña y manejabe, pasa de enano a enano, del que vende al que compra, es dinero sano, limpio. ¡Tira esa moneda oscura al abismo donde pertenece!

Will guardó esa moneda en la mano como símbolo de una visión de futuro. El metal viajó con el pasando por tribus orcas y mil aventuras. Ese recuerdo viajó hasta caer en manos de Caleb Fenris, mercenario y rufián. Vendió un pueblo y masacró al primer grupo de amigos de Will. Para él eran su primera familia de verdad, aunque conoció a más gente en Robleda, su primer grupo lo guarda en el corazón. Los vió morir a manos de los bárbaros, sin importar que mano empuñe un arma, la muerte se lo lleva todo. El cuervo sigue volando en busca del hijo olvidado.

En las galeras de Caleb, Will estuvo preso, un esclavo más de aquel oro perdido. Mientras movía sus brazos veía a su mayor enemigo jugar con su moneda. Entre los esclavos conoció a un chico moreno. Al Yasir se llamaba. Durante aquellos días de infortunio, los cuentos sobre las maravillas de Visirtán que le contaba el chico, le hicieron recobrar cierta esperanza.

Llegaron a una isla pequeña donde el dueño de aquellas tierras tenía una extraña fijación por los jovenzuelos. Will estaba hambriento y débil, apenas se sostenía sobre sus piernas. Cuando vió al hombre rico jugar con el crío y a Caleb moviendo su moneda, imaginó que sin esas historias no tendría nada más porque con sus fuerzas apenas podía escribir una. De repente, un viento sopló desde una palmera y hizo a Will recapacitar donde se encontraba. Había elegido el camino del aventurero, estaba ahí porque no queria vivir como un herrero o un comerciante más, iba a tomar lo que quisiera cuando quisiera y no volvería a ver a un amigo caer delante suya. Salvó al chico y huyó dejando una pelea atrás y una isla en llamas. Will había cambiado la vida de Yasir y Yasir empezaba la suya…

La libertad te hace mas rico que todo el oro del mundo.

Un ladronzuelo incorregible

En Robleda un ladrón veía como la ciudad caía en manos de Velex. Vió una pila de libros arder y marchas marciales rodeándo el árbol milenario. Llegaban tiempos oscuros, una guerra peor que la de los tres ejércitos. Se buscaban herejes, se acusaban a brujas, el miedo de la ignorancia había reinado.

El ladrón tomó su equipaje y viajó donde no hubiera guardia movilizada. Una zona tranquila donde hacer sus trabajos sin tener tanta vigilancia alrededor. Jonás que era famoso en robleda por el estofado, le contó que Maese Dolan había partido al Oeste y donde va Dolan crece el dinero. Así que Axl partió en busca del clérigo de los comerciantes.

En su camino conoció a una elfa que nunca le dijo su nombre. A Drako, un clérigo que llevaba unas zapatillas con alas de pájaro y a un guerrero que se llamaba Pepe. Durante el camino, escuchó varias historias que le parecieron fantásticas. El clérigo le contaba las hazañas de Mercurius, dios del comercio y la velocidad. Pepe decía que venía de Viltrum un imperio de superhombres que no necesitaban rezar a nadie porque no hay nada superior a ellos. Pepe no paraba de dejar a ese Dios Mensajero a la altura del betún contando hazañas de la gente de su pueblo. El clérigo terminó por predicar a otros desconocidos. La elfa sonreía mientras tanto.

Nuevos aventureros, viejos problemas

Cuando llegaron a el Villar, se econtraron con un gigante incivilizado. Se hacía llamar Croqueto y no podía entrar en el pueblo. La guardia lo vigilaba constantemente. El hijo del alcalde les dijo que lo habían expulsado por robar a Vigdar Cabezahierro, el herrero enano del pueblo. Intentaron mediar con la guardia para que le dejaran entrar pero no hubo manera. El bárbaro solicitó un combate a primera sangre con el enano porque según lo que decía, le debía una espada. El enano estaba harto de oír los gritos del gigante y le tomó la palabra. De un martillazo dejó dormido al bárbaro. Pepe que andaba por allí vió que era el momento de medir la fuerza de un Viltrumiano. Retó al enano y de un golpe de espada lo dejó en el suelo. Pepe miró al clérigo:

- Mercurius no es tán rápido como la gente de Viltrum. ¡Rézame a mí si tienes huevos!

Anochecía en el Villar y la posada se llenaba de pueblerinos. Mwotu, el barambalí de ébano estaba amasando una torta y especiándola. Decía que por cien monedas de oro sanarían sus heridas. Al Yasir que ya se había encontrado con Will, al que le debía su vida de aventurero, compartieron unas cervezas y intentó comerciar con el negro sin éxito.

Dolan que se enteró del duelo entre el enano y el  guerrero de Viltrum fué a la casa del herrero para sanar sus heridas. Pepe le siguió para cobrarse la victoria del duelo. El enano al abrir los ojos mantuvo su palabra y le regaló un arco al guerrero. Dolan estuvo moviendo las estanterías de las armas de tal manera que su almacén estuviera más ordenado para la venta. El enano le agradeció el gesto y compartieron una cena juntos.

Las risas y las canciones llenaron la posada de alegría. Nunca se había visto una reunión de aventureros tan grande. El alcalde que era tabernero pasaba las jarras al ritmo del tintineo de las monedas. Will descubrió por Yasir que siguió la pista de Caleb Fenris, su archienemigo, que estaba vendiendo más gente en aguas desconocidas.

- Varios reinos están poniendo el ojo en un nuevo continente y algunos se aprovechan para vender mano de obra barata. Deberíamos de frenar al esclavista y liberar a toda esa gente. ¡Vamos Will el Libertador!. Y chocaron sus jarras con alegría.

Axl puntafría ya había pedido una habitación y dado un nombre falso. Este era un pueblo tranquilo donde aparte de los centauros furiosos y una banda de kobolds no había tanto problema suelto. Al ajustar sus herramientas de ladrón vió un bulto oscuro moverse en la lejanía. Sus reflejos de ladrón le advirtieron con rapidez, tensó sus músculos para trepar por el saliente del tejado quería ver que era eso más de cerca.

Masacre nocturna en Villar

Sonaron las doce en el campanario de la iglesia. Rígulus soñaba con cabras en un paisaje idílico. Axl esuchó varios árboles caerse detrás de unas casas, cerca de la empalizada del pueblo. Aquella forma oscura había atrapado a una persona y parecía moverla en el aire cual látigo de carne. Las campanadas se terminaron de dar y del suelo empezaron a salir cuerpos. Axl pudo ver halos de luz púrpura en esas cuencas vacías, halos que apuntaban a la taberna donde las risas y las canciones seguían sonando. No podía avisar a sus compañeros, había demasiado ruido.

La gente dentro de la taberna se llevó una sorpresa cuando vieron salir manos de las ventanas y del suelo. Manos demasiado largas para ser humanas. Manos verdes terminadas en garras. Antes de que pudieran terminar de oír esa canción por décima vez, las tripas volaron del suelo a las mesas. Una vorágine de putrefacción  impidió ver que sucedía. Entre el tumulto, varios aldeanos fueron convertidos en esas bestias. Sus caras desencajadas se giraron ciento ochenta grados mordiendo y salivando. El primer ataque se llevó a  Drako y Croqueto. Will pudo cargar con el clérigo en brazos mientras daba voces a la huida en las habitaciones de arriba. Mientras subía las escaleras, Will recordó a los lobos blancos y negros, llevaba dos encuentros con aprendices de armas que querían ser como el:

"Esa juventud sólo se mueve por la gloria no piensa en el dolor de perder a los seres que más quieres". Pensaba Will mientras se imaginaba en el coliseo de Marvalar batiendo en duelo a todos esos críos con espada afeminados. Volvió una pequeña sonrisa enmedio del caos y el espanto.

Croqueto sentía una mano desgarrándole el pecho. En su tribu a los pequeños los marcaban con fuego y cualquier dolor no era nada. Sus manos se le necrosaron pero Croqueto seguía consciente. Pronto sus ojos se habituaron a ver como lo hacen los no-muertos. Un hambre voraz hacía que sus ojos distiguieran lo vivo de lo muerto. Lo vivo brillaba con un rojo resplandeciente en aquel mar de sombras negras:

- Maaaaataaaaron a peeerrrroooo y caballo robaaaar  Aunque pensara cosas distintas sólo podía decír esas palabras una y otra vez.

El fuego del coraje y la luz de la fé

En las afueras Dolan y Pepe salieron en busca del campanario. Querían dar el aviso al pueblo. Rigulus se despertó de su sueño bucólico y les invitó a llenar varios viales de agua bendita. Pepe se guardó la mayoría de ellos. A la llamada acudieron sólo una madre que llevaba un niño en brazos. También había una persona  mordida que no le dejaron entrar. Entre la iglesia y la taberna había muchos zombies hambrientos. Rígulus preparó su reliquia y salió con Dolan sus plegarias ahuyentaron a los caminantes sin cerebro. Pepe vió que entre la marabunta de monstruos sin valor había uno más grande que tenía tentáculos que terminaban en mitades de cuerpos bamboleándose. Parecía expresarse a flatulencias. Ese era la pieza para un Viltrumiano, el resto no valía ni para gastar acero. Pepe se escondió entre los callejones donde el mastodonte necrótico no podía verle.

Durante la noche, fue Dolan quien practicamente estuvo equilibrando la balanza, destrozando varias docenas de Zombies mientras cantaba salmos de Scrooge. Pero por mucho coraje y capacidad, un solo soldado no puede ganar una guerra. Por cada zombie que lograba destruir, los restos de la horda en otro sitio de la aldea aniquilaba a otra victima infedensa.

En la habitación, Yasir empezó a preparar un fuerte con los muebles que encontró. Tenían poco tiempo, estaban acorralados. Por las escaleras subía Croqueto acompañado por media docena de descerebrados. Los golpes empezaron a mover todo aquel muro de muebles, las manos salían por fuera. Will intentó hacer primeros auxilios al clérigo de mercurio, pero no pudo hacer nada por reanimarlo. La situación le sobrepasaba. Los muertos rompieron todas las defensas y una garra se clavó en la cara de Yasir arrancándola por la mitad.  Will volvió al presente como aquella vez en la isla que le hizo comprender que sólo el presente hace a los héroes. "Deja de imaginar enano, piensa sólo en sobrevivir, tú has elegido este camino, fácil hubiera sido quedarse en casa con esos padres enanos" Will tuvo que aguantar las lágrimas, pues estaba roto por dentro.

Una cuerda apareció por la ventana en el último momento. Will empezó a apretujarse con su escudo para dejar que la elfa subiera primero. Varias manos intentaron alcanzar a esa viviente. Will la protegía como si la conociera de toda la vida. Los zombies avanzaban dejando al enano acorralado en aquella habitación. La cuerda estaba allí pero las fuerzas no le llegaron a los brazos. Quería matar a toda esa escoria:

- ¡Muerte! Se que estás ahí ¡Aquí hay un enano! No voy a huír ¡Si me quieres llévame! ¡Prefiero luchar a huír!. – Will cayó al suelo inconsciente. Había sido arañado por uno de esos no muertos.

De entre los cuerpos convalecientes asomó los hombros de Croqueto que pudo reconocer al enano rodeado de sombras negras cuyos hilos púrpuras conectaban con el mastodonte en la plaza. Pese a tener un momento para ayudar al enano, su instinto primario se movió a la pieza mas importante:

- Enaaano, ese no comida, mi comer Cabezalataaaaa, deber espadaaaa, caballlloooo, perrrrro.

Croquetó abandonó a Will mientras las garras de los seres lo despedazaban.

Desde la azotea Axl pudo rescatar con la cuerda a Dolan. Mwotu estaba asistiendo a la elfa con su arco. Disparaban a la criatura en la plaza. Algunas flechas erraron pero una de ellas, la más certera proveniente de la elfa se clavó en la cabeza del monstruo desinchando aquella forma, explotando como un globo de pus. Pepe pudo ver que ese golpe le distrajo al monstruo y empezó a tirarle viales de agua bendita, viendo como aquel agua quemaba al ser informe, derritiéndolo. Un último vial hizo del monstruo una sopa negra con tropezones de cuerpos. Todos los zombies de alrededor se quedaron parados y sus ojos dejaron de brillar como fuego fatuo.

Pepe se quedó dándo golpes a los zombies que quedaban quietos. Uno de ellos que se resistía a caer en la maldición paseaba de camino a la casa del herrero:

- Mi espaaaada, debeeees espaaaada. Cabaaaalllo, peerrrro, serebroooo.

Vigdar despertó mientras veía como las fauces del bárbaro se abrían para desmenuzar sus intestinos. Los ojos de croqueto se apagaron y otro enano cayó en la noche sangrienta.

La mañana de los supervivientes

A la mañana siguiente los pocos supervivientes fueron al cementerio. Rigulus desempolvaba unas lápidas donde podía leerse: Familia Cícero.

- Sabíamos que algún día las sombras volverían al Villar. El Paladín de Hierro y Vigdar que aquí yace acabaron con esa familia de cultistas de Noctis. Si Valión es la Luz, Noctis es su sombra. Tal y como el Paladín con su martillo Requiem nos trajo la luz y la civilización al Villar, ahora es nuestra noche más oscura porque este día es el aniversario de la muerte de la familia Cicero y sobre vuestras familias ha caído la venganza como una guadaña. Nuevos héroes se alzarán para buscar el Réquiem y devolver la paz a esas almas. Quizás Valión se ayude de Scroog y…

- Stalion, el verdadero avatar de Velex. Más fuego y sangre se necesita para apagar esa llama que os condena. Los pueblos se levantan en armas, la venganza con sangre entra y con muerte sale. Yo, Trench Colbert traeré la paz. Pero no hay paz sin guerra. ¡Guerra a la muerte!

Dolan nunca había visto a ese hombre. En sus ojos nacía la llama del conflicto puro. Sus ropas le delataban como otro clérigo como Rigulus y como él, pero aun más charlatán y en verdad menos activo.

Los pueblerinos fieles seguidores de Valión empezaron a dudar de  la luz del sol pues esa mañana nublaba. Sus corazones estaban divididos entre la furia de Stalion y las bondades de Scroog. Quizás quien traiga más pruebas de valor sea quien deba coronarse como sucesor del Paladín de Hierro.

Nuestros héroes se encaminaron hacia la capilla de Velex. Donde allí estaban las ruinas de la mansión de los Cícero. Por el camino Pepe probó la capa que pudo robarle al zombie del bárbaro. De repente desapareció a la vista en medio del bosque:

Invisible en el bosque, esta bien para matar muchas cosas y ser fuerte, interesante Pensó Pepe.

La hora de la Venganza

Por el camino, mientras Trench y Dolan discutían de religión, el clérigo de Stalion pisó una rama y fué advertido por Dolan una fracción de segundo antes de caer en una trampa: Las ramas cayeron y se vieron unas lanzas clavadas en un pequeño foso. Unos gritos salvajes se oyeron en la lejanía. Algunas flechas silbaron para clavarse en Dolan.

Pepe avanzó por la maleza cual depredador, y vió el cuerpecito de un kobold de espaldas sujetando un arco. De un golpe de espada, el cuerpo del kobold se quedó destrozado por la mitad. Sus compañeros huyeron despavoridos, otros se quedaron pues no habían visto como su amigo había sido troceado tan rápido. Dolan y Trench acabaron con los kobolds y descubrieron que tenían una marca de una luna en sus manos.

- Rajalunas, todo empieza a encajar. Dijo Dolan con certeza.

Al caer la noche encontraron las puertas de la capilla de Velex. Allí una estatua de un caballero con casco corintio con cuernos vigilaba el interior. Encendieron los fuegos y buscaron un lugar donde descansar. Dolan encontró un claro con un lago que brillaba demasiado para oscurecerse luego.

A las puertas de la mansión, una historia se repite. ¿Quien se llevará la gloria de ser el sucesor de las hazañas del Paladín de Hierro?

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Noveno Capítulo
Los límites de la crueldad

Capítulo 9

El Inicio

Paladín y Enano

Marvalar, capital del Reino Bosque. Cuyas altas cúpulas son el manifiesto de la gloria de la humanidad. Antaño un cúmulo de tribus humanas se unió para domesticar todas las fuerzas que le reducían, llámalo naturaleza, magia y razas no-humanas. Fue la fuerza de la espada la que delimitó lo civilizado de lo no civilizado. Y potenciar la cultura y las costumbres, olvidar la lucha de épocas pasadas, fue lo que debilitó el reino. Johan Aerth II, maestro de esgrima de la corte de la Reina Vigdis II lo sabe y lo comunica a sus alumnos antes de empezar cualquier clase:

- ¡Debilidad! ¡Eso es lo que significa cuando perdéis el tiempo en visitar a los sastres para que os vistan de sedas ¡Es cuando perdéis el tiempo estudiando ciencias y letras!. ¡Os da flojera seguir partiendo patas de madera de esos muñecos! ¡Acaso la demostración del enano extranjero no os hizo ensuciar vuestros pantalones! ¡Eso es verdadera fuerza!. ¡Dejad de pagarme con vuestro sucio dinero y salid a buscar la muerte!. ¡Las mejores lecciones de esgrima no las da un profesor, las da la vida!

Aquella vez no estaba rodeado de alumnos, esa vez estaba discutiendo con su hijastro. Grenadier era un joven cuya vida le había dado malas noticias. Su verdadero padre había muerto, su madre enferma mental huyó de sus brazos para ir al Lazareto. Sólo le quedaba un frío padre, su fé en Valión y la fuerza que le da la juventud.

Lo que era una bronca más, se convirtió en otra separación, esta vez de su tierra y sus amigos. Su padrastro le compró un viaje en barco para que fuera adiestrado por el Enanito Mac Craker. En el viaje en barco, Grenadier se mecía entre las olas rezando al Valion, el Sol Invicto, desde que amanecía hasta la salida de la Luna, Aneirin su esposa.

El Elfo y el Pícaro de la ciudad centenaria

 

En Robleda quedaban dos aventureros, Athelnulf y Skar. El elfo esperaba noticias del pajarillo azul que envió al Valle Sagrado. Skar reparaba sus heridas tras el encuentro con los Vendedores de Piel de Monstruo. Le había crecido una pequeñita cola donde antes podía lucir un buen miembro escamoso.

Ambos, se encontraron en el Pistacho Crudo. El elfo se extraño al oír que un hombre lagarto sabía el idioma común. Hace más de treinta años, la vidente Athalas comentó en uno de los consejos élficos que había otras razas no féericas que habían tomado consciencia en la lucha contra Noctis. Algunos monstruos habían empezado su lucha cuando las Razas Antiguas había dejado de luchar. Quizás fuera porque los que se llaman héroes habían abusado de su posición, matando a sus familias y saqueando sus casas en aquellas mazmorras oscuras. Quizás detrás de la Era del Hombre venga la Era del Monstruo, lo que hizo que el consejo se dispersara.

El pajarillo azul había vuelto después de varias semanas, traía noticias al joven elfo, al norte de las Colinas Rojas se encontraría con sus hermanos de sangre. El silvano sabía que toda su familia estaba en el Valle Sagrado, no sabía a que se refería el mensajero de plumaje azul.

Partieron sin demora cogiendo el primer barco de la mañana.

Los guardianes de la fe

 

Volvemos a la posada de la Tortuga, allí estaba Tormod junto a la druida Jatziri y Dolan Irongear, el Sacerdote. Habían pasado unos días desde que enviaron al infierno al Nefando Uztum y su legión de Hombres de Cera. En aquel día aciago, donde Draugur cayó fulminado y el corazón de Kolgrim era devorado por el Perro-negro-que-llama-a la-muerte. Allí estaba en el claro del bosque, El pequeño y barbudo Will viendo cómo un grupo de lobos blancos aparecía de la nada para acabar con unos lobos negros. Dolan y Jatziri yacían en el suelo. "Eso solo pasa cuando el cielo quiere enviar un mensaje, acabo de presenciar una epifanía" "Lobos blancos y lobos negros" "Valión contra Noctis" "Quizás sólo sea una coincidencia". Al pronto llegaron dos exploradores para rescatar a los caídos.

Un encuentro fortuito

Pronto se reunieron Skar, Athelnulf y Grenadier. Los días pasaron con tranqulidad en aquella fonda cerca de la costa. Tormod empezó a hacer cuentas y ver que la caída del Nefando le acarrearía cerrar su negocio. Ya no habría mas aventureros que fueran a gastar el dinero en su local. Tendría que volver a poner su vida en peligro y salir a buscar unas monedas. Le ofreció al grupo que les buscara algunos monstruos o animales débiles para rellenar las cuevas del nefando, les pagaría bien por ello. Lo dijo con tanta cara de preocupación que empezaron a brotar las risas en aquel local. La cálida noche la animó el bardo parlanchín que les ofreció una canción a cambio de aliviar su sed:

Ha muerto la luciérnaga
Una estrella se ha apagado
No tenemos consuelo,
Quienes disfrutamos de tu luz

Ha muerto nuestro amigo.
Hemos perdido el corazón.
Llantos de savia
Se consumió la luciérnaga

Ahora estoy solo
Ahora los árboles no reirán
No tenemos consuelo

Que amargas son nuestras lágrimas

Pues no son hijas de la risa
Nos secan los ojos
Triste tributo
Para nuestra luciérnaga.

El bardo quiso negociar con los allí presentes. Les ofrecía ir con ellos a cambio de escribir sus historias. Luego también pensó en si los aventureros deberían de cobrar porque sus historias fueran relatadas, un bardo adelantado a su tiempo. Un extraño cantor.

A la mañana siguiente, Tormod esperaba un cargamento de víveres. Llegó a sus puertas Zacam, un orondo conductor de carros que entró al local dejando en la mesa un enorme búfalo:

- ¡Traigo 15 piezas como esta Tormod! La mejor carne que hayas probado nunca. Se hace muy bien por fuera y queda jugosa y rosa por dentro. Haz unas costillas ya verás como tu local empieza a llenarse con el olor.

Efectivamente, el olor hizo que los aventureros se levantaran temprano. El elfo y la druida vieron como del cuerpo del animal sólo quedaba una cabeza con cuernos. El animal muerto tenía el rostro de un santo degollado. Sus cuernos tenían bulbos en forma de pequeñas joyas. No parecía un animal, era algo más sagrado.

Un Convoy marcado

Así pues, con la promesa del dinero para unos o simplemente una salida del lugar para otros, Zacam convenció a los aventureros a que les acompañara a llevar el carromato de vuelta al Villar. El elfo se negó pero de alguna manera tenía que pagarle al hombre lagarto el viaje en barco. Todavía no se acostumbraba al peso de las monedas en los viajes. La druida tenía un mal presentimiento. Les fueron pagadas 15 monedas de oro, un adelanto de las 50 de oro por cada uno de ellos. Era más que suficiente. Algunos ya había viajado en carro y pagado por ello. Pese al dinero notaron que el carro no iba por una ruta comercial, empezó a moverse entre las colinas arriba y abajo.

El carromato estaba compuesto por tres carros. El primero estaba ocupado por Zacam,el bardo y Jatziri. El segundo tenía los restos de los búfalos, pieles y huesos. En él iban Dolan y Skar. El tercero tenía toneles de agua y vino y iban custodiados por Grenadier y el Enano. Los burros iban atados a los lados del segundo y tercer carro. El perro de la druida y el halcón de Dolan iban sueltos. El elfo fué montado en su caballo moviéndose entre las cabinas con soltura.

Dolan se fijó en en los ojos del reptil. Había algo humano en ellos. Skar le preguntó al clérigo:

- ¿Porque los dioses sólo pueden hablar a los humanos? ¿Acaso no pueden haber clérigos entre los elfos, enanos y gente de mi especie? ¿No tenemos derecho a tener gente que sane nuestras heridas?

- Los dioses son gente extraña. Se mueven por caprichos. Scroog enseñó a los humanos a dejar de usar intercambios para mover monedas. Ya ves tu que hechizo más poderoso que es el dinero que puede curar mejor que cualquier curandero. El inicia aventuras y llena de alegrías nuestros bolsillos. A lo mejor dejaron de hablarles a los no humanos por algo que hicieron en el pasado…

En el vagón del enano y el paladín, se movieron para revisar el contenido. El joven caballero le dijo que le conocía de cuando visitó Marvalar. Que si algún día podría reventar muñecos de madera como él:

- Podrás si eres capaz de caer y levantarte como ese muñeco de madera que recibe y siempre esta quieto. No te tiene que doler nada, siempre tienes que estar preparado para lo peor jovenzuelo. La muerte no distingue al más preparado que al que apenas empieza. Disfruta del paisaje, ahora es tiempo de paz.

El camino pasó sin incidencias. Athelnulf se acercaba a observar que todo seguía su marcha. Zacam no paraba de hablar del negocio de los búfalos que le llevaría a ser un hombre rico.

Al atardecer, mientras Dolan explicaba los dones de Scroog a Skar y de como podría levantar la civilización de los hombres lagarto del pantano. Quizá no podría llevar los poderes de Scrooge a esa gente, pero su sabiduría era un regalo para todo aquel que pudiera escuchar. Y cuando los dos amigos hacian planes una flecha silvó para atravesar el cuello del clérigo.

La cruel emboscada. Vida por Vida

La sangre bendita de Dolan cayó a borbotones y Skar se refugió entre las pieles de búfalo. Para cualquier hombre era una herida mortal de necesidad, y sólo la magia de Scrooge le permitió prolongar un poco su vida in extremis cuando Dolan ya notaba las garras de la muerte acercandose.

Pero no estaban en absoluto fuera de peligro: Se oyeron gritos y pisadas de caballos en la lejanía. Athelnulf pudo desviarse del camino para interceptar a alguno de los atacantes. Levantó la mano y saltó una chispa de sus dedos que fué a pararse a las piernas del atacante. Era un centauro con pinturas salvajes y plumas. El rayo hizo que cayera sobre sus patas traseras. El enano al oír el ataque y ver que una flecha se clavaba en el torso de su burro, saltó del carro para encararse con el enemigo. Rodó por el suelo y se incorporó, pero no pudo llegar muy lejos porque iba bien armado y el contrincante se movía a la velocidad de un caballo.

Otra tanda de flechas fué a parar al carromato. Algunas se clavaron en Dolan, otra fué a Skar que pese a estar cubierto sufrió una herida letal. Dolan no tuvo tiempo de ver si su nuevo creyente seguía vivo, mientras rezaba a Scroog para curar su herida de flecha.

- ¡Maestro!

Para Grenadier, aquel enano sería su nuevo padre, alguien fuerte de verdad, cuando lo vió saltar del carro, otras flechas se clavaban en los maderos. Los gritos de los salvajes, todo era confuso y el Sol le cegaba los ojos. Antes de que pudiera sacar su espada, una flecha se clavó en su torso. Empezó a ver la sangre y su espada a punto de salir de la vaina. Aquel enano le dijo que ser el más fuerte no significa nada, ser el más fuerte sólo sirve para proteger a los débiles. Rezó sin parar mientras la sangre caía a los maderos. "Valión es la luz, soy uno con Valión". Aquel día los dioses parecían sordos incluso a oídos humanos. El joven paladín cayó al suelo a punto de sacar la espada y enfrentarse al enemigo. "Recoge toda esa sangre y cierra tu herida" Le recordó a su padrastro aquel primer día de entrenamiento.

Athelnulf bajó de su montura para usarla de escudo. Jatziri bajó del carro para auxiliar a los que estaban fuera. Seguir en el carro era darle un pase a la muerte. Sólo Dolan quedó dentro del carro que se marchaba lejos.

Uno de los centauros se acercó con las manos en alto hacia el grupo del elfo y la druida. El enano de lejos intentó salvarlos a tiro de ballesta. El sol brillaba fuerte y le impedía acertar. Pese a las flechas que le caían cerca, el centauro caminaba con paso firme y decidido:

- Hombres matar búfalo sagrado, tribu castigar vida por vida. Yo no atacar caravana, pero tribu pedirme vida por vida. Ser rito de iniciación, sólo yo volver si llevarles vida por vida.

Athelnulf entendió un poco de lo que quería decir y con pena le entregó el caballo. Jatziri que amaba demasiado a sus animales no le entregó nada, tenía mucho miedo de esos salvajes. Y Will estuvo una docena de veces a punto de intentar atacar a su muy superior enemigo.
La palabra es INTENTAR, por supuesto.

Viendo que Jatziri y Athelnuff eran personas especiales, que sobresalían entre el resto de los mortales, el centauro le ofreció al elfo visitar su aldea oculta. Dejó marchar a la druida y al enano, quienes evitaron el camino del carro y marcharon entre las colinas.

Pero de vuelta al camino y el caerromato, Dolan seguia bajo el ataque de los Centauros. El clérigo revisó el bulto de Skar y vió una flecha clavada en su ojo. Pero para su desgracia no tenia tiempo ni para sentir dolor por la perdida de un amigo y volvió a tapar aquel bulto. Luego miró al pescante donde estaba el conductor, le faltaba la cabeza pero sus manos seguían llevando las cuerdas de los caballos. Dolan reconoció que el ataque se enfocó a la parte del carro que llevaba las pieles, así que decidió retirar las cuerdas que ataban la primera cabina del resto. Al tiempo pensó en volver para rescatar a sus amigos, pero alrededor de la caravana se habían reunido una docena de centauros. Era mejor seguir adelante y encontrar el pueblo antes de que anochezca.

Un lugar sagrado en los bosques

De vuelta con Athelnuff, el centauro le pidió permiso para taparle los ojos al elfo con un trozo de tela, pues la ciudad era secreta. Athelnulf aceptó, y aun así sintió las ramas entre sus brazos. Tras unas vueltas le llegó el olor de una hoguera y unas voces que no entendía. Con el pañuelo quitado pudo ver algunas tiendas de piel con extraños dibujos. De dentro salía la figura de un mago con barba grís. Se presentó como Mendril, al parecer estaba allí como profesor de idioma común a cambio de algo de sabiduría arcana de los chamanes centauros. Le acompañaron hasta la tienda del jefe centauro que lucía grandes trenzas y una cara seria:

- Pueblo humano invadir todo sin pedir permiso, primero fueron a por la correhuela, flor que cura heridas, luego asentamiento del Villar, ahora nosotros perder búfalo sagrado. Centauros ser paciente como caballo pero cuando perderlo todo, lado caballo vence al lado humano. Sólo pedir quince vidas por quince vidas sagradas. Nosotros nunca matar sólo cuidar y proteger. Pero amigos del que mata ser también asesinos y sus cadáveres servir mejor a moscas y criatura del lodo.

Estaba en lo cierto, mientras que los burros y perros del carromato estaban en buenas manos y cuidados. Una discusión se abría para hacer algo con Skar y el paladín, los amigos muertos. Al final Athelnulf convenció al líder de los centauros y se ofició un entierro de la mano de Mendril. Aunque no era clérigo imitaba los gestos de un chamán que allí estaba. Los tambores llamaron a la pérdida aquella noche.

La ciudad asediada por dos flancos

Dolan llegó a las puertas de la ciudad del Villar. Era un pueblo de construcciones de madera. A parecer la marca del oeste era lo que prometía. Allí le esperaba un joven granjero. Se presentó como Virgilio, el hijo del alcalde que regenta la posada del pueblo. Les indicó que el pueblo tiene problemas con los centauros y con una banda de kobolds liderado por Rajalunas. Se ofrece una recompensa de 400 monedas de oro a quien traiga la cabeza del ladrón de ganado:

- Si venís de visita hay poco que ver, salvo a Lorden el druida del bosque, siempre anda entretenido con las dríades y las ninfas que allí habitan. Es un bosque antiguo y mágico. A mi me encanta ír para bueno, ya sabes, hacer de sátiro un rato. Jeje.

Al poco tiempo se incorporó el elfo que traía al mago en la grupa de su caballo y le acompañaba el resto de burros del grupo. Escuchó la palabra dríade, ninfa y le vino a la mente lo de "hermanos de sangre" que le dijo el pajarillo. Las leyendas de los elfos decían que antes de levantar su civilización eran una sola raza feérica pero la ambición les pudo y empezaron a haber diferencias de poder entre los seres mágicos. "Al final comportarse como hombres viene de antes de que estos nacieran" pensó el elfo que siempre tenía una mirada distante como si el tiempo se parara. Era salir del Valle y ver como había asuntos por resolver mas allá de sus tierras. Heridas de otros tiempos que no cierran.

Pasaron a las tiendas que por allí habían. Dolan sabía que todo el oro del mundo no puede vencer a la muerte pero si evitar sus golpes. Así que vendió su brazalete de oro ganado en la cripta de Uztum para comprarle una armadura de Varillas. El elfo empezó a ver que mas allá de las diferencias entre las razas había un alma. Le era difícil aceptar un regalo del que habla de simples asuntos mundanos. Pero tras el ataque de los centauros sabía que había que estar protegido:

- Es peligroso ir solo, toma esto.

El elfo levantó la armadura con gesto de satisfacción.

El resto de la tarde estuvieron en compañía de Vigdar Cabezahierro, un enano con una chapa en el cráneo. Al parecer era de la escuela de Tormod, un aventurero que lo deja para montar un negocio. Hace más herraduras que armas aunque algo tenía por allí para la ocasión. Les contó que en sus aventuras fue escudero del Paladín de Hierro, un héroe local. Cuya réplica de su martillo de hierro destaca en la puerta de su herrería.

La posada no podía tener otro nombre: El martillo de Hierro. Estaba siempre llena de gente. Esta vez un barambali, un hombre de raza negra ofrecía un combate de pulso. Dolan vió que la algarabía venía del negro y sus dotes. Así que invitó a hacer apuestas y ofrecerse de contrincante. El mago Mendril apostó por el clérigo hasta perder 30 monedas de oro. Estaba completamente vencido hasta que alguien del local dijo: ¡Lucha de miembros!. Alrededor de hizo un círculo que impidió al mago ver de que se trataba ese duelo. Al rato salió el negro del local avergonzado. Le habían ganado. "Una lástima no haber apostado esta vez", dijo el mago.

El posadero-alcalde se presentó como Taddeus y ofreció Sidra para todo el mundo. En la barra había un bárbaro con cara de pocos amigos, se trataba de Croqueto el bárbaro. Un hombre robusto que sólo hablaba de la pérdida de su perro y el robo de su caballo. Tan pronto como vió que no le prestaban atención por su drama, salió al abrevadero para robar un caballo. "Ahora sólo quedaba vengar la muerte de mi perro", pensó.

Taddeus les comentó el caso de los kobolds y sus ataques al pueblo. Deberían de preguntar a los aldeanos mas cercanos al muro de madera que recorre el pueblo. El bárbaro le dijo que necesitaba oro para armarse y el posadero le dijo que hablara con Cabezahierro, el enano salió de los hornos de metal y empezó a insultar al bárbaro. Mientras tanto Will el enano no dejaba de insultar al paciente clérigo Dolan.

Este último, viendo que Croqueto no tenia dinero siquiera para pagarse una noche de estancia, no dudó en mover algo más de su fortuna y pagarle la estadía en la posada. Al fin y al cabo, Scrooge nos enseña que el dinero sólo esta vivo cuando circula y cuando cambia de manos.

A la caza de Rajalunas

Por la mañana, los aventureros siguieron las pistas de los vecinos del lugar. Todos menos Jatziri y el elfo. Athelnulf ya se había internado en el bosque donde se encontró con un clérigo de Velex que protegía una capilla en honor a los caídos durante la leyenda del Paladín de Hierro. La druida pensó en deshacerse de una receta de galletas. El posadero quiso comprársela y viendo que sabía hacer buenos postres le ofreció un trabajo en su posada. Jatziri pensó en buscar un trabajo de verdad que jugarse la vida, quizá así hiciera unas pocas monedas. Aunque no se le daba mal, su sitio estaba junto a los árboles y no rodeada de cacerolas. Pronto se le unió el granjero hijo de Taddeus que sintió a la druida como alguien que le quitaría su trabajo.

Gracias a las capacidades de rastreo de Croqueto, pudieron seguir las huellas de los kobolds hacia la entrada del bosque. Pasando por entre varios árboles vieron una piedra que brillaba. Al acercase a ella vieron que el brillo provenía de unas figuras con forma de elfos pequeños, hablaban tan rápido que no se les entendía nada. El enano se quedó tan ensimismado que las hadas empezaron a desnudarlo. Con las intimidades al aire empezó a entrarle un frío que lo devolvió a la escena. Las hadas empezaron a reírse mientras jugaban con sus pantalones. Fue a por su hacha para matar esos mosquitos mágicos pero su hacha volaba también por un grupo de hadas. Le pidieron que bailara para ellos. Con la cara sonrojada empezó a menearse haciendo una polca. "En un duelo con el barambali hubiera perdido" Dijo Dolan al fijarse en su campanita en movimiento.

El mago vió que la piedra era algo más que una simple roca. Las hadas iban ahí para recargar su magia. Al parecer cerca de ella le venían los hechizo más rápido a la mente. "Curiosa piedra" pensó el mago al tocarla.

Siguieron el camino hasta escuchar el ruído ronco de un animal salvaje. Delante suya habían dos jabalíes en carga. Se juntaron en formación para proteger al mago entre ellos y los burros. Una lanza del clérigo se clavó y partió en uno de los grandes cerdos. "Ya tenemos raciones" dijo el clérigo.

El trágico descubrimiento de la tarde

Pasaron por otro claro donde las ramas parecían quebradas y negras, algo tocó el cuello del clérigo que se dió la vuelta para ver un cuerpo colgado de sus propias tripas. Por la descripción de su ropa no podía ser otro que Lorden, el protector del bosque.

Descolgaron el cuerpo del druida para darle entierro hasta que el enano que llevaba peleándose con sus pantalones "Para mi que me los han empequeñecido, malditas moscas cojoneras" se topó con unos pechos translúcidos. La figura algo rellenita de una dríade. Llevaba un vestido blanco que no dejaba nada a la imaginación:

- Soy Sonrisa de Otoño, ¿habéis visto a Lorden?

Flotando entre los aventureros se posó en el druida muerto. Lo agarró y empezaron a caerle lágrimas como gotas de rocío:

Ha muerto la luciérnaga
Una estrella se ha apagado
No tenemos consuelo,
Quienes disfrutamos de tu luz

Ha muerto nuestro amigo.
Hemos perdido el corazón.
Llantos de savia
Se consumió la luciérnaga

Ahora estoy solo
Ahora los árboles no reirán
No tenemos consuelo

Que amargas son nuestras lágrimas

Pues no son hijas de la risa
Nos secan los ojos
Triste tributo
Para nuestra luciérnaga.

El enano recordó que ya había oído esa canción: "¿Donde estará el bardo? ¿murió en la caravana? ¿Más epifanías? ¡Esto es de locos!"

Los árboles se empezaron a juntar y de sus ramas salieron brazos y caras. Mas dríades se unieron para despedirse de su amigo. Incluso las hadas empezaron a tocar una canción moviendo sus alas que sonaban a cristal. El aire estaba cargado y costaba respirar. Era una sensación que aumentaba la tristeza y elevaba a la vez. Todas en un remolino de calor y luces apagadas. Antes de que terminaran, Sonrisa de Otoño les ofreció un obsequio por traerles el cuerpo de Lorden:

- Es una capa que te hace invisible en el bosque. Usadla con responsabilidad. Es un obsequio muy antiguo.

Croqueto se vió arropado por esa capa. Comprendió que la dríade no tenía nada que ver con la muerte de su perro aunque le dolían los ojos de tanta luz y vocecitas agudas. Estaba feliz pero tenía hambre y cansancio.

- No podéis ver lo que vamos a hacer ahora. No es para ojos humanos. Dijo la dríade que les invitó a salir del bosque.

Salieron al amanecer oyendo una música a sus espaldas. Los árboles se movían con fuerza como si hablaran entre ellos. Las voces llegaron a oídos de Jatziri que seguía sirviendo sidra en la taberna. "De nuevo me reclama el bosque pero siempre me toca cuando estoy lejos, el sabrá cuidarse", pensó la druida.

Atravesaron de nuevo las puertas de la ciudad y fueron recibidos por un guardia pelirrojo y bizco. Hacía bien su trabajo pese a notarsele un poco lento al hablar.

El grupo volvió a la taberna. Le pidieron a la nueva camarera unas jarras de sidra y estofado para comer. Ella, pensando en más monedas, quiso subir el precio de la comida. Tan pronto como se enteró Taddeus, la druida fué despedida como camarera. "Bueno ya sé que esto no es lo mío, tendré que buscar otro trabajo, quizás curandera" pensó la druida.

Taddeus se reunió y empezó a contar las hazañas del Paladín de Hierro. Cuando dijo que mató cuarenta orcos en una batalla, el enano herrero que salió de su casa en pijama le rebatió como todas las noches aquella historia, le rectificó que no fueron cuarenta sino cincuenta y dos. El bárbaro aprovechó para salir de la taberna y entrar en la tienda del herrero que encontró abierta. Ya tenia su espada. Pero al rato toda la guardia de la ciudad se colocó a la salida. El enano empezó a gritar, el arma fué devuelta y se le echó al bárbaro de la ciudad. Aquella noche Cabezahierro no dormió tranquilo, ese bárbaro tendrá que pagar por la afrenta.

Habían más misterios que resolver en aquella villa en el Oeste de la Marca

 

Tesoros

  • Capa Élfica (Se oculta en la noche, y mejora la defensa) Croqueto
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Octavo capitulo
Secretos de este mundo

Continuando una leyenda

En uno de los camarotes del navío del Capitán Jack, marinero amigo de Dolan, viajaba un guerrero feroz. La carga de su espada delataba grandes batallas, la última fue la peor. Fue contratado como mercenario por el Ejército del Este durante la Batalla del Sagrario. Una alianza Visirtaníes y Hombres del Este contra las feroces huestes provenientes de Páramo Oscuro. Algunos los asimilaban a simples hombres salvajes del norte, pero cuando estabas allí, espada en mano, un frío helador se apoderaba de tu cuerpo. Kolgrim vivió esa batalla aunque no la recuerda. Sujetaba con firmeza su espada y se encaró a un grupo de bárbaros. Su espada sajó a uno de ellos, que le devolvía una mirada con ojos en blanco. Eran inmunes al dolor en ese estado de furia inhumana. Pronto se vió superado en número y cayó al suelo malherido. Sus ojos despertaron en una tienda de huesos y pieles.

- "El hombre es un lobo para el hombre"

Apenas pudo entender esas palabras del hombre anciano que curaba sus heridas. Tenía la cara cubierta de marcas azules y movía un sonajero de huesos mientras tapaba sus heridas con una fría sustancia. Kolgrim sintió un ardor desde la herida a su mente, algo le llamaba de lejos. Un aullido espectral, unas fauces de lobo hambriento que se abrían en el suelo, pronto su ego sería consumido. Hasta que recordó a un viejo amigo de niño, aquel que le enseñó que con la fuerza de la espada, lo que imaginara sería suyo. Durante el resto de la batalla Kolgrim fué otra persona para salvar la suya propia.

Desde entonces convive con esa voz, que vuelve a él en las noches de soledad y hoguera. En aquel camarote las charlas interiores eran cada vez más intimidantes.

- El destino tiene las patas muy cortas, El Perro Negro ya tiene tu olor, tu alma, te busca. Lo que no obtuvo en aquella batalla, lo tendrá ahora. Lleva persiguiéndote desde que me encontraste.

- Con el oro que encuentre en esa cripta podré pagarme un clérigo para que te expulse, estúpida voz, no me dejas dormir.¡Cállate!

Así fueron las noches de Kolgrim en el barco de Jack. Los mareos que le provocó en el barco, le hicieron salir más tarde que Dolan, el clérigo. Pronto llegó a la posada de la Tortuga. Allí estaba Tormod que recibía a los viajeros con una sonrisa y una jarra en la mano:

- Otro más en busca de poder y gloria. Si buscas compañeros, llevan unos días fuera, espero que a la vuelta sepan donde gastar bien merecido botín. El viejo Tormod siempre tiene buenas historias.

Kolgrim le pidió que fuera al grano, no había venido a oír, había venido a ejercitarse tras varios días de viaje en barco.

Aquel al que buscan, tiene un nombre. El nefando Uztum fué antes una persona. Un visirtaní sirviente de la casa real de Sheba. Hacía las labores de escriba, pero lo que más le entusiasmaba era ayudar a Zenobia, la bruja real a preparar los potingues de belleza de la reina. Perfeccionó esas artes hasta superar a su maestra, la cual tuvo que matar para quedarse su puesto como alquimista del reino.

La obsesión por mejorar la vida humana a través de los brebajes se vió truncada al ver pasar por los pasillos de su torre a una doncella cuya piel era el reflejo de las dunas. Talibah era su nombre y fué la perdición del brujo al saber que no podía tener su amor nisiquiera con uno de sus licores de amor. Aquel intento de poseerla por medio de las artes alquímicas hizo que Talibah muriera con fuertes dolores y vomitando pus verde oscura. Uztum siempre la tuvo en el recuerdo pues por un momento le recordaba que el amor le podría salvar su alma.

Las muertes en palacio hicieron que la guardia se pusiera a investigar y antes de que pudieran tomar la torre del brujo, este escapó atravesando el desierto con la velocidad de un pájaro. Se llevó consigo sus fórmulas para empezar una nueva vida en otra tierra. Allí en la costa de las colinas rojas aguardaban secretos y oscuridad.

Kolgrim marchó camino del río Oxus. Atravesó una arboleda donde sintió que uno de los arbustos se movía. Espada en mano bordeó la maleza hasta encontrarse cara a cara con una persona sucia, vestida de cortezas de árboles y coronado por ramas. Al parecer lo había pillado haciendo sus necesidades, pero para el viejo druida no era excremento sino abono para que las plantas crecieran. Ellas le daban sus frutos y el le devolvía el favor de esa manera.

Los compañeros del Guerrero

Kolgrim se despidió del loco druida y marchó hasta encontrar una cueva en un acantilado. Ya habían saqueado una de las grutas donde vió piratas muertos. Se fijó en otra entrada oculta por una roca y antes de que pudiera cruzarla fué sorprendido por una mesa volcada que se movía sola. Preguntó y la mesa bajó al suelo para salir de ella un semiorco con hábitos de monje.

 Kolgrim estaba acostumbrado a actuar delante de criaturas que sólo entendían el idioma del acero. Pero para su sorpresa, aun con el acero ya desenfundado y la guardia presta, ese semiorco hablaba su idioma y no cargó contra el guerrero con rabia. Había paz en esos ojos monstruo, había cansancio de muchas vidas intentando ser la mano de Thorias en la tierra. No era un simple semiorco, sino un hombre santo quien le hablaba

Dolan se desperto más tarde que sus compañeros, abrió los ojos cuando escuchó la voz de su compañero el piel verde hablando con alguien en la boca de la cueva. El clérigo se presentó al guerrero diciéndole que por ahora sólo habían visto un grupo de goblins haciendo su vida en la cueva y que podrían continuar su camino gracias a las llaves que soltó el cadáver de un kenku.

El grupo se internó en las sombras de la cueva. Pasaron por la habitación del hongo violáceo que yacía como un caldo pringoso en el suelo. Klogrim se fijó en la escultura de madera de la mujer la golpeó hasta que en pedazos encontró una nota en su interior. Dolan se encargó de dejar la escultura fuera de la cueva, en la orilla.

A su vuelta, Kolgrim se encontraba cerca de una puerta que requería una llave. Dolan le dió el manojo de llaves ensangrentadas y le pidió que usara una flecha para tapar cualquier agujero de la cerradura. La puerta se abrió y hizo sonar un resorte que impactó en la punta de la flecha partiéndola. "Mejor una flecha menos que un compañero muerto" Dijo Dolan con sabididuría.

Pasaron por una sala rectangular que tenía frescos en sus paredes. Esto ya se parecía a una casa en el interior de la cueva. Todo estaba decorado y estucado. La escena en la roca representaba a varias mujeres haciendo una ofrenda a una mujer en el centro. Kolgrim se fijó que la belleza de esa mujer cambiaba depende del lado de la pared en la que miraras. La belleza se convertía en fealdad de una vejez monstruosa. Al lado de una puerta había un tirador de argolla.

Había una puerta cuyo dintel tenía unas palabras en visirtaní pero parecía que alguien había escrito lo mismo con un cuchillo. "Inspirado por la divinidad" leyó Dolan. El clérigo del viaje y la fortuna paseó por la sala hasta descubrir que divinidad era la que regía las almas de Visirtán. Recordó una lección de religiones del mundo, de las primeras que daba en el templo de Scroog. Casi todos los pueblos adoran a dioses masculinos, todos menos Visirtán cuyos fieles rezan a la estrella el alba, los benditos de Ishtar. Dolan reconoció el nombre de esta deidad, y lo dijo en voz alta. "Ishtar", dijo con fuerza "ISHTAR", le respondió el eco de la sala y la puerta empezó a abrirse lentamente.

Pasaron por una enorme sala, antes de que pudieran ver su interior, la puerta empezó a cerrarse. La druida colocó su antorcha en el borde, momento en el que Dolan aprovechó para clavar una de sus piquetas en el suelo. "Las puertas mágicas me dan claustrofobia" dijo Dolan.

La primera sorpresa de muchas

En el interior pudieron ver varios jergones de paja y mantas raídas. Al fondo había una enorme olla que crepitaba con fuego. Dolan contó los jergones y daba el mismo número que goblins que salieron a visitarles. Allí no había ningún ruído, sólo la marmita haciéndose. Kolgrim se dispuso a tocar cada una de las paredes a ver si por suerte encontraba alguna recompensa oculta. Jatziri se fijó la comida que había colgada cerca de la marmita, quiso darle un bocado a la carne seca colgada pero su olor no le daba buena espina.

El hambre y la curiosidad hicieron que la druida se acercara a la marmita. De repente, la marmita se volcó sola y de su interior salió una gran cantidad de cera derretida. A Jatziri le cayó toda la cera caliente hasta dejarla inconsciente. Dolan fué a salvar a su compañera, dándole sus últimas bayas curativas. El montón de cera se esparramó por el suelo para más tarde volverse compacto. Le empezaron a salir apéndides al bulto amarillento. Se levantó sobre sus patas y empezó a caminar. Kolgrim esperó que la cera se enfriara para cargar contra la criatura mágica. El horror céreo podía encajar golpes sin sentir dolor, hasta que el bastón de Dolan consiguió quebrar la mitad del ser recién creado. "El creador de esto debe pagar por jugar a ser Dios" Dijo Dolan dándo el último golpe.

Volvieron a la sala de los frescos, volviendo a decir el nombre de la diosa para que la puerta se abriera. Cerca tenian un pasillo que se bifurcaba y tomaron por la habitación de la izquierda. La druida pudo iluminar una sala cubierta de libros hasta el techo. Todas las paredes tenían estanterías con volúmenes de todos los temas. Scroog fué de inmediato a por uno de gramática. Le traumaba el hecho de saber leer pero no escribir, se decía que era un problema que afectaba a muchos de ese mundo. Quizás alguna maldición de las civilizaciones antiguas por jugar con magia arcana.

Jatziri fué a por los pergaminos en blanco. Desde que conoció a Palominus vió que había gente que podía guardar hechizos escribiéndolos. Aunque no sabía si podría guardar la sabiduría milenaria de la naturaleza en forma de caracteres. Al recoger varios pergaminos un enorme volumen le cayó a la cabeza, "Tomo de Leyendas" y al hojear sus páginas pudo ver notas de viajeros de otros tiempos. Aparecían pedazos de mapas de lugares y miniaturas de criaturas de todo el mundo conocido. Era un ejemplar interesante. El monje se fijó en un libro que le llamaba con su energía. Se había topado con un volumen arcano de conjuros mágicos. "Si Palominus siguiera con nosotros podría enseñarme eso que leo que pone manos ardientes". Dijo el monje con astucia.

El rostro del mal

Antes de que pudieran tomar un descanso y saciar su curiosidad con la lectura en aquella sala. Escucharon un ruido a su derecha. Avanzaron hacia el final de la biblioteca que daba a un gran salón ceremonial. Una cámara semicircular con un trono dorado y lujosas cortinas. Una gran mesa de mármol tenía un mapa abierto y muchas hojas esparcidas. La sala tenia una iluminación fúnebre y apagada. Antes de que pudieran acercarse a su centro, se oyó un crujir de huesos y se vieron rodeados por seis esqueletos. Dolan agarró su emblema de Scroog para que ese mal no-muerto huyera pero no pudo decirlo con soltura. Kolgrim atacó con valentía hasta destrozar uno de aquellos viejos huesos. El clérigo que se vió rodeado por la muerte dijo las palabras correctas y aquel mal volvió al polvo.

Detrás de las cortinas se oyeron unos pasos y cuatro criaturas de cera se colocaron guardando la sala. Estos ya estaban formados, parecían casi humanos. Algunos tenían partes que parecían piel entre la cubierta amarillenta. No tenían intención de atacar, guardaban el lugar como gárgolas. Jatziri acudió a su libro de Leyendas y descubrió un antiguo mito del Continente Perdido: Los dioses caprichosos hicieron humanos de diferentes materiales: Humanos de barro, humanos de madera, humanos de cera. La palabra humano estaba tachada y ponía en su lugar, esclavos de los dioses. Los humanos de cera fueron obra de Ah-Muzencab, el que guarda la miel, el Dios-Abeja.

Kolgrim estaba nervioso y empezó a golpear a  uno de los seres. Dolan hizo lo mismo. Jatziri seguía buscando alguna pista en el libro para derrotarlos sin usar la fuerza. Cada golpe sólo ayudaba a que los guardianes despertaran. Draugur ya había perdido su última lanza y usó una piedra atada con cuerda como arma improvisada. La lucha era infructuosa, cada golpe devuelto era más difícil de encajar.

Las estatuas de cera golpeaban impasibles mientras los héroes buscaban alguna debilidad. Jatziri tocó su cornamenta de ciervo, lo que para algunos era un tocado, para ella era un hueso más que le salía del cráneo. De pequeña sabía que ese don que parecía la risa en su aldea era el sinónimo de una nacida de la tierra, al tocarlos sentía al árbol interior y su energía le era transmitida. Usó la mímica para hacer una bola y de repente le acompaño flotando una bola ígnea. Pudo ver unos ojitos de humo,  era fuego viviente y le ayudaría. Avanzó hacía las criaturas de cera y empezaron a derretirse, Kolgrim y Dolan aprovecharon para darles unos golpes más. Pronto aquellos guardianes céreos dejaron libre la sala.

Los cuatro llegaron a la mesa donde pudieron ver un mapa con figuras de ajedrez marcando las capitales de la nobleza. Esas figuras llegaban a todo el globo. Incluyendo el lejano oriente de Draugur, Magyar y Anforah. Junto a ese mapa había una lista de reyes y otras figuras de poder de cada una de esas casas nobles y al lado del tintero una fórmula incomprensible donde podía leerse: "Cera y carne humana". Antes de que pudieran relacionar los documentos una voz surgió del trono dorado. Ocultaba su rostro con una máscara de cera:

- Habéis llegado lejos, pero mi plan ya ha comenzado. Los hombres de cera sustituirán a los reyes y reinas del mundo. Harán mi voluntad aunque yo esté muerto. Ah Muzencab es el verdadero Dios y moverá los hilos allí donde sus fieles no llegan. Su miel es la vida eterna. Venid y probad la picadura del dios del zumbido". Sus manos empezaron a chisporrotear y un rayo atravesó a Draugur pulverizándolo.

Unas lágrimas de dolor cruzaron la cara de Dolan que vió como su compañero desaparecía delante de sus narices. Cargó con su bastón y golpeó al enmascarado. Kolgrim le acompañó pues odiaba que siempre los villanos contaran su plan antes de morir, pareciendo un relato de cualquier bardo.

Uztum aguantó varios golpes y pudo lanzar todas sus chispas. La cara ya la tenía aboyada, su cuerpo era una ristra de sangre y carne colgante. Al morir con el último golpe soltó una risa. "Mi plan ya ha empezado, Ah- Muzencab llévame a la tierra prometida, tendremos el mundo, la magia sagrada de los árboles y todos los falsos dioses de la Ley serán enterrados". Al decir esto, su cara explotó con un charco de sangre dejando la máscara de cera en el suelo.

En su túnica pudieron ver que colgaba una cimitarra con la empuñadura labrada y una daga con filo en zigzag con la cabeza de un tigre en el mango. También había un anillo brillante. "Todos estos tesoros valen menos que un compañero muerto, otra vez a enterrar" Dijo Dolan con tristeza.

Salieron de la cripta del nefando y tomaron por la arboleda de vuelta. Era de noche y escucharon un aullido. "Aquí está, lo siento" dijo Kolgrim con la voz de otra persona. Se vieron rodeados por cuatro lobos hambrientos, uno de ellos parecía su líder, era completamente negro. Kolgrim vió a los ojos a la muerte y el lobo saltó para llevárselo. Colmillo y acero, un hombre es un lobo para el hombre y su destino, vencerlo. El lobo negro atrevesó el pecho de Kolgrim para sacar su corazón. Jatziri, presa del pánico, invocó a los animales haciendo aspavientos. Uno de aquellos lobos saltó sobre ella y la dejó en el suelo. Los compañeros de aventuras cayeron al suelo rodeados por la jauría del hambre y el infierno. Otro aullar se oyó en la lejanía pero no pudieron ver nada, sólo las estrellas en el cielo.

Despertaron en la posada de la Tortuga. Tormod estaba jugando con las cimitarra visirtaní. Llevaban varios días de descanso. Las heridas habían sanado pero sólo dos habían vuelto.

"Llámalo suerte o destino, quizás sea verdad que los dioses salvan a los que creen en ellos" Dijo Tormod a Dolan. Los guardabosques protectores de la Colina Roja estaban allí y les contaron que al llegar vieron una pelea de lobos, unos blancos y otros negros. "La Ley y el Caos" "Valión y Noctis" Quizás sea un presagio de buena fortuna, dijo Dolan con la mano en el pecho, pues no se iba a librar de enterrar a dos amigos muertos.

Tesoros

  • Libro de Hechizos (Draugur) ¡Destruido!
  • Anillo Mágico de Proteccion (Jatziri)
  • Cimitarra Mágica (Kolgrim, Luego Jatziri)
  • Tomo de Leyendas (Jatziri)
  • Mascara de Revelación (Dolan)
  • ¡Mucho oro! (A repartir)
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Sexto Capitulo
Limpiando los errores de otros

La reunión del Segundo Equipo

El mismo día que Palominus, Melchior, Kolgrim, Pada y Mardú marcharon; la ciudad de Robleda impasible a los actos de los héroes hizo su día a día. Granes, el sacerdote de la ciudad, al terminar su nombramiento a Pada, se quedó hablando con Jaztziri. Tras su arenga racista, lo que le faltaba era ver cómo se paseaba una sombra de la antigua religión pagana alrededor del "gran toldo de la ciudad" como el llamaba al roble milenario de robleda. Centro de la ciudad que daba sombra a su iglesia. Jaztziri  hizo oídos sordos a palabras necias que hablaban de tener la verdad y decirle cómo debía vestirse y comportarse una mujer. Compartió una cerveza en la Rana Verde con su compañero Will Macracker. Era mejor escuchar batallitas del enano que sermones de odio del cura.

Alrededor del roble, una figura paseaba, iba montada a caballo. Pertenecía a una raza olvidada. Athelnulf era un elfo silvano, cuya procesión por la ciudad recordaba a viejos tiempos. Sentía el pesar de los elfos, el canto último, a medida que se acercaba a las enormes raíces del árbol. Antaño, toda la tierra de la marca era cubierta por el bosque, protegido por los elfos. Poco a poco empezaron a salir esos monos que rompieron el equilibrio. El elfo se paraba a ver cómo perdían el tiempo aquellos seres trabajando materia inerte, trabajando la tierra sólo para buscar beneficios y hablando de cosas sin sentido. Ignoraban la importancia del árbol. La misión del elfo era viajar por el mundo para revisar el estado de los árboles milenarios. Para su raza no eran simples troncos de madera, sino centros de poder mágico. Sabía que aparte del de Robleda había otro en tierras Magyar, en el valle de Szendrö.

Dolan hacía su ruta entre los comerciantes de Robleda, movía el poco dinero que tenía en el bolsillo. Para Scroog, el dios del viaje y el dinero, mover esas monedas era hacer que la idea de "El dinero es tu dios" llegara más lejos. Entre los tenderetes vió a varios monaguillos de Granes probándole sotanas de seda. No hacía falta mucho tiempo para que los clérigos notaran la presencia el uno del otro. La palabrería de Dolan parecía entretener la curiosidad del viejo charlatán. No podía creer que las monedas de oro fueran más importantes que creer en la luz que nos salva a todos. Concertó una cita con Dolan para contarle algunos asuntos. Realmente lo que le importaba a Granes no era el dios al que le profesaba sino que ese Clérigo del dinero estaba armado y podría reclutar a soldados para erradicar el mal en las afueras.

En movimiento, sin desplazarse del lugar

El elfo llegó a las raices del árbol. A través de sus pupilas entró una vibración diferente a la luz que dibuja colores. Era más parecida a la calidez de las estrellas mezclada con el telar mágico que une mundos y emociones primarias. Se quedó parado recibiendo información a través de sus ojos, recorriendo sus extremidades. El árbol empezó a ennegrecerse, su centro mágico a desgastarse, oía un rumor de tambores en la lejanía. Una batalla entre Orcus y Thorias en otros niveles de existencia. Un espejo crepuscular le enseñó una visión de un futuro posible, aquel árbol caería encima de la iglesia. Se perdía un nudo mágico, el telar de conexión mágica se deshilacharía. El espejo se partió y esa línea del tiempo se esfumó como humo en la distancia. Tanto el elfo como la druida salieron de la parálisis de sus almas. La sombra que recorría el árbol trepó a lo más profundo de la tierra.

Cuando la druida despertó de su desmayo, ayudada por el enano y el camarero de la Rana. Lo primero que pensó era en volver a Magyar, en estar en todas partes, en salvar algo que la superaba. Pero estaba lejos de volver a su tierra. Así que marchó al centro de la ciudad. Se paró en las raíces del árbol y lo miró como se mira a un ser querido que has visto como muere sin poder hacer nada por él. De entre las ramas, una hoja cayó a la vez que una lágrima salía de los ojos de la druida. La lágrima tocó el suelo y la hoja su cabeza. No había vuelto a pasar esto desde que Jatziri abrió los ojos por primera vez bajo el árbol de la vida, el día de su nacimiento. Había vuelto a conectar con la tierra.

Mientras Dolan y Athelnulf discutían sobre economía sagrada y los valores de la naturaleza. La druida abrazó fuerte al árbol, como su su vida le fuese en ello. Pronto, el elfo reconoció a una verdadera humana. Una humana que en vez de perder el tiempo en conceptos vacíos, trabajando cosas muertas, se dedicaba en cuerpo y alma a las cosas que verdaderamente importan. Las cosas vivas. Hubo un tiempo en el que druidas y elfos trabajaban como pastores de los seres vivos. Compartiendo sabiduría y emociones puras. Tiempos en los que se usaban menos palabras sin significado, más gestos; más abrazos. Todo estaba vinculado.

La druida y el elfo empezaron a entenderse, de sus bocas salían verdades antiguas, cosas que para la gente del día a día no tienen sentido. Para Dolan todo acto busca un beneficio y las voces de los que ofrecen su tiempo a cuidar cuidar cosas sin matarlas y sacarles su valor en oro era poco más que perder el tiempo.

El elfo le pidió a la druida que llamara a los "ángeles cantores". La druida entendió lo que más tarde se le puso nombre de pájaros. Elevó sus manos al cielo, se agachó y dio tres palmadas en el suelo:

- "Állatok Gyertek!"

Al pasar unos minutos, cuatro pájaros de diferentes colores se posaron en las manos de la druida. El elfo susurró unas palabras a un pajarillo azul. Quería enviar un mensaje a su tierra natal "El Valle Sagrado". Decirles que el árbol milenario de robleda había pasado por algo malo pero se había recuperado. Seguiría investigando.

El clérigo llegaba tarde con su cita con el sacerdote. Granes estaba cambiando las velas de su iglesia. Granes quería confesarse y necesitaba la ayuda de Dolan. En el confesionario, le contó que antes de volcar su alma a Valion, tuvo un hijo con una prostituta. El hijo y la mujer le reclamaron varias veces a la puerta de  su iglesia, pero su pasado no podía interferir en sus labores con el dios de la luz. Ignoró a su hijo que poco a poco se fué desviando del verdadero camino y tocó las sombras. Cartaramún buscó otro padre, de raza visirtaní, tierra de cúpulas y infieles. Cambió a Valión por Orcus y como venganza se refugió en una fortaleza cercana a una ciénaga. A Granes le gustaría enterrar a su hijo para salvar su alma a Valión. Y castigar al culpable algún día, ese padre oscuro y maldito.

Al escuchar salir de la boca la palabra Orcus. Las manos de Dolan temblaron. Se agarró a su bastón y pensó en quién podía contar para esa misión.

La idea de acabar con una maldad captó la atención inmediata de Jatziri y de Athelnulf, pero Will insistia en regatear, en reclamar adelantos, suministros y quien sabe que más. Parecia que estaba convencido de que Dolan era un banco al que atracar más que un clerigo de la economia y la aventura. Al final fue el joven elfo quien mandó a callar al barbudo trayendo un cervatillo que abatió de un flechazo. "¿Sirve esto como raciones?"

En movimiento hacia el cubil del mal

Marcharon a la luz del alba, aunque recibieran la bendición de Valion. Los aventureros tenían sus propios dioses de su lado. Bordearon la ciénaga y al fondo, una torre con la cubierta derruida. La druida invocó a un búho que oteó la estructura desde las alturas. Encontraron una cuerda colgando de una ventana que aprovecharon para subir. Vieron por los suelos cuerpos de kobolds y otros aventureros que por allí pasaron. Dolan reconoció la cabeza de Clark y trozos de su cuerpo. Los juntó en un trapo viejo. "De aquí van a salir más de un entierro, dinero para la iglesia, dinero que se mueve, dinero y gloria para Scroog, al fin y al cabo".

Los aposentos de la torre estaban en absoluto silencio, el elfo aprovechó para explorar las salas. Se paró en una puerta con candado y atravesó una sala pequeña. De repente fué asaltado con una daga en el cuello. Una voz femenina le preguntaba quien era y si venía acompañado. Viendo que no eran enemigos, el elfo vió a una joven semidesnuda con heridas de clavos por todo el cuerpo. Se presentó como Layla y les dijo que la torre estaba abandonada excepto por un murmullo de voces bajando la trampilla de la sala donde el elfo fue asaltado por ella.

Bajaron con cautela, siguiendo la formación del enano. Vieron un pasillo que se perdía en ele a la izquierda. Las voces provenían de la sala más cercana a ellos. Era un repetir constante de palabras en vetusto. Dolan pensó el Cartaramún y algún oscuro ritual. Pero fué parado por la druida que reconoció la voz del mago Palominus. Estaría aprendiendo algún hechizo.

Layla no se atrevió a entrar en la sala al bordear la esquina. Dijo que era allí donde la torturaron, que allí encontrarían el cadáver del clérigo que buscaban. Dolan dejó preparada esa mortaja. Enfrente de esa sala, había otra donde la luz de la linterna de aceite de Dolan mostró todas esas sensaciones del elfo y la druida. Yacían tres cuerpos de clérigos alrededor de un círculo de sangre que dibujaba un árbol. Dos ojos rojos con polvo de azufre rodeaban el círculo mágico. Eran el símbolo de Orcus y el del árbol de Robleda. Alguien había parado el oscuro ritual que haría caer el árbol en Robleda. Quizas Palominus pudiera contarles algo más cuando saliera de su meditación.

El enano avanzó por el pasillo viendo varias celdas con cofres saqueados. Cuando creyó que el camino se cortaba, vió una ranura oculta en la pared del fondo. De su interior emanaba un olor putrefacto. Avanzaron con cautela hasta llegar a una hoja clavada en una pared y un cuerpo despedazado. "Granes se va a hacer rico a entierros" Pensó Dolan.

El camino se hacía cada vez más estrecho, eran paredes cavadas en la roca. Parecieron pisar algo en el suelo, pero el resorte no se activó. El olor los rodeó, almizcle y heces. Los pies del enano pisaron algo que se movió al fondo de las rocas. El elfo tuvo menos suerte pues esa cosa verde empezó a trepar por sus piernas y cubrió su arco de madera, derritiéndola. Sentía gelatina fría pegada a sus piernas, la ropa empezaba deshacerse. Rápidamente, el enano prendió una antorcha en la lampara de aceite y la pringue verde huyó haciendo un ruido de flatulencia. "Me gustan los elfos con pantalones cortos" Dijo Will con una sonrisa entre sus barbas.

El origen de toda la maldad

Llegaron a un portal con un relieve de personas ardiendo entre las llamas de un páramo oscuro. Entre las dos hojas del portal, una figura esquelética con una túnica negra sentada en un trono, mira al infinito con sus ojos rojos. "La muerte es dulce , pero su antesala cruel" reza en el borde de la puerta.

Layla les dijo que Cartaramún buscaba el poder dentro de esa sala pero no se atrevió a abrirla porque sabía que lo que había dentro era más poderoso que él. La luz de la linterna iluminó la cara de la mujer en harapos. Las miradas de los aventureros empezaron a reflejarse en sospecha. Recorrió la luz de Dolan las curvas de la muchacha, hasta pararse en unos ojos rojos dibujados detrás de su nuca. "Nos has llevado a una trampa, sirviente de Orcus" Dijo Dolan. Sus compañeros la rodearon. Pero ella se llevó las manos a la cara y relató porque la tenían allí secuestrada. "Necesitaban la sangre menstrual de una virgen para dibujar el árbol que visteis, viendo que no tenían suficiente me metieron en una dama de hierro para que mi alma fuera alimento de Orcus y el árbol cayera. Me negé a participar en el ritual y por eso me torturaron". Las armas dejaron de apuntarle: La sangre no mentía y el dolor de recordar una agonía no podía fingirse: Desde ese momento creyeron a la muchacha.

El enano abrió la puerta con valentía, sintió una fuerza que quería retenerle allí pero pudo sobrepasarla. Dentro de una sala atrapada en otro tiempo, vieron varios ataúdes y un catafalco con un esqueleto armado de ojos rojos. Antes de que pudieran dar un paso, los esqueletos se levantaron de los ataúdes y los rodearon. Un golpe de espada de huesos que crugen abatió al clérigo haciéndole perder sangre. Detrás de él, la druida lanzó su hechizo de curación que cerró la herida y con la fuerza de Scroog, el clérigo lanzó unas monedas frente a los esqueletos que explotaron. La habitación tenía un silencio sepulcral. Dolan, animado por la fuerza de su dios, empujó con una pértiga al esqueleto con armadura. Cayó polvo y pequeños trozos de hueso. De repente, el esqueleto movió un brazo y partió la pértiga. Un fuego rojo emanaba de esa figura siniestra. " Los nuevos dioses no tienen poder aquí, la muerte es el precio a pagar por vivir, guardad un par de monedas para vuestros ojos, Tendréis que pagar a Caronte un viaje de ida donde no se vuelve". El grupo aprovechó para golpear con sus armas al siniestro ser, el daño descomponía sus huesos pero la llama roja seguía crepitando. El incorpóreo tocó el pecho de Dolan que sintió como sus habilidades se perdían, tenía miedo de las aguas del más allá. Miedo de esos ojos rojos. Layla, al fondo del pasillo, gritó a los aventureros que esa criatura no recibía daño de armas, sólo magia. Era el fuego rojo lo que debían de derrotar. El elfo apuntó con sus dedos y una flecha voló hacia la sombra roja, el azul se mezcló con el rojo pero no consiguió apagarla. "Retirada" dijo el enano que se prestó a cubrir a sus compañeros. El esqueleto sonrió y sus manos frías tocaron al enano. Se sintió muy débil, al igual que el clérigo.

Salieron de la fortaleza, sus pasos se mezclaban con la risa del esqueleto. Tras varios días, llegaron a Robleda. Granes vió varias mortajas en su iglesia, Una de ellas la abrió y vió los ojos de su hijo. Con un gran pesar hizo los preparativos del entierro. Clark, Comida, Melchior eran los hombres que salvaron robleda. Granes restauró la debilidad de los héroes, usó dinero del cepillo de la iglesia para pagarles, les dió comida suficiente para que no se preocuparan. El siguiente paso era derrotar al padre oscuro que hizo enfermar de odio a su hijo. En la costa encontrarían algo peor y maldito.

Una familia de granjeros acudió al entierro, eran Jonatan y Martha que venían como su hijo bajaba al pozo cavado en la tierra. El último y verdadero dungeon.

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Quinto capítulo
El fin de la luz

Amanecer en la ciudad

La oscuridad siempre tendrá un adversario. Su guerra es recordada todos los días. El Sol, es el Dios Supremo del la Ley. Los hombres lo conocen como Valion. En Robleda, junto al roble milenario, descansa los arbotantes de la iglesia a la luz solar. Hoy es es el día mas importante para Pada, va a ser nombrado paladín. Sus familiares, devotos del padre luminoso, escuchan las palabras de Granes, el sacerdote. La armadura de Pada, brillaba con fuerza ese día de gloria.

"Los días pueden ser duros, podemos caer, sufrir y la muerte es inesperada. Ante esos momentos debemos mirar al cielo y verle a Él, que lucha todos los días para iluminar nuestro camino. Pada, recibe las bendiciones de Valion, nuestro señor, llénate de su luz y vence al mal que reside fuera y dentro de nosotros".

Los pueblerinos de la plaza claman "Salve Valion, Tu luz me guía. Soy uno con tu luz". El olor a incienso los embriaga. Elevándolos del peso de los días hacia el cielo.

Cerca de las raíces del árbol de la ciudad, paseaban dos extranjeros. Mardú y Kalgrim. No era complicado distinguir un aventurero del resto de los habitantes. Salir de la comodidad de una ciudad, vivir el peligro presente, los hacía más atentos y sus miradas lo reflejaban. Detrás de los asistentes veían la celebración del nombramiento de Pada. Sabían que ese ritual era un sacrificio más a las criaturas que moraban en las afueras.

Mardú, era un cazador nato, para él toda esa gente era un rebaño más y las ciudades una cárcel. Sus ojos prefieren perderse en el horizonte. La espada de Kalgrim había estado en varias batallas, la sangre había nublado su mente, cada segundo de tranquilidad dejaba a Kalgrim nervioso, su corazón reclamaba acción a cada instante.

Palominus había abierto su mapa, Melchior observaba sus dedos enjoyados. Mardú y Kalgrim llegaron a la posada de la Rana, sedientos. Aunque habían visto las notas del clérigo Dolan, habían tomado la decisión de ir por su cuenta. Melchior sabía una ruta diferente que no pasaba por el pantano y podía colarlos por la puerta de atrás. Mardú accedió a ir mientras le pagara Melchior, que le había prometido mucho oro, pues la primera vez sacó un buen pellizco.

Clark, apodado "el hombre de acero" buscaba a Dolan, pero vió a gente ensimismada alrededor de un mapa y se apuntó a la misión. Pala salió con sus amigos de la guardia de la ciudad a terminar la celebración en algún garito, encontraron la llamada del destino en aquel local junto al fuego.

La bebida fluyó y la conversación irritó al paladín que no podía creer que tan cerca de la ciudad pudiera haber peligros. Mientras oía acerca de los tesoros, imaginó nuevos candelabros de oro en el altar de su iglesia.

Amaneció un nuevo día, eran las horas del rezo de mañana, Pada junto a la estatua de Valion pidió fuerzas, luz y valor pues la verdadera prueba de ser caballero empezaría ese día. Y toda armadura es insuficiente sino se tiene valor en el corazón.

Los héroes que desafian al mal

Partieron desde la Rana, seis héroes y un burro. Palominus empezó a quejarse por la ruta de Melchior. Esta empezaba a accidentarse, había que escalar muchas rocas y los huesos del mago eran frágiles. Pasaron un par de días sin problemas, lograron descansar a una legua de la torre derruida. Pensaron en aprovechar la noche para asaltarla, pero al final retrocedieron y esperaron que amaneciera. En la penúltima guardia de la noche, Kalgrim parecía discutir con alguien. Podía haber vencido en muchas batallas, gracias a una voz, un amigo interior que le acompañaba, en esos días de soledad, el, la espada y la muerte.

Llegaron a la parte trasera de la torre, Melchior subió primero para dejar una cuerda. Subieron todos sin problemas, menos Palominus, sus brazos amoratados por el duro camino del ladrón, le ayudaron tirando de la cuerda. Oyeron una voz, era Clark, estaba abajo y se había levantado tarde. Le dijeron que tomara por la puerta de entrada, que le esperarían abajo. Clark sacó su arma y bordeó la torre con precaución.

Melchior vió que las cosas estaban tal cual lo dejaron la última vez. Fueron pasando por las habitaciones, cuando de repente, habían oído unos ruidos detrás de los muebles apilados del pasillo. Alguien pedía ayuda, mientras sus miembros eran cercenados. "Mas muerte en la torre" pensaba el ladrón mientras veía los restos de un mediano en el suelo. Con ayuda del paladín y el guerrero bloquearon la entrada al pasillo. El primer kobold recibió la bendición de acero del paladín "Era hora de estrenar las armas" pensó. Un par de Kobolds se dieron la fuga.

Oían ruidos en una habitación contigua, el olor a carne cocida llegaba al pasillo. Melchior intentó esconderse en la cocina, donde vió a cuatro kobolds removiendo manos y piernas en una olla. Alertó a los cocineros hambrientos que se dieron la vuelta para recibir al grupo. De la olla flotó una cabeza con los ojos en blanco, era Clark y uno de los kobolds pensó en Melchior como postre. El ladrón sintió una punzada de daga en el pecho y cayó al suelo. Mardú blandió su hoja de acero y quebró al monstruo. Kalgrim rebanó al más hediondo. "Por valion" dijo Pada y cayó otro más. El último intentó huir pero la sala era pequeña y el mago lo noqueó con su bastón antes de refugiarse bajo una mesa.

El explorador volcó aquella sopa blasfema, con los condimentos y agua podría hacer algo para comer. Mardú pensó en algo mejor para los que habían huído, tomó algunos trapos y arrancó algunas patas de sillas. Se lanzó por la cuerda del borde de la torre y a lo lejos creó una distracción haciendo un fuego y colocando unos bultos de tela. Cuando creía que estaba perdiendo el tiempo, escuchó por la entrada del recinto la voz de un humano acompañado por dos kobolds. "Ahí están los incursores" "Que Orcus se los lleve al infierno". Le dió tiempo para huir y no ser visto. Al menos su equipo había ganado tiempo. Avisó a sus amigos y prepararon una barricada con las mesas, el guerrero y el paladín detrás de la puerta. Mardú se movió a otras habitaciones para crear más obstáculos, se separó del grupo y empezaron a oírse pasos por el pasillo de entrada. Los Kobolds se encontraron con una mesa que les impedía el paso y dos hojas le dieron la bienvenida. Mardú intentó sorprender al clérigo de Orcus, pero falló el ataque. El clérigo le respondió tocándolo con una mano oscura y el explorador cayó al suelo malherido. Palominus vociferó palabras malsonantes mezcladas con vetusto y de la punta de sus dedos salió una flecha azul que atravesó al clérigo. En la torre no se oían más ruidos. Las manos del paladín sanaron al ladrón, esperaron un día para que el explorador pudiera levantarse sobre sus piernas.

Tenían toda la torre explorada, toda excepto una puerta junto al pasillo de entrada. El ladrón vió que la puerta estaba atrancada con algo. El mago, que estaba harto de ver como el ladrón la liaba, tomó una decisión rápida "Patada del mago". De una patada la puerta se abrió, cuando el mago se dió la vuelta para apuntarse otra delante del ladrón, del techo salió un dardo que atravesó su nuca dejándolo paralizado. El mago estuvo con esa pose durante una hora, mientras el resto veía una habitación pequeña con escombros amontonados.

Cuando el mago volvió en sí, lo primero que observó era la risa del ladrón "¿Con que patada de mago eh?". En ese tiempo habían removido los escombros y una trampilla asomaba. El primero en bajar fué Kalgrim que cayó al suelo. Era un agujero en la tierra con hendiduras para las manos. El resto ataron una cuerda a los escombros y bajó sin problemas.

Descenso a las tinieblas

Mientras iban bajando, empezaron a oír el toque de unos tambores y unos cánticos siniestros. La primera puerta que encontraron tenía cerradura, el ladrón dió un empujón al mago y usó sus herramientas. De repente hizo clik, y Melchior dió un toque en el hombro al mago. Habían encontrado un almacén repleto de comida. Melchior, dedos ágiles, había tenido suerte y sus compañeros le felicitaron.

Tras descansar unos minutos, decidieron seguir explorando un pasillo que se curvaba en ele, los cánticos sonaban cada vez más altos. Se oían gritos dentro de una sala, al abrir la puerta, vieron una mesa de herramientas de tortura y una voz femenina dentro de una dama de hierro:

"Cártaramûn ¿Porque le has hecho eso a tu padre? Granes sirve a la luz y tu al vil Orcus, ¿Porque tanto dolor?" - La voz de la mujer sonaba cada vez mas débil, la presión de los clavos de la dama de hierro la dejaba sin aire.

"Robleda vive en una ilusión, cree que sus muros la protegerán de todo, es una ciudad que sólo piensa en sí misma, se cree el ombligo del mundo. Hubo un tiempo en el que esa ciudad fué pasto de las llamas, los hombres lagarto la incendiaron. Sólo quedó el árbol de la plaza central. Granes pierde su tiempo rezándole al sol cuando es el árbol lo que protege a la ciudad. Mis servidores están anulando el poder de esas raíces, esos tambores son el llanto del mundo. Orcus es un dios de verdad, quita la vida y la devuelve. Ve a sus brazos y duerme pequeña…" - El clérigo de Orcus le dió una vuelta más a la manivela.

La puerta se abrió de un golpe y de repente el clérigo se encontró con su némesis, quizás Valion tenía poder y el destino había ungido a un héroe para hacerle frente, Pala lo miraba con ojos de odio y sus compañeros frotaban sus armas con ansia. Los gritos apagados de la mujer, el forcejeo de armas, Cartáramun sólo pudo responder a tanto ataque tocando el pecho acorazado de su adversario, apenas un poco de luz negra se metió por sus placas. Tras duros golpes, el clérigo cayó al suelo. Pala vió entre los objetos de tortura un martillo del que había oído hablar Granes, sintió una energía reconfortante al portarlo en sus manos. Melchior aprovechó para abrir un arcón cercano a la dama de hierro, encontró una serpiente que intentó morderle, pero se mordió a sí misma, empezó a enroscarse en el baúl vacío.

Dieron la vuelta a los engranajes de la máquina de tortura y en su interior vieron a una mujer con la ropa hecha jirones, sus pechos como melocotoncitos. "Yo la torturaba de otra manera" pensó Mardú, el explorador. Pero de repente toda líbido bajó por el ruido ensordecedor del cántico a una pared de distancia.

Al abrir la puerta vieron a tres acólitos sentados tocando unos tambores de trozos de piel humana. Hacían un círculo y enmedio habían dibujado un árbol de sangre y los ojos de Orcus. El Paladín tomó la iniciativa, en su mente se dibujó la caída del árbol aplastando la iglesia, un duro golpe para la fé, tenía que devolver esa visión y respondío de un mandoble a uno de los allí meditando. Kalgrim y Melchior le siguieron, doblando esos cuerpos, terminando con el cántico. Dejó de haber terror en la sala, el árbol seguía en pié en Robleda, en el corazón del monje y la Druida.

Llegaron al final del pasillo y encontraron tres celdas acomodadas con cojines visirtaníes. Y tres arcones con tesoros y joyas. Melchior, sacó sus herramientas y empezó a forzar la cerradura dle primero, una explosión mágica dejó al ladrón fuera de sí mismo. El resto del grupo aprovechó para llevarse lo que había dentro. Al despertar, Melchior vió a Palominus probándose un colgante y bailando: "Somos ricos. ¿A que no eres capaz de abrir otro?".

Melchior se acercó al baúl de enmedio, y apretó sus alfileres, aquel baúl estaba abierto y podía elegir primero qué llevarse. Hasta que notó que sus brazos se endurecían al coger el primer objeto brillante. Siguió cogiendo cosas antes de que sus amigos se adelantaran pero sus brazos le dolían, quizás una maldición por la avaricia. El los llevó por la ruta hacia la fortaleza, le ofreció a Mardú un trabajo, había sido rico y volvería a serlo. Pero se lo debía a todo a sus manos, dedos ágiles que se volvían duros como la roca, ¿Para qué tanto oro si pierdo la vida?. Se quedó pensativo viendo sus manos rígidas. Palominus buscó entre el baúl y vió un bote con un gusano, se lo metió en la boca a su amigo. "Traga melchior, trágalo". Le dijo ayudando con sus manos a mover su mandíbula rígida. El ladrón puso cara de asco, pensando que el mago volvería a vacilarle

El gusano seco secoló por la garganta del ladrón. Al pasar el tiempo volvió a sentir sus dedos. Detrás de los actos de ese viejo loco, hay una persona sensata, pensó. El último baúl fué coser y cantar, Melchior vió por fin algo para él. Quizás tanto dolor tenía recompensa, una daga con la punta negra y el mango con la forma de la cola de un dragón. Palominus le dijo que podría sentir los dragones cerca con ella. "Dragones" Pensó Melchior, donde hay dragones hay un gran tesoro. Y guardó la daga como su fuera lo mejor que le había pasado en la vida.

Tomaron un descanso y Mardú se fijó que al final del pasillo, en ese montón de rocas que hacen una pared, entraba aire viciado. "Es una puerta secreta" dijo Kalgrim. Retiraron las piedras y el aire asfixiante los envolvió. Pasaron uno a uno por aquel hueco. Melchior con su nueva daga en la mano, pisó un resorte en el suelo. Del techo salió una hoja que lo partió en dos. Melchior sólo vería a los dragones y sus tesoros en sus sueños. Mardú recogió lo que quedaba de su sueldo. A Palominus le cayó una lágrima, era divertido ver como caía en una trampa y otra, pero esa fué la última. En el fondo el era otro tipo de ladrón, un ladrón de conocimientos.

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Cuarto Capítulo
Una pérdida insignificante y una valiosa adición

El aire se enrarecía dentro de los muros de piedra que rodeaba aquella fortaleza. Aquel par de kobolds arqueros habían desenvainado sus espadas cortas y hacían gestos de burla. Cuatro compañeros suyos se movieron entre los escombros, suficientes para rodear a los guerreros. 

Las espadas se cruzaron, Neko estaba al frente de ellos, Draugur la acompañó pese a estar herido. Atrás Jatziri y Palominus rodeados por el escudo del mago. Cayó el primer kobold y algunos de los nuevos que se acercaban, empezaron a temer por sus vidas y se dieron a la fuga. La honda de la druida hizo su trabajo. Los puños cargados de energía del monje monstruoso segaron la vida de una de aquellas criaturas. Neko partió a dos con su espada. Uno de los que se quedaron, vió un hueco en la defensa del monje semiorco y lo abatió de un golpe certero. El cuerpo del monstruo santo cayó al suelo. Los brazos de Neko se tensaron, gritó su nombre, la furia se apoderó de ella y dos lágrimas se mezclaron con el acero. 

Cuando aquel pasillo volvió al silencio, escucharon ruidos provenientes de la habitación de enfrente. Los ladrones se habían parapetado en su habitación y empezaron a rebuscar en la siguiente. Pronto, sus sacas se llenaron y la tela de las mismas empezaba a tensarse. Tenían que buscar una salida y la ventana de la que vinieron era la mejor opción. Cuando se disponían a volver sus pasos, la puerta bloqueada recibió un fuerte empujón y dejó al descubierto un rostro de una guerrera que no tenía nada que perder pues lo había perdido todo.

Neko volvió a sus días de sangre y guerra con los medianos, tenían delante de sí tres figuras embozadas, una más pequeña y débil, una que pagaría por todo el daño que le habían hecho. De un golpe seco arrebató la vida de Comida, el pequeño rufián que se despidió de sus amigos con una bobalicona sonrisa en los labios. El crugido de sus costillas por el filo de su espada, devolvió paz a la guerrera pelirroja. Su mirada en ascuas pedía más sangre, más muerte, en la noche plateada.

Para Melchior, la caída de su compañero fué un golpe repentino. Su primera reacción fué la de vengar al compañero muerto. Su espada bailó de sus manos. Skar, de un golpe de cimitarra sajó el torso de Neko, abriendo los cinturones de cuero, dejando al aire sus pechos. La herida abierta enfrió la mirada de Neko, que volvió a sentirse débil en un mundo rodeado de peligros. De rodillas, pidió que le permitieran huir a cambio de algunas monedas. El ladrón le respondió que un muerto podía darle más recompensa que alguien vivo. La tensión enrareció aún más el aire dentro de la fortaleza herida por la muerte de dos compañeros.

Palominus llevaba el cuerpo de Draugur para darle santo entierro. Cuando había encontrado un árbol idóneo, de repente el cuerpo empezó a derretirse, volverse tierra, fango. Algunas enredaderas salieron del suelo a abrazarlo. Palominus se encontró sólo con ropas en las manos. La cría de lobo empezó a remover aquella hojarasca que era su amo. "Demasiado por esta noche" pensó el mago y se fué a descansar. Sus ojos se quedaron dormidos mientras recorrían las letras arcanas de un pergamino.

El sol, impasible a la noche anterior, volvió a salír para dar un nuevo día a los aventureros. Ambos grupos volvieron a la ciudad a reponer fuerzas y planificarse. Sólo unos metros separaban del camino aquellos dos lados opuestos. Amigos o enemigos.

Era el primer día en Robleda para Axl puntafría que venía de su viaje desde Costortuga. Había oído hablar del Gremio de Ladrones de Robleda. Era una buena oportunidad para asociarse y compartir beneficios entre los suyos. En su camino se cruzó con un clérigo de aspecto inquisitorial. Ambos compartieron impresiones sobre la ciudad. Se despidieron, Axl subió a los tejados desde donde pudo ver un amplio abanico de ventanas y oportunidades. El camino de los tejados se terminó a llegar a un descapado con una casa abandonada con una puerta roja, una docena de guardias vigilaba la zona. Había llegado tarde, quizás todas las ventanas que vió abiertas serían una trampa para las ratas. Dolan, clérigo de Scroog, dios de los viajeros, el dinero y la aventura siguió por aquellas calles lanzando una moneda al aire.

La Druida y la guerrera pelirroja se olvidaron de la noche de penas al pasar su mirada por los tenderetes del mercado. No había nada mejor que irse de compras. Los ladrones volvieron sus pasos a ver que la casa del gremio estaba vigilada por guardias. Buscaron otro refugio donde hospedarse, ellos tenían mucha más mercancía para vender, pero lo principal era descansar tras el duro día de ayer. 

Frente a la Rana Verde, se escondía un local oscuro. En la puerta había un dibujo en madera de un pistacho crudo. Dentro, barría el polvo de un lado a otro, un mediano gruñón. Su nombre era Jonás y le quedaban apenas unos días para cerrar el antro. La Rana era un sitio donde iba la gente a comer y beber, el pistacho era un sitio donde el polvo iba a acumularse. Era el lugar perfecto para esconderse, pensaron los ladrones. Pidieron dos habitaciones. 

Debajo de un campanario, Axl se quedó pensando que hacer allí, los aliados que pensaba conocer no eran accesibles. Ser un ladrón en una ciudad vigilada no era la mejor manera de sobrevivir. Se buscó una identidad nueva, tras robar ropa tendida en el barrio noble. Su padre siempre quiso que entrara al alguna academia de letras. Ahora tendría la oportunidad de ser un actor más en aquella ciudad llena de sueños.

Persiguió a dos ladrones que pidieron asilo en un antro. Para Axl, la puerta principal era un muro más. Se coló por una ventana y con silencio sorprendió a Jonás, apretando un cuchillo en su espalda. Le pagó una semana de alojamiento a cambio de tener anonimato. Cada cierto tiempo le pasaría notas para descubrir más de la ciudad y planificar sus movimientos cual ajedrecista del cuchillo y la pluma. Nisiquiera Skar que tenía ojos en todas partes pudo saber porqué había ruidos a una pared de distancia.

La primera nota fué respondida con rapidez. A Jonás le gustaba estar en el centro de la atención, sobretodo porque aquellos clientes traían mucho oro. Axl descubrió que el gremio de ladrones fue disuelto, que la ciudad tiene problemas con los medianos que son refugiados de guerra, que el mandamás de la ciudad no es el alcalde sino el burgomaestre que al parecer no le gusta el polvo en la cerveza. 

Axl pidió un mapa de la ciudad y el mediano le dijo que sólo el cartógrafo tenía esos trapos pintarrajeados. Era hora de aprovechar la nueva identidad y hacerle una visita al intelectual. Con tinta y pegamino preparó un mapa de un lugar inventado y tras presentarse como alguien letrado, compartió conocimientos con el hombre huraño de las gafas de bordes dorados. Le pidió su dirección para seguir carteándose. Dirección que usó para enviar una carta con ese remitente al gremio de ladrones. Desde la ventana de su cuarto en el pistacho podría ver si en la casa roja habría movimiento. La carta no tuvo respuesta. Mientras tanto consiguió una nueva cita con Crip, el cartógrafo. Tomaron un café en el barrio noble y Axl que no paraba de fijarse en el valor que podrían tener esas gafas, escuchó que el burgomaestre lo tiene contratado para hacer mapas que vender a los aventureros porque el obeso ricachón de los relojes en la chaqueta, ese jefe de los burgueses necesita abrir nuevas rutas de comercio y todo lugar peligroso tiene que ser "limpiado de alimañas". La Torre abandonada está en un punto estratégico hacia la ciudad más cercana. También le habló de unas minas que le interesaría explotar al burgués de dedos largos.

Dejamos el olor del café y los cojines cómodos para barrer con la mirada la tierra que separa lo civilizado de lo salvaje. El ruido y el silencio. Un punto entre tres piedras y una que renace como el Shan Oh, ave de mil plumas que hace llover lágrimas y semillas.
 
El renacer no es un misterio para Thorias, "toda carne es fango, la sangre no es más que un río, el alma es un espectro que navega entre mundos". Draugur significa fantasma en lenguaje orco. Bendecido por Thorias en los días en que los dioses Legales pierden sus cabellos, Thorias que parece no tener lugar en una lucha cósmica, Thorias el alma del mundo, devuelve un fantasma que camina. Cuando respirar gasta y duele, cuando amar es sólo un sueño, Draugur tiene un destino que cumplir, está cansado de volver porque la guerra no tiene fin en esta tierra que llora, paraíso que una vez fué, ahora vil infierno. 

El semiorco despertó  de la roca y tomó un brazo de madera, lo que otros llaman rama para dibujar el Árbol de la Vida en en lugar de su renacer. A kilómetros de distancia una brote de luz tocó el pecho de Jatziri, su cerveza en la Rana Verde le sabía a excremento. Una llamada de un dios que ella ha olvidado. Quizás la civilización, hacer amigos, salir a hacer una búsqueda, dinero para hacer compras. Había olvidado lo más importante, aquello que le hizo marcharse de Szendrö. El árbol donde nació ella, estaba siendo invocado. ¿Acaso era más importante su conexión con la tierra o sus amigos? La cerveza seguía sabiendo insípida, a muerte sin renacimiento.

El semiorco seguió sus pasos como si fueran recuerdos lejanos. Aunque había vuelto a la vida, era diferente, más sabio. Apareció por la puerta de la Rana Verde y la pelirroja no pudo creerlo. Iba acompañado por Dolan que le enseñó el símbolo de Scroog en aquella moneda. En su tierra Scroog tenía otro nombre y pronto entre los dos sabios se creó un vínculo. 

Juntos empezaron a preparar una nueva partida hacia aquella torre en ruinas. Ayudaron al pobre de Jonás para que su negocio floreciera. Pero lo más importante era el vínculo, amistad entre hombre y hombre, hombre y la tierra. En aquella tierra donde la rabia confunde los corazones, donde el dinero y el poder lo es todo. Para aquellos dos hombres el inicio de una amistad daba la verdadera razón a la aventura.

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Tercer Capítulo
Una nueva vida en Robleda

Varias lunas atrás, mucho antes de lo acontecido en las minas de los páramos del pasto. En aquella hierba soleada, paseaba una figura cornonada como un ciervo, acompañada por dos animales. El perro se desvió hacia un arroyo, había encontrado algo interesante. Tres rocas descansaban en un claro del bosque, Fagor, su perro seguía ladrandole aquellas piedras. La piedra de enmedio, pronto cobró su verdadera forma. Era un ser de lejanas tierras que por fína había encontrado conexión con la corriente vital. Era una piedra más, hasta que el ladrido del perro rompió su meditación y volvió al llanto de aquel paisaje nublado. Jatziri pudo ver aquel rostro entre las piedras, le era familiar, pues era costumbre colgar esas cabezas en lanzas, quemar esos cuerpos horribles, enviarlos al infierno de odio del que procedían. Pero encontró paz en esa mirada, quizás un aliado. Drangur, el monje semiorco, podía escuchar el llanto en el verde páramo.

Nuestra vista de pájaro recorre varios kilómetros de piel de la madre tierra y nos fijamos en un ser cuyos filos de armas sobresalen de sus hombros. Su nombre es Will McCraker, un enano que lleva buscando marcas de runas enanas entre los árboles y piedras, pero ya no sabe si es una marca o una herida natural del árbol, si ha seguido o no pistas falsas. Esperaba a sus compañeros mineros enanos. No sabía que tardarían llegar a Robleda unos días más. Ansiosos de olvidar sus penas en cubos de aguamiel. Marchó enfurruñado, maldiciendo a los vientos, moviendo todo ese armazón de acero y cuero. Al menos tenía una ciudad cerca donde podrían hacerle olvidar lo duro que es levantar la mirada para ver la debilidad de aquellos que por suerte, son más altos.

La tarde caía por aquellas casas de madera, el ruido del bullicio se concentraba en un callejón sin salida. El viento movía los toldos y las voces llamaban a la compra de artículos prohibidos. De entre aquella gente, una figura desgarbada, más bien podía ser confundida por un indigente, miraba todo lo que decían que tenía propiedades mágicas. Un ojo se clavaba en el objeto y media cara hacía burla. Palominus Grochamp no podía ser engañado, había pasado más vidas de las que se pueden contar entre libros que verdaderamente vibran. Sabe cuando un trozo de papel esta vivo y sabe hablar. Aunque a veces esas voces parezca que guían sus pasos, como ahora, hacia una figura de un mediano de pelo rizado con una mochila ensangrentada en sus manos. El pobre de Ratas vociferaba con su voz de pajarito hambriento que tenía un poco de magia para vender a cambio de un trozo de pan que llevarse a su boca. Se llevó un golpe de bastón de Palominus y la mochila con sus voces volvieron a un dueño que pudiera entenderlas.

Perseguimos el vuelo de unos cuervos hacia una casa en medio de un descampado a las afueras. Tiene una puerta pintada en rojo y un cartel que reza: Gremio de …. Dos figuras encapuchadas esperan que les abra la puerta. Detrás de ellos se escucha un siseo y una garra escamada que también va tapada con capa. El silencio parece se su idioma común hasta que otra figura de negro  aparece con una bolsita de oro. Al contoneo de las monedas,  unos ojos azules miran por una rendija de la puerta le dejan pasar a aquella persona. El brillo de las monedas despierta en el grupo de ladrones el ansia, hay un forcejeo en la puerta. Por fin la figura siseante enseña su rostro de hombre lagarto que asusta al guardia de la puerta. Las figuras entran a tropel producto del caos de la situación. Un mediano que grita su nombre: Comida!! entra cargado de viandas. 

- No nos queda nada de comer. 

Dice el camarero de la Rana Verde. Will no había hecho tan largo camino para encontrarse sólo con una jarra de cerveza. Hambriento, se fijó en la gente de aque local. En una mesa vió a una pelirroja con una chaquetilla de cuero negro jugando a pasar una daga por entre sus dedos. Al fondo, una tímida figura vestida de blanco miraba una reliquia brillante. Justo cuando iban a presentarse, por aquellas puertas dobles, pasaron dos figuras con olor a hierba seca y paz interior. Nadie se había fijado en el brutal rostro del místico, quizás la fealdad era algo del interior que se manifiesta si lo provocas, pensaba. Detrás de ellos, un hombre mayor con túnica y una mochilla llena de papeles. El camarero estaba agobiado, pues no podía alimentar a aquellos viajeros. Empezó a servir jarras de cerveza tán rápido como pudo.

Volvemos a la casa de la puerta roja. Los del gremio de ladrones por fin comerían sin mover un dedo. Al pobre de Comida, el mediano lo dejaron en una habitación aparte. En el borde de la puerta había unas marcas de ladrones donde podía leerse: Guardería de Medianos. Los pregoneros de la ciudad llevaban anunciando el éxodo de miles de medianos tras una guerra más al norte. El alcalde de Robleda no había tomado medidas y sus calles pronto se llenaron de niños hambrientos y ladrones. Era un incordio para el gremio tener que dar caza a esos pequeños rufianes porque nunca pagaban el diezmo y sólo provocaban daños. Allí estaba rodeado Comida que logró presentarse con un baile mediano. Pero los niños querían probar sus dagas hechas con cristal atado a un trozo de madera. Intentaron esconderse todos a la vez a ver si tenían la suerte de clavar su arma en la piñata viviente y sacar algo de líquido rojo. Comida vigiló a los tres primeros que sólo consiguieron dar un ridículo espectáculo. Pero no sabía si eran tres o cuatro cuando de repente se vió con un cristal metido entre las tripas. Los medianos empezaron a gritar de felicidad cuando el rojo tiño el suelo de madera. Habían conseguido su rojo.

Las jarras se empezaban a vaciar y el cocinero de la Rana Verde empezó a empanar restos de comida del día anterior a ver si conseguía reducir el alboroto en el local. Era la hora habitual del burgomaestre que entró con sus dos guardias, esperó en su mesa y de la cocina empezó a llegar un olor a comida de verdad. Palominus, harto de dejarse los dientes en croquetas de arroz prensado, pareció levitar al hilo del pollo cocinado, le siguió el enano. Cuando se encontraron al cocinero especiando el pollo, Palominus metió sus dedos y probó la salsa, su boca agua. El cocinero sintió su presencia, se dió la vuelta y moratón de palo de mago, sus dedos en salsa y sonrisa entre las barbas. La guardia acudió al ruido de la cocina y apartó a los aventureros. El burgomaestre se había fijado en el potencial de aquellos buscaruinas y presentó un breve trabajito: Había oído hablar de una fortaleza en un pantano. Llena de peligros pero también tesoro. Aquella información se había filtrado al gremio de ladrones que quería adelantarse al burgomaestre y sus manos que quieren Robleda, sus fronteras y algún día el mundo.

Cuando el guardia del gremio de los ladrones escuchó el peculiar ruido de rajar bolsas de carne, era demasiado tarde. Los medianos habían empezado a pincharse entre ellos y entre el baño de sangre encontró a Comida malherido, con un riñon menos pero sonriente. Curó su herida y lo amordazó a una silla. Del círculo de ladrones se seleccionó a Melchior por su velocidad en en los dedos, A Skar por su velocidad en sus ojos y a Comida por su velocidad en la lengua. Ahora tapada porque era la hora de dormir y el gremio pasa a esconderse en las sombras de aquella casa abandonada. 

Al ruido del canto del gallo, el camarero de la Rana Verde se pasó a levantar a los viajeros. Un cartógrafo anciano les esperaba en el salón, con un mapa en sus manos. Pasó de habitación en habitación golpeando la puerta. Hasta que sintió un poco de ruido en una y puso la oreja. Los gruñidos y el ruido de una cama desvencijada se mezclaban con jadeos. Podían confundirse con los de una dama en peligro. Neko había probado pro primera vez sexo tántrico con un casi monstruo. Aún le quedarían más cosas por probar en ese mundo lleno de criaturas extrañas…

Palominus se hizo con el mapa del cartógrafo y guió al grupo que salió de Robleda, por el camino se encontraron con Jatziri y sus dos compañeros animales. En la otra punta de la ciudad, Melchior y Skar empezaron su marcha hacia el mismo punto. Comida, disgustado por el trato en el gremio, vendió la localización de la casa a los primeros guardias que encontró. Y se escabulló de entre la pelea buscando a sus amigos.

Los aventureros llegaron a terreno pantanoso, sentían la humedad entre los huesos. Pronto, el agua y el fango les cubrió las rodillas. Quien lo pasó peor fue Will, por su estatura. Se pararon a hacer una balsa con troncos de árboles secos, manta y cuerdas. Palominus se quedó agarrado a un tronco pataleando en el agua turbia, chapurreando un hechizo o un insulto. Demasiada cerveza en la pasada noche.

Jatziri dejó a sus dos animales y los cinco montaron la balsa empujados por los palos del monje y la druida. El agua se volvía cada vez mas negra, los árboles más curvos y al fondo divisaron una torre con la cubierta derruida. El palo de Jatziri sacó algo amarillo del agua turbia. El bastón del semiorco se quedó atascado y burbujas flotaron a la superficie del lago. La balsa se desintegró por las esporas amarillas, los bastones se pudrieron rápido, los pies de los aventureros cayeron a la densa agua. El grumo amarillo despertó un recuerdo en el mago, Su maestro, túnica roja y ojos plateados, un libro abierto:

- Los hongos también pueden ser monstruos.

Antes de que pudiera recordar más y que las heces no se salieran de sus pantalones, chapurreó algo ininteligible y de sus manos chisporroteó una luz. Los látigos intentaron llevarse al semiorco pero no le alcanzaron. Con miedo y esfuerzo, lograron llegar a las puertas de la torre derruida. 

En las antípodas de la construcción de piedra, dos ladrones se colaron por una ventana. Dejaron una cuerda para que Comida subiera. Al alcanzar el alféizar vieron un arcón con una cerradura y los dos ladrones, Melchior y Skar buscaron escondite. Sus pies tocaron el suelo crugiente de madera y de una cama cercana se levantó un ser con ropajes oscuros y un colgante con una cara siniestra. En el centro había un pozo con una campana. Si no hacían honor a su clase, nuestros amigos de abajo se encontrarían rodeados. Comida, que si había logrado esconderse se puso enmedio del malvado clérigo. Una daga de skar pasó por su lado y cayó por el pozo. La espada corta de Melchior sí tocó la carne y se clavó en el hueso, dejando el brazo colgando como un muñeco de trapo. 

Unos metros abajo, mientras Will preparaba el grupo para el asalto, Palominus se fijó en unos barriles apilados tras una pared derruida. Escuchó voces rotas. Antes de que se dieran cuenta, varias flechas silbaron. Una de ellas se hundió en el hombro del monje que reaccionó como si ese no fuera su cuerpo. Estaba más allá del dolor. El enano y la guerrera pelirroja buscando la trayectoria de las flechas, detrás de los barriles. Los arcos eran portados por kobolds. Primos lejanos de la raza de Skar, reptiloides sin alma ni escrúpulos. Ante la segunda tanda de flechas, Palominus usó un escudo mágico que servía para cargar cosas pero pudo trucar la voz arcana del hechizo para cubrir una de las flechas que iba hacia él. Jatziri que preparó su honda, disparó hacia uno de los reptiles, dando su piedra en entre la frente y el ojo. Cuando parecía tener controlada la situación, más siseos se esucharon. Arriba, tras varios intentos y gotas de sudor, Melchior consiguió abrir el arcón y llevarse consigo su preciado tesoro…

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Segundo Capítulo
Refuerzos y Pérdidas

A unas paredes de distancia, Axl "puntafría" miraba cabizbajo, atado de pies y manos en una cruz de San Andrés. Iba a ser torturado por un goblín desdentado. En su mano sostenía una herramienta para sacarle los dientes a Axl, el goblin quería los dientes que no tenía. El joven ladrón fue apresado cuando intentaba hacerse con el tesoro de las minas. 

Neko tenía al rey en el suelo, Galum había tapado sus intimidades con una manta, el ruido de los pasos del ogro se sentía cada vez mas cerca. Lidia escuchó al ladrón, abrió la puerta de una patada y rebanó la cabeza del goblin que salió rodando en el aire. Se oían gritos en los pasillos, el ogro había avisado a más guardias. 
Mientras tanto, nuestros héroes prepararon el terreno haciendo prender la puerta de la sala de torturas. Las llamas llegaban hacia el techo, el ogro había llegado y se sentía furioso, tanto que lanzó a los guardias para que atravesaran las llamas. 

Axl se hizo con una lanza y trepó hacia el techo, Lídia se colocó detrás de una puerta. El ogro se quedó delante de Galun, estiró sus manos para agarrarla. Axl saltó desde el techo y clavó su lanza atravesando la cabeza y el cuello hasta el torso. La enorme criatura cayó de rodillas al suelo, sus manos apunto de alcanzar a Galun. 

Axl se equipó el escudo de la panza del ogro en su espalda. El grupo tomó un descanso en un torrente de agua que bajaba a una zona desértica. Comieron un cangrejo de caparazón de piedra y exploraron aquellas dunas. Al parecer era el primer asentamiento de los goblins, las arenas habían sepultado todas las tiendas, había basura por todas partes. Se separaron para tomar distintas posiciones. 

De repente, algo se movió por las dunas, salió con sus cien patas y se enroscó sobre Lidia. La había atrapado y clavó sus colmillos en sus pechos. Un fluido azul empezó a llenar sus venas. Sus ojos se volvieron blanquecinos, se estaba quedando ciega. Mientras tanto, Galun sentía algo removerse en el suelo, una cabecita de ciempiés asomaba. Sentía curiosidad por la clérigo. 

El ladrón ató una lanza con cuerda a unos huesos que sobresalían en las arenas, su plan era clavárselo al ciempiés para tenerlo atado y salir de allí. La clériga miraba a los ojitos de la criatura indefensa. No podría creer que algún día ese bicho pudiera convertirse en algo tan cruel. Quizás no era malvado, quizás sólo quería alimentarse. Pero su amiga Lidia no iba a ser la cena del bebé ciempiés, no ese día. 

De un bastonazo, rompió la coraza de la frente del bicho, expulsando cremosa sustancia. La madre dejó de sorber a Lídia para atacar a la clérigo. Axl intentó tirar su lanza pero chocó contra la coraza. Galun se encontraba entre dos ciempiés, madre e hijo. Rezó para que Sauras le diera algo de poder, pero no quería curar, quería lo contrario. De su alma salío una mano negra que liberó una humareda oscura hacia la madre de las cien patitas. La criatura gritó, la cría atrapó los pies para defender a su madre. 

Axl corrió en ayuda a Lidia y sorbió el veneno de su pecho. Lidia despertó y los ojos de ambos se volvieron turbios por el veneno. Un veneno más grande llamado amor se cruzó en la mirada de los dos ciegos. Galun huyó de entre los escombros, dejando a la madre cuidando a la cría deformada por el golpe. Llegaron a lo que parecía una dispensario de armas y herramientas. Descansaron esa noche rodeados por tres misteriosas puertas. 

Al amanecer tomaron el camino del gran portal. Axl intentó abrirlo con sus utensilios pero sólo necesitaba un certero empujón de la clérigo. Dando unos pasos, empezaron a oír un tumulto. 

Al otro lado del pasillo, una sála abovedada albergaba un grupo de seis goblins martirizando a un oso con cabeza de lechuza. Galun volvió a sentir aquellos ojos grandes, ojos de un ser que quizás sentiría el bien sino le estuvieran picando el cuerpo, puntitas de lanzas y risas demoníacas. 

Viéndose sobrepasados en número, Axl pensó en avanzar hacia la sala en solitario, disparar una flecha y salir hacia el pasillo, donde las criaturas podían ser eliminadas una a una al llegar al portal donde Galun y Lidia estaban preparadas. Disparó la flecha que silbó por las cabecitas peladas. 

Advertidos, los seis goblins vieron que el humano les daba la espalda y resueltos, tomaron sus sendas lanzas y apuntaron. Los goblins son estúpidamente arrojados y no muy buenos guerreros, y quizá por ello cuatro chocaron contra la pared y una rebotó en el escudo del ogro que llevaba en su espalda, pero la última de las lanzas dió en el torso del ladrón, dejando un hilillo de tripas en el suelo. Galun no podía ver a un amigo sufrir y fué en busca de Axl, sanó su cuerpo bendiciéndolo con una constelación de estrellas. Pero la piedad tiene un precio: pronto se vieron rodeados por los goblins y el oso lechuza levantaba sus manos cubiertas de plumas, quería pagar su enfado con criaturas débiles y blandas. 

Axl se retiró de la zona de peligro, situándose atrás. Galun y Lidia le protegerían desde la vanguardia. Galún reventó las rodillas de un goblin, el oso lechuza empujaba las criaturas que tenía delante. La batalla era confusa en golpes, gritos y sangre. Hasta que el pico del oso emplumado rompió el cuello de la sanadora. 

Todo fué repentino, ya estaban rodeados, Galun cerró los ojos, su cuerpo se desplomó viendo aquellas plumas de un animal que en otro entorno quizás hubiera sido bueno. El mundo es cruel y se lleva la vida de los buenos. El mal se reproduce por las cavernas del mundo y la mente del hombre. 


Así caía la última clérigo de Sauras. Y con ella, moría la esperanza. Lo peor era que no tenían tiempo siquiera para sentir dolor: Lidia tomó el cuerpo de su amiga y Axl abrió camino hacia la puerta del dispensario. Lo cubrieron todo de muebles y estanterías. Sólo tenían dos puertas más. Tomaron por una, ya empezaban a moverse aquellos muebles, los gritos nublaban cualquier decisión rápida. 

Llegaron a una cocina, un almacén con barriles de grog de goblin. Lídia fue apilándolos mientras Axl vertía una cacerola de sopa de vísceras para meter el cuerpo de Galun y la ataba a la salida de una chimenea. Faltaba poco tiempo , una chispa salió de la yesca de Lidia, los barriles ardieron. La llama y el humo, los gritos y las lágrimas. Todo se condensaba en aquella sala. Axl tiró de la cuerda, Lidía se subió a la cacerola gigante, Axl apenas podría tirar, el humo nublaba su vista. Hizo un último esfuerzo y la cacerola cayó al fondo. Sus brazos heridos, ya no podía hacer mucho más. Derrotado vió como salía una mano de entre la ceniza, esa cara con el parche el el ojo. 

Lidia subió el cuerpo de Galun y su voz dijo un último te quiero. Nunca había tenído compañeros, era un alma solitaria, una mercenaria sin alma, ahora los amigos valían más que cualquier suma de dinero. Su cara y su cuerpo volvió al pozo de humo y crugió en las llamas del infierno. 
Por otro lado, Axl estaba solo de nuevo, un viaje que sólo le reportó muerte y un corazón vacío. Ni una sola moneda, solo peligros. Aunque recordó que Lidia trabajaba para el burgomaestre de Robleda. Quizás allí tenga mas respuestas. 

Más allá de los límites de este mundo, un haz le luz atravesó las estrellas, todas esas constelaciones parecían heridas sanadas, el universo estaba roto pero lleno de luz, pronto los planetas desaparecieron y entró en una sala blanca. Una mesa que se extendía hacia el infinito llena de cornucopias, frutas más dulces que el néctar, pero no sentía hambre, su cuerpo etéreo por fin tenía paz. Allí no había ni gota de odio, no mas monstruos, no mas luchas, no mas muerte innecesaria. 

Delante de Galun, de su misma esencia, pues su existencia se limitaba ya a su forma de alma, se le apareció un rostro sin cara arropado por un cabello de luz dorada. Una silueta que brillaba en cien colores y en ninguno, un destello como brilló por primera vez su reliquia. 

El oro líquido de sus cabellos la arropó y sintió un calor que llenó su alma. Sauras era un dios olvidado, Galun la última clérigo. Ya no quedaban dioses buenos en el mundo, Shadizzar dios de la guerra y el odio los había sepultado. 

"Hubo un tiempo y un lugar donde la gente podía volver a revivir. El tiempo está hundido bajo capas de piedra, el lugar es otro continente. El primer templo de Sauras es el lugar donde las almas vuelven a sus cuerpos" 
"La puerta al renacer en un mundo que sólo pide muerte y llanto" 

Sauras sólo podía devolver a Galun a la vida si sus amigos llevaban su cuerpo al templo antiguo. Sauras abrió un baúl donde reposaba un corazón de cristal, la misión viajó por el espacio y los planos hasta tocar el corazón de Axl que sentía las palabras de una amiga muerta volvían a sonar de nuevo. ¿Son tiempos para reunirse de nuevo los amigos?

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Primer Capitulo
Las Aventuras de Galum y Neko en Robleda

En la ciudad de Robleda, se encontraron dos peligrosas aventureras: Galun, clériga de Sauras y Neko, pérfida guerrera. 

Un grupo de enanos liderados por Ratas, el mediano pícaro volvían de las Minas de Ostabad. Viajaban de contrabando y tenían que aplacar el miedo de su viaje con muchos litros de hidromiel. 

Ratas se fijó en la reliquia de Galun, pues brillaba más de la cuenta. Sus dedos ágiles pudieron con la bolsa y el enano se perdió por los barrios bajos. Ambas guerreras fueron en su busca y se encontraron con el Trío de la Cuchillada, los "protectores del barrio marginal". Tras negociar con ellos para encontrar al mediano, volvieron a la Posada de la Rana Verde

Al caer la noche, se encontraba más animada, el burgomaestre pedía su cena y se fijó en las aventureras que entraron al olor de la cocina. Las necesitaba para explotar las viejas minas, pero era un asunto peligroso porque ya había enviado a unos enanos y habían vuelto majaretas. 

Ratas volvió con sus amigos para compartir el tesoro robado, Neko, lo asaltó con tanta furia que clavó su espada en el vientre. Ratas había vendido la reliquia de Sauras para alimentar a sus compañeros enanos. La noche la pasaron el calabozo, los enanos llorando la pérdida de su amigo, los matones del trío y las aventureras. Fueron sacadas por Lidia, guerrera con un parche en el ojo, hija de la mentira y madre de todas las desgracias. Las tres habían sudo contratadas por el burgomaestre para saber que había ocurrido en las minas.

Tras días de viaje, lejos de la ciudad, toman su primera noche en la intemperie. El aullido de un lobo las acecha hasta que son atacadas por el enorme huargo. A punto estuvo de hacerse con la vida de Lidia, que fuer curada por Galun, su herida en el pecho tiene una cicatriz con forma de constelación de estrellas. La vida del huargo fue consumida por el fuego, gracias al uso de una antorcha por Neko. 

Tras pasar el cauce de un río seco, fueron atrapadas por un grupo de Ankpegs, que salieron del suelo para emboscarlas, la hoja de lidia partió en dos a una de esas criaturas pero muchas mas salieron del suelo y tuvieron que huír en la noche que llama a los fantasmas. Ya quedaba poco para llegar a la mina. En la puerta ondeaba una bandera negra. Se escuchaban los tambores al fondo del pasillo de fría piedra. 

Ellas no lo sabian aún, pero la causa de esta fanfarria no era sino el cumpleaños del rey hobgoblin Zhulk, y el quería ser agasajado con regalos de carne y gemas. Galun le ofreció carne de lobo (envenenada) pero el goblin astado se fijó en que sus ropajes ocultaban cierta belleza. Le arrancó el vestido delante de las criaturas aulladoras. 

Con Lidia y Neko, al ver que eran fuertes guerreras, no quiso carne sino sangre, y exigió que les ofrecieran un combate a muerte. El círculo se cerró y los tambores volvieron a sonar. Lidia empezó a mover su arma y su cara cambió, dijo que había sido contratada por zhulk y que la vida de Neko allí acababa. 

Las dos guerreras empezaron a luchar por su vida y la sangre manchó la alfombra de piel de behemoth. Lidía tenía a Neko en el suelo cuando de repente, Galun robó la daga del rey goblin y la puso contra su cuello. Grunkar, el ogro guardaespaldas tomó al a clérigo por el cuello. 

Se respiraban minutos de tensión hasta que el rey paró el espectáculo: Quería cobrarse la cena mancillando el cuerpo virginal de la vestal desnuda. La llevó a su habitación y fué preparada para la noche nupcial. Embadurnada de crema de heces de murciélago, ella sentía que aquel sería su final. 

Lidia y Neko, heridas por el combate durmieron separadas en una dura celda. No pensaban en la amarga noche que le esperaba a su amiga. Entró el rey vestido de bata, su herramienta de hacer el amor era una espiral con cartílagos de pinchos en la punta. Jugaba con la clérigo que se resistía. Empezó a darle bocados, a quitarle vestido de piel, ella gritaba. 

Neko empezó a oír los gritos de su amiga y salieron al rescate. En los pasillos se encontraron con dos guardias que fueron despachados en un instante. Al abrir la puerta se encontraron al rey goblin a punto de cobrarse la luz y convertirla en oscuridad. Fué ensartado por la espada de Neko, y empezó a moverse de dolor como un gusano en el suelo. Cuando parecía que todo había terminado, un ruído de pasos se escuchaba en el pasillo. Grunkar caminaba dándose palmadas en su escudo que cubría la panza. Habían despertado la ira de un temible ogro…

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